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La marca que maduró de Prusia a Santa Fe

María del Pilar Assefh
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17 de febrero de 2013  

"Madurar lleva su tiempo, hacer una gran cerveza, también", reza la última campaña publicitaria de Cerveza Schneider. Y si bien la frase alude a una analogía entre el proceso de maduración de los hombres y el producto que comercializa, ésta bien podría estar hablando de su historia como marca, la cual no es otra que la de un inmigrante que llegó a la Argentina persiguiendo un sueño: tener su propia cerveza.

Nacido en 1872 en Prusia Oriental (hoy Alemania), Otto Schneider es el hijo de Julius Schneider, otro maestro cervecero con una larga tradición en la materia. Fue junto a él que Otto comenzó su formación, para luego incorporarse a otras cervecerías europeas.

A los 34 años, sin embargo, Otto decidió probar suerte en otras tierras y emprendió su viaje a la Argentina. Tras una breve estadía en Buenos Aires, se instaló en Santa Fe en 1907, al encontrar allí el agua y la cebada perfectas para la elaboración de su cerveza.

Luego de varios años trabajando como maestro cervecero en la Cervecería Santa Fe, Otto fundó Cervecería Schneider con la misma receta, modelo de producción y búsqueda de calidad que aún caracterizan hoy a la empresa.

Fue así que, en 1932, Otto produjo su primer barril de cerveza y en 1940, tratando de traer a estas latitudes algunas de las tradiciones de su tierra natal, abrió la chopería Recreo Schneider en el mismo terreno de la cervecería, para que las personas pudieran disfrutar de una cerveza fresca recién salida de la fábrica.

La empresa continuó con éxito tras la muerte de Otto, en 1950. Hoy se lo considera como el responsable de que Santa Fe se haya convertido en uno de los polos cerveceros del país. En la ciudad llevan su nombre un barrio y una calle y hasta hay un busto conmemorativo de su figura.

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