Tiene rejas una de cada tres plazas

Ya son 80 los espacios verdes cercados; se sumarán los parques Centenario y Lezama
Ángeles Castro
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30 de enero de 2013  

La modalidad de intentar proteger parques y plazas mediante la colocación de rejas comenzó en la ciudad hace más de 15 años y los resultados están a la vista: casi uno de cada tres espacios verdes porteños está cercado.

Según datos del Ministerio de Ambiente y Espacio Público, de los 250 parques y plazas existentes en la Capital hay 80 con vallado perimetral; las rejas suman 35 kilómetros. Y en los próximos meses alcanzarán también a los parques Centenario, en Caballito, y Lezama, en San Telmo.

Si bien actualmente se escuchan acusaciones en contra de la gestión de Mauricio Macri por su supuesta predilección por los vallados en el espacio público, en realidad los mandatarios anteriores no permanecieron ajenos a la práctica. Ni mucho menos. Basta un dato: el perímetro de la Capital fue calculado en 60,5 kilómetros; así, los 35 kilómetros de rejas acumulados en el entorno de espacios verdes de distintos barrios alcanzaría para rodear más de la mitad de Buenos Aires con un cerco metálico.

En efecto, la historia se remonta al siglo pasado. Durante la intendencia de Jorge Domínguez, más exactamente en junio de 1996, fue inaugurado el cerco de 500 metros que rodea al Rosedal de Palermo. Ya entonces la idea era evitar los daños que sufría el jardín de rosas por las noches o en eventos como el del Día de la Primavera.

La necesidad de proteger el espacio público del vandalismo impulsó la modalidad de los vallados.

En abril de 1998, la administración de Fernando de la Rúa instaló una empalizada en la parte trasera del parque Thays, sobre la vía rápida Facundo Quiroga, para aislar los juegos infantiles del peligro de los autos. Además, cercó la plazoleta Julio Cortázar, hoy epicentro de Palermo Soho. A esa misma gestión radical se le debe el primer enrejado alrededor del piletón de yatemodelismo de Recoleta.

El parque Thays terminó de ser vallado durante el primer mandato de Aníbal Ibarra, en enero de 2002. Para 2004, ya había colocadas en la ciudad rejas en 35 espacios verdes: desde el Jardín Botánico y el parque Rivadavia, entre los más grandes, hasta una decena de plazoletas de barrio, de escaso perímetro.

La costumbre continuó en el Poder Ejecutivo porteño y, más recientemente, el gobierno nacional aportó su cuota de rejas a las plazas porteñas: valló la Casa de Gobierno y la plaza Colón, un tendido que impide a los peatones circular en línea recta por detrás de la Casa Rosada y los obliga a una circunvalación mucho más extensa.

Resulta bastante incierto determinar en números si el cierre de las rejas perimetrales en horario nocturno logró reducir el delito y el vandalismo. Pero la apreciación oficial es positiva.

"Sin duda los parques han ganado en seguridad y se redujeron los hechos de vandalismo. Las rejas responden a un pedido reiterado de los vecinos del parque. Los parques enrejados se mantienen más limpios y hemos reducido costos de mantenimiento y reparaciones. En cientos de ciudades los parques están enrejados y se cierran durante las noches", dijo ayer a LA NACION el ministro de Ambiente, Diego Santilli.

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