Jordi Mora afila su batuta

El catalán analiza la música actual durante su paso por el campus La Armonía
René Vargas Vera
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17 de febrero de 2013  

LA ARMONÍA (Cobo). Traía colgada una guitarra eléctrica, casi como una prótesis, y a mano (a bocajarro) una armónica. Quince años tenía, y con las dos transitaba por una de las épocas más creativas del rock: fines de los sesenta y comienzos de los setenta. Un día le tocó en suerte escuchar a una orquesta sinfónica y se dijo: "Esto es lo que debo hacer yo, dirigir". Jordi Mora se convirtió así en un respetable conductor, tras haber actuado bajo la guía y como dilecto discípulo de Sergiu Celibidache. Y es, desde hace muchos años, un consagrado docente de música en varios países de Europa.

De ambas experiencias nos habla el maestro catalán Jordi Mora en este lugar paradisíaco que es el casco de estancia Santa María de la Armonía, en Cobo, mientras, en un descanso le espera una veintena de profesionales y estudiantes avanzados de música de diversos conservatorios del país y de profesores particulares de música.

La Armonía es una enorme y antigua residencia señorial; un ámbito rodeado de bosques, lago, arroyo, araucarias, pinos, árboles exóticos y mil tonos de verde. Allí la magia se instala, de pronto a la vuelta de cualquier recodo, como en un reino de duendes. Cuando Jordi Mora recibió en España (1990) la invitación para dirigir la Sinfónica de Mar del Plata, lo llevaron a visitar este lugar fundado por el cura Echeverry Boneo, "lejos del mundanal ruido". Quedó fascinado. Han pasado 22 años y otra vez le están esperando muchachos y chicas, todos intérpretes de sorprendente talento.

-Maestro, ¿es Barcelona, su casa, el centro de irradiación musical hacia fuera?

Así es. Estuve dirigiendo las orquestas de Granada, la de Cartagena y la Siglo XX de Barcelona; la Bruckner Akademie Orchestra de Munich, la de Tesalónica (Grecia), y como director invitado sigo recorriendo Europa, los Estados Unidos y América del Sur.

-¿Han cambiado las pautas de la educación musical en Europa?

En algunos aspectos sí. Hay mayor incursión en lo histórico, con sus pros y sus contras. De todos modos se busca un paulatino equilibrio. Cataluña es más vanguardista en cuanto abre el campo a la formación integral del músico, ya que a lo clásico se incorpora el jazz y otras músicas populares, como el flamenco. Es una visión ecléctica de la música, en el mejor sentido. Ocurre que el riesgo es perder la intensidad en lo específico: la armonía, el contrapunto, la instrumentación.

-E n cuanto a la dirección ¿se renueva el "plantel"?

Se renueva, pero mal. Hoy se cree que cualquiera puede dirigir una orquesta. Están apareciendo directores que fueron intérpretes instrumentales y de pronto uno los ve instalados en el podio. Así se desvaloriza la misión de quien tiene una sólida formación. Sergiu Celibidache insistía en ir a lo esencial. Porque la llave maestra en la música es una filosofía de vida. Buscar la unidad del todo; la afinación, el fraseo, lo rítmico, el balance, la tensión y distensión, las grandes formas musicales.

-H áblenos sobre estos jóvenes de la era cibernética.

Partamos de una base: la esencia musical es la misma. Lo que cambian son las circunstancias. La informática trajo cosas positivas y negativas. El bombardeo de información es imposible de asimilar bien. Antes, con mucho menos, se llegaba al final. Una obra musical se descubre en la partitura, no en la grabación, que es "la comida servida"; otra cosa es "preparar la comida". Un alumno debe olvidar lo escuchado. Su meta es transitar su propio camino; hacer suya cada obra; trabajar sólo en la intimidad. Hay que volver a humanizar el arte sin intermediarios. Yo recomiendo leer libros y reproducir contenidos escribiéndolos con sus propias palabras. Que les llegue al alma, que los emocione. Hay un desgaste del mundo afectivo. Y el vértigo es el peor enemigo.

-¿ Q ué perfil muestran las nuevas camadas en el campus ?

Felizmente compruebo en los últimos años una enorme avidez por conocer. Es buena señal, mientras va declinando la fiebre por los videojuegos. Desde aquí advierto dos hechos importantes: el enorme interés por lo que viene de afuera, como si fuese una "Europa desplazada de lugar". Lo otro es este lugar, tan bien dirigido por las "servidoras" de esta Fundación Cultural Argentina. Las mejores conferencias que he dado en mi vida, las he dado aquí.

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