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Exportar desde las plantas

La necesidad de más control aduanero convive con la de mayor dinamismo productivo; balance del primer año de la nueva normativa
Martín Clement
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22 de enero de 2013  

Hacia septiembre de 2011 entró en vigencia un nuevo régimen para las exportaciones desde las plantas de los exportadores. Este había sido implementado por la resolución general AFIP 2977 casi un año antes. Uno de los objetivos era reducir los predios de exportación que insumían a la Aduana una importante cantidad de recursos, amén de que no todos contaban con la infraestructura necesaria para un eficiente control aduanero.

Para ello introdujo el concepto de exclusividad, lo que en la práctica iba a dejar de lado situaciones particulares propias de ciertas industrias, como la frutihortícola o la pesquera, en donde se estila utilizar para varios exportadores un mismo frigorífico desde donde se cargan los contenedores o camiones y se hace su despacho aduanero. Esto luego fue atenuado permitiéndose habilitar predios de sociedades controladas o vinculadas, fideicomisos, UTE y cooperativas, entre otras.

Por otro lado, se hizo foco en el control de las cargas a granel (sólidas o líquidas) y en aquellas mercaderías que requieren cuidados especiales (como las refrigeradas y las tóxicas o peligrosas), para las que se dispuso sean envasadas y cargadas obligatoriamente en las plantas de los exportadores que cuenten con la infraestructura adecuada para su manipulación y conservación o, en su caso, en un depósito fiscal habilitado bajo las mismas condiciones.

El propósito era pasar a despachar estas cargas en las aduanas correspondientes a su lugar de origen en detrimento de las aduanas de frontera las que, por su cercanía a los países de destino, usualmente son más expeditivas por contar con mejores servicios e infraestructura logística.

A un año de su vigencia analizaremos si ha existido un cambio en las aduanas de registro de las exportaciones de ciertos productos que por sus características se comercializan a granel o requieren mantener la cadena de frío para su conservación. Se seleccionó sólo el modo de transporte camionero y países limítrofes como destino. El período de estudio se dividió en dos etapas: desde octubre de 2010 hasta septiembre de 2011 (cuando entró en plena vigencia la nueva normativa) y octubre de 2011 a septiembre de 2012.

  • Exportación de aceite vegetal comestible y crudo a granel a Chile. El total de exportaciones pasó de 80.000 toneladas a más de 215.000. Mendoza es la aduana con mayor peso relativo frente a las restantes y si bien incrementó su volumen operado, perdió importancia frente a San Lorenzo y Bahía Blanca (pasó del 77% al 70% del total). Esto puede deberse a que entró en escena la Aduana de General Deheza, creada a principios de 2010, y otras de zonas productoras como Córdoba, La Plata y Buenos Aires.
  • Exportación de manzanas y peras frescas y refrigeradas a Brasil. Estas operaciones disminuyeron considerablemente: pasando de 425.000 toneladas a casi 195.000. Algunas aduanas de frontera dejaron de operar como Santo Tomé y Paso de los Libres, permaneciendo Bernardo de Irigoyen aunque con una participación relativa inferior, por detrás de la de Mendoza. En cuanto a los orígenes de las mercaderías, el 100% de la producción de la provincia de Neuquén se despacha por la aduana local frente al 98% de Mendoza y 81% para el caso de Río Negro.
  • Exportación de carne y despojos de gallina frescos, refrigerados o congelados. El volumen total fue similar en ambos períodos: alrededor de 2000 toneladas. Es llamativa la desaparición de la Aduana de Paso de los Libres, la que concentraba casi el 18% de las operaciones totales y el total de las cordobesas. En el período siguiente las operaciones se repartieron entre aduanas regionales, apareciendo la de General Deheza y la de Mar del Plata.
  • A modo de conclusión, si bien se evidencia una migración de operaciones hacia aduanas pertenecientes a las zonas productivas, lo que presupone un mejor control, ésta no ha sido total, por lo que las aduanas de frontera aún conservan cierta cantidad de cargas, dependiendo del tipo de mercadería. Para mantener el nivel de operaciones éstas deberían desarrollar mejor infraestructura (galpones, cámaras refrigeradas habilitadas por Senasa, tanques para graneles sólidos y líquidos).

    Asimismo, la aplicación coordinada de las normas por parte de las autoridades nacionales y el trabajo conjunto con las provinciales es clave para que dichos objetivos puedan ser alcanzados.

    El control aduanero, ante una creciente complejidad y un mayor dinamismo de las operaciones, requiere de nuevas normas y técnicas que direccionen la inversión en infraestructura para un control más ágil y eficiente. Por otro lado, se necesita de una permanente adaptación de dichos factores a la realidad de cada industria y región para que los productos nacionales conserven el nivel de competitividad requerido. Es un fino equilibrio que representa para funcionarios y operadores un constante desafío.

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