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Ernesto Kritz: "Se pasó de las manzaneras a los dealers de la manzana"

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20 de enero de 2013  

¿Cuál es la situación de los jóvenes que no trabajan ni estudian hoy en la Argentina?

Escribí sobre el tema –y creo que fue una de las primeras veces que se escribió sobre el asunto– en 1997. Hablaba en ese documento de un grupo relativamente significativo de chicos de 15 a 24 años que no trabajaban ni estudiaban. No recuerdo con precisión la cifra, pero sí sé que eran bastante menos que ahora. Si se compara la última vez que medí esto –en el primer semestre de 2011– con el primer semestre de 2003, hubo un aumento muy significativo. Éstos son datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), y lo llamativo es que ese incremento en la cantidad de jóvenes que no trabajan ni estudian se dio a pesar de la gran creación de empleo, y hasta de empleo joven. De todos, el grupo que más creció fue el de los que no trabajan ni estudian. El tema evidentemente es muy grave, y si en 2011 eran unos 700.000, hoy ya se habla de 900.000.

¿Y cómo se entiende que el empleo aumente y ellos sigan sin poder sumarse al cambio?

Lo primero que notamos es que este fenómeno se concentra muy fuertemente en el primer cuartil de ingresos. Esto es, en el 25% más pobre de la población, cosa que se puede correlacionar con dos factores. El primero es la baja calificación desde el punto de vista educativo, cosa que se mide según los años de estudios aprobados. El segundo es la baja calidad de la educación recibida. La pérdida de la calidad de la educación, en especial de la educación pública, es la que explica esta clase de resultados.

Entonces, y más allá de que esta idea haya caído en desuso entre los jóvenes, ¿la correlación entre años de escolaridad, calidad educativa y empleabilidad es directa?

Sí, sin dudas. Pero, además, hay que tener en cuenta otro dato, y es que en este momento existe un piso mínimo exigible para los empleos de mejor calidad: es el secundario completo, y la mayor parte de estos chicos no lo tienen. El 70% de estos chicos «ni-ni»" no completó el secundario. Si a esto se le suma el crecimiento de la disparidad entre los salarios formales y los salarios informales, el resultado está a la vista: estos chicos muy difícilmente puedan obtener un trabajo formal y lo único que pueden conseguir es un trabajo informal. Esto implica un salario muy bajo y que no los incentiva ni a buscar empleo ni –una vez que lo consiguen– a seguir en el sistema educativo. A partir de eso, se da una reproducción intergeneracional de la pobreza: son hijos de pobres, pobres a su vez y con hijos que también serán pobres.

¿Cómo se rompe con eso?

Hay que hacer varias cosas muy difíciles de resolver en el corto plazo. La primera es reducir la informalidad laboral, lo que es un tema muy complicado; la segunda es un esfuerzo muy grande de capacitación hacia los sectores más pobres de la población, y la tercera es la lucha contra el narco, que avanza a pasos agigantados. Hoy, en los barrios más pobres, el manejo está pasando velozmente de los punteros de la política a los dealers. Se ha pasado de las manzaneras hacia los dealers de la manzana, y ahora son ellos los que reclutan chicos.

¿Cómo impactó la implementación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en toda esta situación?

La matrícula total en las escuelas aumenta, pero con caídas en la escuela pública por pérdida de calidad y falta de control frente al tema drogas. En las escuelas privadas parroquiales o evangélicas, que cobran muy poquito, eso pasa menos y además los maestros van a clase. Resultado: la matrícula en la escuela pública está bajando, incluso en los sectores pobres de la población.

Perfil

Ernesto Kritz

Economista, especializado en economía laboral y políticas sociales. Es director de Sel Consultores.

Trayectoria: fue consultor de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), de Naciones Unidas y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y profesor en la Universidad de San Andrés y la UBA

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