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El heredero inquieto

Después de vivir afuera, Juan, el nieto de Federico Luppi, se instaló en la Argentina y no para: puso una editorial, tuvo apariciones televisivas, actuó en el Colón y en el Cervantes. "La mochila del apellido es inevitable", se sincera. Y dice que su abuelo y Ricardo Darín son buenos amigos...
Flavia Fernández
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27 de enero de 2013  

Con apenas veintidós años tiene una claridad y madurez que impresionan. Juan Luppi (actor argentino, nieto de Federico, diez años viviendo en España, instalado en Buenos Aires hace uno) camina por los pasillos del Teatro Nacional Cervantes como un auténtico caballero español. Pausado, de un hablar muy dulce, ofrece agua, té, y cuenta fascinado las vueltas de su vida, algo del ADN de una familia para nada tradicional, y un andar que incluye cinco años en el candelero gracias a la exitosa serie Los Serrano, que protagonizó en la cadena española Telecinco. En estos momentos se prepara para el reestreno, el 14 de febrero, de la obra teatral Argentinien en el Cervantes.

¿Qué dejaste en España y qué venís a buscar? ¿Cómo se gestó el regreso?

Quedaron mis amigos, que es lo que más extraño. Y cierto reconocimiento como actor. Luego de Los Serrano hice La pecera de Eva, en el mismo canal, que también anduvo muy bien. Pero soy joven, tenía ganas de ver qué pasaba en mi país. Pasé diez años viendo a mi padre [Gustavo Luppi, actor, productor] un mes al año. Así que le dije a mi mamá que volvía para ver qué onda. Y me gustó, enseguida sentí que por ahora éste es mi lugar. Me encontré con que hay mucho para hacer. Gente joven con tantos proyectos. Está muy bueno.

Y ya estás haciendo teatro…

Sí, durante los primeros meses que estuve en el país pasaba por el Cervantes y sentía algo especial. Primero me llamó la atención la arquitectura del edificio, que me hacía sentir como en casa. Luego empecé a ver obras y bueno, me presenté al subdirector, Claudio Gallardou. Justo había un papel que me iba justo. Soy el rusito, en la obra Argentinien, dirigida por Luis Romero. Es una historia ambientada en un pueblo que bien podría ser la Patagonia argentina en la década del 40. Un pueblo fantasma que vive gracias al tren. La obra habla mucho de la incomunicación, un mal universal.

¿Qué esperás que te suceda en la Argentina?

Quiero trabajar, que me conozcan. Es gracioso porque hice todo al revés. Empecé a trabajar como actor antes de estudiar. Y me hice famoso en España mientras acá no me conoce nadie.

¿Cómo empezó la historia?

Recién llegado a Madrid, no tenía amigos ni primos. Y yo quería ser músico, tocar el saxo. Mi mamá [Marina Olmi, artista plástica, hermana del actor Boy Olmi, casada con el músico Guillermo Piccolini] me llevó a una escuela de música creativa. Pero había que llevar el instrumento, que era caro. Así que se me ocurrió presentarme en un casting de televisión, como quien hace limonada o pulseritas para vender en la playa y ganar los primeros euros. Lo loco es que quedé entre miles y miles. Y era para Los Serrano, el exitazo que duró tanto tiempo.

¿Y el saxo?

Ésa es la anécdota. Me lo terminó regalando un amigo del marido de mamá. Pero nunca tuve tiempo de aprender bien, aunque tomé algunas clases. Sigue debajo de mi cama, como un símbolo.

Se supone que ser nieto de Federico Luppi te abrió puertas allá y acá. ¿O no es así?

Nunca entré a ninguna parte por él. Pero claro que después, cuando se enteran, me hablan de Fede como si se tratara de un prócer. Y las ironías llegan siempre; la mochila del apellido es inevitable. No hay que defraudar.

¿Se parecen?

Cuando de chico yo estaba en Buenos Aires, él vivía en España. Luego fue a la inversa. Ahora nos estamos viendo más. Admiro su disciplina y cultura del trabajo. Esa libertad para poder decir lo que se le antoja, de no comerse una. Yo no sé si me parezco o si heredé algo de él. Soy tranquilo y no me gusta el conflicto. Pero si hay algo que me quedó grabado es una conversación que tuvimos una vez acerca de no someterse. El darse cuenta de cuándo la sociedad te va empujando hacia algo que no querés ser o hacer. La dignidad.

Hablando de decir lo que a uno se le antoja, hace pocos días, a propósito de unas declaraciones de Ricardo Darín sobre el patrimonio presidencial, tu abuelo opinó insultándolo. ¿Qué pensás de ese episodio?

Todos sabemos que mi abuelo tiene mecha corta, es muy calentón. Pero te aseguro que lo re quiere a Ricardo, y que entre ellos está todo más que bien. A mí ese episodio no me preocupa para nada.

¿Te interesa la política?

Por ahora escucho y tengo un terrible problema: encuentro que casi todos tienen razón. Creo que aún estoy llegando y debo observar, aprender, escuchar, sacar conclusiones. Mientras, me dedico a la lectura, navego a vela. Y hasta puse una pequeña editorial de libros de teatro. Además, sueño. Con el cine, por ejemplo. Adoro a Aristarain, Campanella, Sorín. Me encantó volver.

Un camino productivo

  • Residió 10 años en España ; cinco de ellos haciendo el éxito Los Serrano. Era Valdano, el "argentinito".
  • Familia de artistas . Tiene abuelo, padre y tíos actores. Su hermano Antonio, bailarín clásico. Su madre, artista plástica: pinta Evas Perón pin-up.
  • En el Cervantes , trabaja en la obra Argentinien, que se reestrena a mediados de febrero.
  • Hizo participaciones en El Elegido y actuó en el Teatro Colón , en una ópera de cámara basada en la novela El Sirviente, con el escenógrafo y director Eugenio Zanetti.
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