En Ecuador, nada parece dañar el aura de invencibilidad de Correa

Cuando faltan tres días para las elecciones, todos dan por sentado que su presidente será reelecto, por segunda vez, en primera vuelta
Paula Markous
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14 de febrero de 2013  

QUITO.- Es una pelea entre un tigre suelto y un burro amarrado. En la prensa ecuatoriana y en las calles de Quito -donde ayer aún se respiraba el último aire del Carnaval-, la sensación es la misma: la victoria del presidente Rafael Correa en las elecciones del domingo está cantada.

Con una intención de voto de entre 48 y 60%, según las últimas encuestas, es difícil que alguno de los siete candidatos rivales logre hacerle frente al mandatario en una segunda vuelta. El que más se acerca es el aspirante de derecha y ex banquero Guillermo Lasso, que tiene entre 9 y 20% de los votos.

La campaña está dormida, dicen aquí. Aunque faltan tres días para las elecciones , Quito recién se despertó del feriado del Carnaval. En los portales de las iglesias del centro histórico todavía se ve el picadillo (papel picado) y los restos de las bombas (bombitas de agua). Muchos de los que se fueron a la costa por el feriado volvieron sólo ayer por la mañana. Les esperan unos comicios que aquí todos tildan de aburridos.

Es que a la falta de sorpresa se le suman otros factores, como una oposición dividida con aire derrotista. Tanto que parece haberse creído el pegadizo jingle "Ya tenemos presidente, tenemos a Rafael" , que ideó el partido de Correa, Alianza País.

Los analistas consultados por LA NACION coinciden en que fue una campaña chata y poco confrontativa. "Parecería que la estrategia de los opositores fue: Correa es un candidato bien posicionado, tiene una alta aceptación, sus políticas sociales generan amplio apoyo. Tengamos cuidado en la manera en que nos enfrentamos a él. Esto, sin duda, benefició al presidente", dijo Farith Simon, analista de la Universidad San Francisco de Quito.

La popularidad de Correa se sustenta en un liderazgo fuerte, que para muchos es autoritarismo, pero, para otros, garantía de estabilidad. El presidente logró su apoyo gracias a una fuerte inversión estatal y a un amplio programa de políticas sociales, que pudo concretar por la bonanza petrolera que vive Ecuador. El aumento hace un mes de 35 a 50 dólares del subsidio a los hogares más pobres, llamado bono de desarrollo humano, es su último caballito de batalla.

Aunque en los últimos meses el gobierno de Correa se vio envuelto en varios casos de corrupción y el presidente es criticado por su estilo combativo contra los medios de comunicación, nada parece dañar su aura de invencible. "No hay quien le gane. Es un líder fuerte que se enfrenta contra candidatos que no tienen corrida", opinó Milton Jiménez, un chofer de 58 años, que enseguida aclaró: "Y eso que no soy correísta, eh? Voy por Lasso porque no es prepotente".

Rosario de Solís, una empleada de 65 años, sí es correista al igual que toda su familia. "Si la gente vota por otro candidato, el país se cae. El presidente es fuerte e hizo mucho por el pueblo", opinó, convencida.

A una contienda chata se le suman también las nuevas reglas del Consejo Nacional Electoral (CNE), que limitaron las propagandas de campaña en los medios, censuraron spots televisivos y restringieron el presupuesto de financiación de los partidos. "Eso benefició a Correa, que pudo usar sin restricciones el aparato de propaganda estatal para difundir su «revolución ciudadana» -aunque estaba prohibido- y limitó la visibilidad del resto de los candidatos", sostuvo la analista Alexandra Vela.

Frente al tsunami correísta, la oposición pone sus fichas en los votos de los legisladores. Además de presidente, los 11,6 millones de votantes ecuatorianos también eligen 137 miembros de la Asamblea Nacional y cinco del Parlamento Andino, un órgano asesor que integran Ecuador, Bolivia, Colombia y Perú.

El objetivo de la oposición es que Correa no arrase en la Asamblea y obtenga la mayoría absoluta, lo que le daría un poder casi total para profundizar su "revolución ciudadana". Los más optimistas esperan que se repita la situación del referéndum del 7 de mayo de 2011, cuando se anunció una victoria oficialista por más de 20 puntos, que luego terminó en un triunfo ajustado del presidente.

Para evitar la segunda vuelta electoral -prevista para el 7 de abril-, Correa necesita el 50% de los votos válidos o el 40% y una diferencia de por lo menos 10 puntos sobre el segundo.

Además de Lasso, Correa competirá contra el ex presidente Lucio Gutiérrez, el antiguo aliado de Alianza País Alberto Acosta, el magnate bananero Álvaro Noboa y otros tres candidatos. Aunque todos luchan para que Ecuador no vote "todito el 35" (la boleta de Alianza País), parecen hacerse los distraídos con el jingle "Ya tenemos presidente, tenemos a Rafael".

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