Bajo el signo de la lógica ciudadano-consumidor

Guillermo Oliveto
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10 de febrero de 2013  

Para analizar las últimas medidas hay que profundizar en dos aspectos: lo que sucedió en 2012 y el carácter estratégico que el Gobierno le dio al consumo. El kirchnerismo hizo del consumo uno de los ejes de su gestión. Para especular sobre lo que puede suceder el "día 61" hay que seguir el mismo patrón.

Durante 2012 se produjo un hecho inédito en la era K: se retrasó tres meses la negociación salarial y la sociedad se quedó, repentinamente, con la "inflación nueva" y los "salarios viejos". Eso -que provocó un freno en marzo y una baja del 2,5% en abril en las ventas de supermercados- marcaría el tono y el clima del resto del año: se verificó en bajas de más de 25 puntos en dos índices que mide la Universidad Di Tella y que, sugestivamente, fueron de la mano: Confianza del Consumidor y Confianza en el Gobierno.

Era previsible que las cosas recobraran cierta normalidad en los meses siguientes, cuando se reordenaran algunas variables. Aún en un año difícil, el país logró en 2012 mantener un consumo potente. Es lo que el Gobierno procura conservar en 2013, porque hace tiempo comprendió la lógica del ciudadano-consumidor, perspectiva que entiende al consumo como poderoso símbolo de identidad. En esta "sociedad de consumidores", como lo define el sociólogo Zygmunt Bauman, "en función de lo que compro, soy". El consumo ha trascendido su natural órbita de la microeconomía para transformarse en un vector de impacto social. Y, por ende, con capacidad de influir en la política.

Es válido pensar que el objetivo de esta medida por dos meses es no volver a desbalancear los bolsillos procurando que los aumentos lleguen con los nuevos salarios. Se evitaría así repetir el punto de quiebre de 2012.

Las medidas sobre la publicidad son más difíciles de entender. Las ofertas y promociones son desde siempre una condición estructural del modelo de negocios de los comercios. Generan no sólo conocimiento de precios, sino también deseo, motor del consumo moderno. Está comprobado que la publicidad activa la tentación y la decisión de compra. Es de esperar que, una vez superada la coyuntura, todo vuelva a la normalidad.

Para que el plan oficial sea exitoso será clave la velocidad a la que cierren las paritarias y las posibilidades de los actores económicos de esperar dos meses. Si le alcanzará al Gobierno es un interrogante cuya respuesta está aún en construcción.

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