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Salir del fondo del abismo y hacer la diferencia

Después de soportar una infancia muy dura y un accidente en el que perdió sus brazos, este joven de 27 años hoy formó su familia, tiene un trabajo estable y recibió el premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario en 2012
Leandro Milán
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2 de febrero de 2013  

Cuando el subte golpeó su cuerpo, lo sacó del trance. Sintió el dolor punzante del impacto, la oscuridad rodeándolo, las cientos de manos invisibles que lo arrastraban y empujaban con violencia hacia la nada misma. Luego llegó la oscuridad, y con ella, el silencio. Su cuerpo dejó de moverse, las garras de metal habían desaparecido. Malherido, abrió lentamente los ojos y vio el cartel de la estación Jujuy. El subte se detuvo unos metros más adelante. Leandro sabía que tenía que aprovechar aquel momento si quería salir vivo de ahí. Intentó levantarse, pero pese a que hacía fuerza con sus brazos, su cuerpo no se movía, un dolor ácido lo hizo llevarse las manos hacia el rostro y aunque sentía los dedos recorriendo su cara, su mano ya no estaba allí: era como si lo tocarael miembro de un fantasma. Cerró los ojos y suspiró, creyendo que había muerto. Una de las piedras del suelo se movió debajo de su cuerpo y eso lo hizo reaccionar, aún no era un fantasma, algo había pasado con sus brazos pero su cuerpo estaba allí, vivo. Esperanzado, comenzó a arrastrarse como un soldado por entre las vías de acero, el metal caliente de los rieles le quemó el cuerpo como brasas al rojo vivo, pero él continuó, quería vivir, iba a vivir. Alcanzó a esconderse debajo del andén, y allí, entre los cientos de cables, comenzó a gritar con la poca fuerza que tenía,para que no arrancaran el subte, que él estaba ahí, que necesitaba ayuda. Un hombre se asomó por la cornisa, "No te muevas pibe, ya va la ayuda, aguantá",le dijo y Leandro asintió, pero sus heridas volvieron a sumirlo en la oscuridad, y ahí escondido entre los cables de la estación de subte de la línea E, entró en shock.

Leandro Gil es delgado, de altura promedio y rasgos marcados. Tiene la mirada severa, casi dura, que por momentos sostiene con firmeza. Nació el 26 de enero de 1986 y volvió a nacer en febrero de 2008 cuando sobrevivió a ser atropellado por el subte luego de sufrir un estado de emoción violenta. "Se dijeron muchas cosas de lo que me pasó aquel día. La realidad es que yo no tuve un accidente: el que se tiró a las vías fui yo. Sufrí lo que se conoce como estado de emoción violenta. Es un estado en el cual uno actúa con la obnubilación del juicio crítico y sin control de los impulsos. Es algo que le puede pasar a cualquiera que pase por una crisis emocional grave, o una situación de estrés muy fuerte. Yo venía acumulando dolor desde muy chico, y un día exploté."

La vida de Leandro fue dura desde su infancia. Su madre, Adriana Castaña, fue una mujer manipuladora y violenta que no le permitió conocer a su padre hasta los 7 años. "A mi papá lo vi por primera vez cuando mi abuela paró un taxi en la calle. Como por ese entonces estaba aprendiendo a leer,vi la licencia del chofer y leí que decía Daniel Gil. Le mostré a mi abuela la coincidencia con mi apellido, y vi cómo el conductor me miraba por el espejo retrovisor. Estoy seguro de que mi abuela sabía que en ese taxi iba mi papá cuando lo paró en la calle, pero no dijo nada para evitar una pelea con mi mamá", cuenta este joven.

Vivió con sus hermanos y su madre en una casa rodante cuando ella dejó de pagar el alquiler. "Mi mamá nos encerraba en una habitación por horas, un día que me escapé, fui a la cocina y la vi con una pajita en la nariz, aunque era chico entendí todo al toque, até los cabos y comprendí por qué había una mina que venía a mi casa y se llevaba los muebles y los electrodomésticos", recuerda con nostalgia.

La vuelta a sus orígenes

Pese a su dura infancia, Leandro asistió a una escuela técnica, en la que se destacaba por sus notas y su nivel de calidad humana. Cuando decidió ponerse en contacto con su familia paterna para saber más sobre su origen, su madre lo tildó de traidor. "Cuando vio que no iba a desistir de conocerlos, me puso la ropa en una valija y la tiró al medio de la avenida."

Por ese entonces, con 17 años, Leandro conoció a Tatiana, una chica dos años menor que él, con quien comenzó una larga relación. Tras vivir en la casa de uno de sus mejores amigos un tiempo, denunció a su madre por maltratos con la ayuda del celador de su colegio, y fue a vivir con su abuela materna. En el verano de 2008, Leandro fue de vacaciones con la familia de Tatiana, pero la relación ya no era la misma, y al volver, ella decidió terminar su noviazgo. "Y yo, que extrañaba a mis hermanos y la relación con mi viejo se había vuelto distante, de repente me sentí solo y tuve miedo", confiesa.

Leandro Gil recibió el premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario en 2012 por sus notas en la Revisa Kine, acompañado por su padre y su mujer
Leandro Gil recibió el premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario en 2012 por sus notas en la Revisa Kine, acompañado por su padre y su mujer
Aquel 13 de febrero Leandro le envió flores a Tatiana, y la fue a ver a su casa. La esperó un par de horas hasta que ella bajó de un taxi, comenzaron a discutir, apareció el padre y se la llevó adentro. Tatiana miró por última vez a Leandro antes de que se cerrara la reja del edificio y le dijo "andá a tu casa", pero en ese momento algo en su mente se rompió, como un dique destruido por los golpes de la vida, su razón fue arrastrada por las aguas de la locura. Se subió a la moto y al pasar por la estación de subte Jujuy, se bajó y trató de ponerle fin a tanto dolor.

Abrió sus ojos en la entrada del hospital Ramos Mejía, sólo recuerda algunas escenas, como cuando escuchó que alguien decía "vamos a tener que cortarle los brazos", a su padre arrodillado en el piso del hospital llorando al enterarse de lo que había sucedido y la horrible sensación de cuando le cortaron la ropa.

Después del accidente, estuvo cinco días en coma farmacológico, y recibió 17 transfusiones de sangre. Le agarró fiebre, los doctores creían que su cuerpo no resistiría. Estaba muy lastimado, su cabeza estaba tan deformada que le llegaba de hombro a hombro por la hinchazón de los golpes recibidos.

Lo peor fue el primer momento, al salir del coma. Nadie entendía que Leandro no había querido terminar con su vida, que se había tratado un episodio de emoción violenta. Todo su entorno creía que luego de que su novia con la que llevaba seis años terminara la relación, él había decidido ponerle fin a su vida. "Los tres psicólogos del hospital me creyeron que no iba a volver a tratar de matarme, pero el psiquiatra no estaba tan seguro. Lo miré a los ojos y le dije: vos sabés que no quise hacer esto, por favor, confiá en mí, no me mandes a un neuropsiquiátrico." El doctor lo miró a los ojos y puso su firma para que fuera dado de alta.

Gracias a sus amigos, Leandro pudo superar los miedos, el desconcierto, y las dudas de cómo seguir adelante. "Ellos me acercaban una galletita a la boca, y cuando la estaba por comer, me decían «oole», para que no la pudiera agarrar. Otro entró en la habitación y lo primero que soltó fue un «sos un pelotudo», y de repente, todo era reírnos. Entendí que podía quedarme en el papel de víctima o comenzar a ser responsable por mi vida. Y elegí lo segundo", explica.

Volver a vivir

Inventó con un tensiómetro roto, un arnés con cabezales intercambiables para poder comer o escribir en el teclado. Aprendió a utilizar sus pies para realizar diversas tareas, y decidió anotarse para estudiar periodismo en TEA. "Les escribí una carta a los directores. solicitándoles una beca, ya que no trabajaba y solo cobraba una pensión de 500 pesos por invalidez. Me la respondieron al otro día diciéndome que querían conocerme, y al ver mi determinación por cumplir mi sueño, que era ser periodista, no dudaron en dármela."

Meses más tarde, cuando su historia comenzó a circular por los medios, entró en un grupo scout invitado por una ex compañera del colegio, sorprendida por lo que le pasó. "No sé si fue por ser el nuevo o por qué, pero las chicas se me empezaron a acercar. Yo sabía que con el tiempo iba a poder volver a hacer las cosas que hacía antes, pero para mí, estar con otra chica no estaba dentro de mis posibilidades." Entre esas mujeres conoció a una joven y apasionada muchacha de 19 años, Mariel Mahona, que lo cautivó al instante. Pero no pasó mucho tiempo antes de que entre ellos dos comenzara una bella historia de amor. "Ella estaba de novia, pero nos coqueteábamos mutuamente, hasta que un día que ella iba a despedir a su novio, que se iba de viaje, le escribí un mensaje de texto diciéndole que no iba a dejar de pensar en mí aunque estuviera con él adelante, y ella me respondió unas horas más tarde, confesándome que me odiaba porque había tenido razón."

Pese a que al principio él quería tomarse las cosas con calma y no apresurar la relación, ella quiso algo más serio, y más allá de las trabas de ambas familias, se pusieron de novios. Con ganas de mudarse juntos, pero sin dinero por la falta de trabajo, Leandro volvió a sentirse deprimido,y decidió hablar con Mariel. "Le dije que necesitaba algo que me diera ganas de seguir adelante, y cuando ella me preguntó qué quería, yo le respondí sin dudar: quiero tener un hijo". Mariel le acarició la cara y aceptó la propuesta. Nueve meses más tarde llegó al mundo Lis (que toma su nombre de la flor de lis, el símbolo del scoutismo), su hija, hoy de dos años y cinco meses.

"Cuando llego Lis, teníamos miedo de cómo íbamos a hacer para mantenernos, Mari tenía un trabajo bastante precario y yo estaba desempleado", recuerda Leandro mientras mira con amor incondicional a su hija. "Pensé hasta en ponerme a vender unos escritos que yo había hecho en el subte, pero la vida me volvió a sorprender. Un tiempo atrás había escrito una carta al Ministro de Educación explicándole mis ansias por trabajar y esa carta llegó a una de las personas más maravillosas que pude conocer en la vida, Felipe Salvatierra (asesor del ministro Alberto Sileoni). Felipe que ya había ayudado a un ex convicto a reinsertarse laboralmente, se puso mi caso al hombro y logró que entrara en el departamento de prensa del Ministerio de Educación."

Leandro tiene muchas cicatrices externas e internas que no intenta esconder. Aunque reconoce que antes se veía en el espejo y se odiaba, ahora se muestra seguro de sí mismo y tiene sus motivos. La vida pudo golpearlo cruelmente o desgarrar su cuerpo, pero no así su voluntad.

Hoy, con 26 años, no solo trabaja en el área de Prensa del Ministerio de Educación de la Nación, manejando las cuentas oficiales del Ministro en las redes sociales, también colabora con la revista Kine (gracias a sus artículos ganó dos premios Gota en el Mar al periodismo solidario), y con el programa de radio Somos Todos Diferentes, por Radio Gráfica FM 89.3, tiene una hermosa hija de dos años que lo ayuda a vestirse con toda su ternura y una hermosa mujer a su lado. Leandro Gil podrá no tener dos brazos, pero tiene una voluntad de acero.

Corta biografía de una larga vida

Leandro Gil

Profesión: periodista

Entidad: colabora con la Revista Kine y trabaja en el área de prensa del Ministerio de Educación

Fecha de nacimiento: 26/1/86

Logros: recibió el premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario en 2012

2 años

Tiene su hija Lis

Junto a su mujer Mariel Mahona eligieron ponerle este nombre en honor a la flor de lis, el símbolo del scoutismo.

Para saber más

Revista Kine

www.revistakine.com.ar

Gota en el mar


www.gotaenelmar.org.ar

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