Nuevo museo del chisme

En una versión enriquecida y renovada de la obra que publicó hace algunos años, Edgardo Cozarinsky revela anécdotas humorísticas o dramáticas protagonizadas por personalidades del arte, la política y el espectáculo
(0)
8 de marzo de 2013  

Texto Edgardo Cozarinsky

Ilustraciones Max Aguirre

Marthe Lahovary, la legendaria princesa Bibesco que aspiró a la amistad de Proust y fue asidua memorialista, estaba invitada a pasar la Nochebuena de 1937 en casa de su amiga Enid Bagnold, en Rottingdean, Sussex. Al reconocer en un anciano tembloroso y vacilante que se acerca a saludarla al venerable novelista Maurice Baring, le dirige la convencional pregunta: "How are you, my dear friend?". No esperaba recibir una respuesta sincera, informativa, precisa: "Soy un juguete roto. Por más que me den cuerda no pueden hacerme funcionar. Ya no puedo leer, ya no puedo caminar, ya no puedo dormir, ya no puedo escribir. Por lo demás, mi salud general es perfecta…".

Fuente: Ghislain de Diesbach, Marthe Bibesco, París, 1987.

***

El 27 de septiembre de 1942 se celebró en Roma un almuerzo para festejar el tercer aniversario del Pacto Tripartito entre Alemania, Italia y Japón. El jefe del estado mayor italiano, mariscal Ugo Cavallero, procuró poner de buen humor al embajador japonés anunciándole "buenas noticias" de Stalingrado. En realidad la ciudad había resistido sin ceder al largo asedio de la Wehrmacht, que en ese momento se retiraba marcando el principio del lento repliegue del Tercer Reich hacia la derrota final. Entre el inglés hablado por el italiano y el hablado por el japonés surgió algún equívoco que permitió al japonés acercarse al agregado militar alemán y felicitarlo por "la caída" de Stalingrado. El alemán replicó sucintamente, en italiano: "Non dire palle" ("No diga pelotudeces").

Fuente: Galeazzo Ciano, Diario, Milán, 1946.

***

"El papa Inocencio X Pamphili (que ocupó el trono entre 1644 y 1655) fue menos importante por sus hechos que por su nepotismo y por las intrigas que sus parientes desplegaron entre sí y unos contra otros. Su cuñada, la notoria Olimpia Maidalchini, tenía dominado al débil y bondadoso anciano.

A la hora de la muerte, este papa que tanto se había desvelado por encumbrar a su insaciable familia, había de recoger el merecido tributo de gratitud por sus desvelos. Después de los tres días durante los cuales su cadáver estuvo expuesto en la basílica de San Pedro, no apareció nadie que se ocupase de darle sepultura. Se llamó a doña Olimpia para que se encargase de suministrar un ataúd, pero contestó que no podía hacerlo, que no era más que una pobre viuda. De los demás parientes y nepotes no se presentó nadie y el cadáver fue a parar a un lugar destinado a depósito de materiales por los albañiles. Uno de estos, movido por la caridad, colocó una vela en la cabecera del catafalco, otro pagó de su bolsillo a un guardián para que velara el cadáver y evitase que se lo comieran las ratas que rondaban por allí".

Fuente: Ferdinand Gregorovius, Die Grabdenkmäler der Päpste, 1881.

***

Lord Berners (né Gerald Tyrwhitt-Wilson, decimocuarto Baron Berners of Faringdon) no limitó su excentricidad a haber escrito una novela impar –El camello– o a componer música de cine para Nicholas Nickleby, una adaptación de Dickens producida en 1946 por los estudios Ealing y dirigida por Cavalcanti.

Para poder viajar solo en el compartimento de primera clase del tren, apenas lo ocupaba solía cubrirse la cabeza con una máscara elástica que reproducía un cráneo humano marfileño, desprovisto de toda carne. Si algún pasajero se animaba a entrar, lo miraba fijamente hasta disuadirlo de su intrepidez. Sin quitársela, retomaba la lectura del libro que lo acompañaría durante todo el viaje.

Fuente: oral, Feliks Topolski a E. C., Londres, 1971.

***

No son pocos los cinéfilos que recuerdan a Tilda Thamar (1921- 1989), ilustradora, luego modelo, más tarde actriz que cruzó como un meteoro sensual el pacato cine argentino de los años 40. Incontaminada por candorosas evocaciones patrióticas, Tilda fue una rubia emprendedora, cuya sonrisa declaraba que el sexo existe. Emigrada a Francia en la segunda posguerra mundial, después de que Eva Perón juró que nunca más la dejaría actuar en el país, "la bombe atomique argentine" tuvo una carrera europea de films apenas mediocres. La compensó el éxito mundano: casada con un retratista de los fugaces ídolos de la café society, el pintor español Alejo Vidal-Quadras, la actriz se reencontró con su primera vocación. En sus últimos años, en un triplex parisino de la avenue Hoche, pasaba largas tardes en el piso superior pintando selvas ingenuas y fieras lánguidas, muy apreciadas en los munificentes emiratos del golfo pérsico.

En una ocasión recibió la visita de un argentino que la recordaba como protagonista de tantos films prohibidos para menores, de los que en su infancia sólo había podido ver los afiches. Sin desprenderse de sus pinceles, Tilda pidió a un mucamo asiático que subiera un refrigerio al atelier de la azotea. Poco después llegó una bandeja de sabrosísimos trozos de pan baguette frotados con ajo. La diva, tal vez crepuscular pero sumamente chispeante, explicó que se trataba del "banquete del rey Zog", exótica referencia albanesa cuyo misterio espesó al intentar explicarla: primero con un "en la Argentina estuve casada con Ilia, el conde Toptani", luego agregó: "el inventor de la famosa montura Toptani".

Fuente: E. C., 1985.

***

Rustico da Torcello y Bon da Malamocco son los nombres de los mercaderes venecianos que en el siglo IX idearon la manera de enviar a Venecia los restos de San Marcos. Estaban escondidos en Alejandría, donde el evangelista había fundado, ocho siglos antes, la primera iglesia cristiana.

No era fácil. Alejandría se hallaba bajo severa dominación musulmana: el califa Umar (634-644) había autorizado la quema de los libros de la biblioteca clásica de la ciudad porque "si los escritos de los griegos coinciden con el Corán, son superfluos, y si lo contradicen, son nocivos".

Con astucia (que los siglos reconocerían como típicamente veneciana), los comerciantes decidieron jugar con la repulsión islámica ante la carne de cerdo, y escondieron los restos del santo en un cargamento de carne porcina destinado a tierra de infieles. Los aduaneros rehusaron mirar, menos aún tocar el contenido de los barriles.

Una mañana de 828, desembarcaron en Venecia, donde los esperaba una multitud festiva, triunfal. Al tocar el muelle, de los barriles se desprendió no ya el olor a podredumbre que emitían hasta ese momento sino un perfume a rosas que invadió la plaza. En ella iba a construirse la basílica que hasta hoy lleva el nombre del evangelista.

Fuente: tradición oral veneciana.

***

El 14 de julio de 1925, Jacques Benoist-Méchin, con veinticuatro años de edad, llegó al Vittoriale en visita ritual a Gabriele D’Annunzio.

El poeta, decadente y mitómano, heraldo de una revolución antiburguesa que ya estaba siendo encarnada por Mussolini, aparecía ante los ojos del juvenil visitante –admirador de Proust y amigo de Adrienne Monnier y de Sylvia Beach– como el héroe de la aventura de Fiume, donde con una fuerza de exaltados patriotas había "reconquistado" para Italia ese puerto de la costa dálmata que los enjuagues diplomáticos de la primera posguerra mundial le habían arrebatado.

D’Annunzio condujo al visitante por los distintos jardines, templos y recámaras de la mansión que se había hecho construir, como un faraón en vida, como monumento y mausoleo a su propia gloria inmortal. Antes de despedirse le regaló una daga que presentó como originaria de Fiume, y ante ella le hizo jurar que iba a consagrar su vida "a luchar contra la barbarie norteamericana".

En el camino de vuelta, navegando sobre el lago de Garda, el joven admirador desenvainó la daga para admirar la hoja y el filo. Con cierta sorpresa leyó, grabado en el acero: Made in Michigan, USA.

(Años más tarde, Benoist-Méchin se convertiría en un entusiasta de Hitler, de quien escribiría: "es un visionario que decidió realizar su sueño con el realismo de un estadista". Figura importante de la colaboración en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, fue condenado a muerte en 1947, pena conmutada por trabajos forzados, objeto luego de una amnistía en 1953. Prolífico cronista e historiador, publicó numerosos libros donde trazó la silueta del conductor que en distintos momentos de la historia crea un imperio para lograr la paz y la unidad de los pueblos. El título de la serie fue El sueño más largo de la historia; las figuras evocadas: Cleopatra, Bonaparte en Egipto, el mariscal Lyautey, el emperador Juliano, Alejandro Magno, Federico von Hohenstaufen, Mustafá Kemal, Ibn Seound y el rey Faisal de Arabia Saudita. La prudencia le aconsejó no incluir a Adolf Hitler).

Fuente: Jacques Benoist-Méchin, À l’épreuve du temps, tomo I, París, 1989.

***

Dorothy Parker no había cumplido con la fecha de entrega de una crónica para The New Yorker. Ross envía un mensajero a Long Island, donde la legendaria "Algonquin wit" está pasando el verano. El chico llama varias veces desde la verja del jardín sin obtener respuesta. Finalmente, se abre una ventana del primer piso y aparece, desgreñada y apenas cubierta por una sábana, la escritora. El mensajero se disculpa por la intrusión e invoca la impaciencia del redactor en jefe ante el atraso. La Parker grita, intraduciblemente: "Tell Mr. Ross I’m too fucking busy… and viceversa!".

Fuente: oral, Richard Roud, Nueva York, 1982.

Jorge Guinle (1916-2004), vástago de la poderosa familia brasileña que financió la construcción del puerto de Santos y durante nueve décadas guardó su concesión, murió en dorada estrechez.

Una vez recuperado el puerto por el estado de São Paulo en 1972, quedó como principal orgullo de la familia el hotel Copacabana Palace que habían edificado en Río de Janeiro, donde fueron anfitriones de Franklin D. Roosevelt y de Nelson Rockefeller.

Legendario heredero de ese esplendor, el diminuto Jorginho (un metro sesenta) fue un seductor cuya atención se focalizó en las estrellas de Hollywood: entre otras, aceptaron su asedio Hedy Lamarr, Veronica Lake, Rita Hayworth, Lana Turner, Ava Gardner y la incipiente Marilyn Monroe a los veinte años de edad.

En 1962 Jorginho llegó al aeropuerto de Los Ángeles con un conjunto de collar y aros de esmeraldas para la ya entonces consagrada Monroe. Al desembarcar se enteró del aparente suicidio de la estrella. Desconsolado, se refugió en su cuarto de hotel y pasó una noche de duelo y alcohol. A la mañana siguiente consultó su libreta de direcciones y llamó a Jayne Mansfield.

Tras haber dilapidado la fortuna heredada, Jorginho vivió sus últimos años en un cuarto que el Copacabana Palace puso sin cargo a su disposición, así como los servicios de bar y restaurant. Imposibilitado de dar un paso fuera del hotel si no mediaba una invitación, declaró al periodista inglés que lo entrevistaba: "El secreto de ser rico es morir sin un centavo. Yo calculé mal: el dinero se agotó antes que la vida" ("The secret of being rich is to die penniless. I miscalculated –money run out before life").

Fuente: oral, Antonio Rodrigues, Lisboa, 2009.

***

Hacia 1900, poco después del éxito de escándalo de Les Chansons de Bilitis de Pierre Louÿs, un grupo de señoras que visitaban en el museo del Louvre una sala llamada "de orígenes comparados" manifestaron su curiosidad por conocer el aspecto del personaje.

Uno de los conservadores las conduce ante un busto de Bilitis, acuarela de Paul Albert Laurens. Una señora desconfía del parecido. Cuando el experto le explica que el personaje clásico probablemente no haya existido, estalla la ira de la visitante: "¿Cómo que no existió? ¡Pero entonces están engañando al público! ¡Esto no va a quedar aquí! ¡Conozco a un ministro! etc., etc.".

Fuente: Pierre Louÿs, carta a Paul Albert Laurens del 12 de julio, 1901.

***

En la madrugada del 17 de octubre de 1911, Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen, de dieciocho años de edad, y su amigo Hanns Dietrich von Necker se batieron a duelo con armas de fuego en los alrededores de Rudolstadt, ciudad de Turingia donde hacían sus estudios. El pretexto era defender el honor de una dama. En realidad se trataba de un pacto de doble suicidio para escapar, sin dejar una huella de deshonor para las familias, al sentimiento amoroso que no se sentían capaces de asumir.

Von Necker falló el tiro y solamente hirió a Ditzen, pero le quitó el arma y se mató de un tiro en el pecho. Ditzen sobrevivió y fue acusado del asesinato de su amigo. El tribunal estimó que no estaba en condiciones de ser juzgado. Le impuso la internación en un asilo psiquiátrico, donde permaneció de febrero de 1912 a septiembre de 1913.

(Al ser liberado inició simultáneamente su actividad de escritor y el consumo de alcohol y drogas. La familia le pidió que publicara bajo un seudónimo y él eligió el nombre del caballo parlante en un cuento de los Grimm. Como Hans Fallada, iba a publicar más de veinticinco volúmenes. Tres de ellos se destacan: Kleiner Mann, was nun? [¿Y ahora qué, pobre hombre?, 1932], best-seller en la traducción al inglés, llevado al cine en Hollywood, y dos publicados póstumamente: Jeder stirbt für sich allein [Todos los hombres mueren solos o Solo en Berlín, 1947] y Der Trinker [El bebedor, 1950].

Fallada no quiso abandonar Alemania durante el Tercer Reich. Acosado por la Gestapo y los dirigentes culturales, se comprometió con el régimen el mínimo necesario para sobrevivir. Su primera esposa lo acusó de intentar matarla y lo volvió a internar en un asilo psiquiátrico; la segunda lo acompañó en el alcohol y la morfina. En la posguerra, Fallada fue protegido por la ocupación soviética, con la que colaboró hasta su muerte en 1947; no llegó a ver, al año siguiente, la instalación de una república comunista en el este del país).

Fuente: varias, divergentes biografías de Fallada.

***

En el siglo XVIII, en París, los aficionados al teatro que podían permitírselo alquilaban no ya palcos avant-scène sino asientos en el escenario mismo de la Comédie Française.

En el estreno de la Sémiramis de Voltaire, en 1748, esos privilegiados eran tan numerosos que el actor que representaba al fantasma del general Ninus tropezó con una silla y estuvo a punto de caer en momentos en que debía hacer una entrada solemne. Imperiosa, la voz del autor retumbó en la sala por encima de las risas: "¡Dejen pasar al fantasma!".

Fuente: oral, Alberto Manguel, Mondion, 2009.

***

Dmitri Nabokov (1934-2012), hijo de Vladimir, tenía veintiséis años y un robusto sentido del humor cuando estudiaba canto en La Scala de Milán.

Eran los meses posteriores al éxito imprevisto de Lolita, la novela del padre cuya notoriedad asoció prestigio y escándalo. Se hablaba ya de una adaptación al cine y a Dmitri se le ocurrió organizar en Milán un concurso de ninfetas para el rol principal. Del evento (cuyo carácter de broma no se ocultó en ningún momento) la prensa people de la época registró fotos del joven Nabokov rodeado en su lecho por un enjambre de adolescentes ansiosas por acceder al estrellato. Esas fotos suscitaron un severo telegrama paterno, que lo intimaba a cesar esas "payasadas pueriles".

(En años posteriores, Dmitri se dedicó principalmente a traducir al inglés los primeros libros que su padre había escrito en ruso. En 1960, había hecho su debut en La Scala, junto a Luciano Pavarotti, y desarrolló una carrera profesional, en el registro de basso profundo, hasta retirarse en 1982. En 1962, había iniciado otra actividad: corredor profesional de autos, que solo cultivó durante tres años. Conservó, sin embargo, cinco Ferraris y fue al volante de una de ellas que en 1982, en Suiza, salió vivo de un choque, con quemaduras graves y el cuello roto. A partir de ese momento, se concentró exclusivamente en cuidar la obra literaria del padre, ediciones de su correspondencia, traducciones, adaptaciones. Publicó una memoria muy elogiada sobre su relación con él: On Revisiting Father’s Room. Más recientemente, fue muy criticado por autorizar, a instancias del agente Andrew Wylie, la publicación de The Original of Laura, reproducción facsimilar de las ciento treinta y ocho fichas donde el padre había tomado notas para una novela que no llegó a escribir).

Fuente: Brian Boyd, Vladimir Nabokov: The American Years,

Londres, 1992; diversos obituarios de Dmitri Nabokov.

***

En algún momento de los años 50, antes de que las vicisitudes de la vida literaria los distanciasen, Philip Roth y Gore Vidal eran amigos. Roth aspiraba a ser aceptado en un club de Nueva York muy exclusivo, que en aquellos años finales de la discriminación solo aceptaba un número muy limitado de socios judíos.

La tarea que encomendó a Vidal fue la de sondear al presidente del club para saber si valía la pena que presentase su solicitud. Vidal cumplió con lo pedido e hizo el elogio del "talentoso joven escritor amigo suyo". El presidente respondió con una pregunta: "Vamos, Gore… Este Roth ¿no es judío?". Vidal no vaciló: "Desde luego, pero es uno de esos que se detestan por ser judíos (a self-hating jew)".

Fuente: David Rieff, Buenos Aires, julio de 2012.

El escritor albanés Ismaíl Kadaré, invitado a un festival literario en Edimburgo, le confía a un colega con quien comparte la mesa del desayuno y el idioma francés: "No hubiese creído que había tantas prostitutas en esta ciudad". "Yo no me he dado cuenta. ¿Dónde las vio?". "En pleno centro, las veredas están llenas de mujeres que fuman, inmóviles al lado de una puerta…".

La prohibición de fumar en un espacio cerrado era algo inconcebible para alguien oriundo de los Balcanes.

Fuente: E. C., 2005.

***

El 2 de mayo de 1945, el primer ministro de Irlanda (taoiseach) Éamon de Valera visitó la embajada de Alemania en Dublín para presentar sus condolencias por la muerte de Adolf Hitler. Ya sea visto como una admirable demostración de falta de oportunismo en momentos de la derrota definitiva del Tercer Reich, o como una provocación ante los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, aun como simple reafirmación de la neutralidad que había elegido para su país en 1939 a pesar de ser parte del Commonwealth, el gesto público del estadista, otrora guerrillero en la rebelión irlandesa de Pascua de 1916 (condenado a muerte en Londres e indultado más tarde), fue materia analizada y discutida por políticos e historiadores durante décadas.

Más allá de la voluntad de irritar a Winston Churchill con una extrema demostración de independencia, el Estado libre de Irlanda había mantenido con dificultad su posición neutral durante los años de la guerra. Pagó su opción política con años de medidas aislacionistas impuestas por los Estados Unidos y por Gran Bretaña. La República de Irlanda solo fue admitida en las Naciones Unidas en 1955. "Nido de espías" nazis para la prensa británica, supo negar permiso para la instalación en su territorio de una base de operaciones de inteligencia del Tercer Reich. En la inmediata posguerra, De Valera rehusó recibir como refugiados a criminales de guerra nazis y los orientó hacia la Argentina.

(De Valera se retiró en 1959 pero la influencia de la Iglesia católica persistió en todos los aspectos de la vida pública de la República y solo a fines de los años 70 empezó a desmoronarse, a ceder hasta finalmente desaparecer la censura de correspondencia privada, de libros y espectáculos. Más tarde, gradualmente, iban a revelarse los escándalos internos de la Iglesia).

Fuente: varios historiadores irlandeses y

comentarios del escritor Colm Tóibín.

***

Isaac Babel fue arrestado en mayo de 1939. Semanas más tarde, un funcionario de la Lubianka visitó su casa y ordenó a Antonina Nikolaevna Pirozhkhova, la segunda mujer de Babel, que llenase una pequeña maleta con las pertenencias indispensables del escritor. Se le prohibió terminantemente enviarle un mensaje escrito.

Desesperada, Antonina Nikolaevna empapó pañuelos, soquetes y ropa interior con su propio perfume, el que su marido prefería, el que reconocería al recibir el envío.

Fuente: A. N. Pirozhkova, At His Side, Vermont, 1996.

***

Sacha Guitry está acompañado en su lecho de muerte por su quinta esposa, Lana Marconi, una emprendedora y munificente rumana a la que intentó convertir en actriz. Ella le seca la transpiración de la frente afiebrada, le acaricia el pelo. Hombre de teatro hasta el fin, Sacha toma en sus manos las de su esposa y murmura: "Estas manitas, estas manitas… estas manitas que van a hurgar en mis cajones…".

Fuente: desconocida, transmitido por Alberto Tabbia, c. 1990.

***

Giorgio de Chirico y Carlo Carrà fueron exceptuados del servicio durante la Primera Guerra Mundial con un diagnóstico de "inestabilidad psicológica". Según el cineasta Sandro Franchina –nieto de otro pintor futurista, Gino Severini–, ambos artistas sostenían que lo habían obtenido mostrando sus cuadros a las autoridades militares.

Fuente: oral, Sandro Franchina a E. C., París, 1996.

Años antes de que sus convicciones lo llevaran a militar en las Brigadas Rojas y a morir cuando intentaba colocar una carga de nitroglicerina al pie de un cable de alta tensión en las afueras de Milán, el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli conoció su primer éxito con El doctor Zhivago de Pasternak, cuyo original logró hacer salir de la Unión Soviética y promovió con fino sentido literario y político hasta obtenerle el premio Nobel. En Italia ese triunfo quedó adherido a su nombre. Su compañera Inge Schönthal, Feltrinelli en la vida mundana, logró convencer a la madre del editor para que reabriese la mansión familiar del lago de Garda, clausurada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Mussolini se había instalado en ella durante la efímera "república social" de Saló y la venerable matrona percibía en sus cuartos una indeleble persistencia de tiempos aciagos.

El primer día en que la familia reunida tomaba el té a orillas del lago, no pudieron evitar oír el altoparlante del guía turístico de un barco de excursión: "A la derecha, la residencia de Mussolini, hoy ocupada por el doctor Zhivago".

Fuente: Gregor von Rezzori, Mir auf der Spur, Múnich, 1997.

***

La fama del director de orquesta Eduardo Bianco fue siempre una incógnita para el argentino aficionado al tango. Compositor, chansonnier, editor musical, fue el "embajador del tango argentino en París", animó el dancing de La Coupole hacia 1924 con la orquesta Bianco-Bachicha, dirigida junto a Juan Bachicha Deambroggio y muy pronto formó su propio conjunto.

En la Argentina había dedicado sus primeros tangos a amigos como Macoco Álzaga Unzué y Alejandro Menéndez Behety. En Europa tuvo admiradores menos distinguidos pero más poderosos: a principios de la Segunda Guerra Mundial, tocó en el teatro Scala de Berlín ante Goebbels, Hess y, según algunas fuentes, el mismo Führer. Bianco siempre negó que "Plegaria", su tango dedicado a Alfonso XIII, hubiese sido la música que los jefes de los campos de concentración hacían tocar a las orquestas de prisioneros rumbo a las cámaras de gas. Según tradición oral, entre estos el tango era conocido como "Tango de la muerte". En todo caso, ese fue el título, luego cambiado por "Fuga de la muerte" (Todesfüge), del primer poema que Paul Antschel firmó como Paul Celan.

Su vuelta a la Argentina una vez terminada la guerra le provocó una gran decepción. Sus versiones bailables para el gusto europeo no pudieron competir con Troilo, Di Sarli y Pugliese. Su vida de músico se apagó con giras por Oriente Medio, apreciado por públicos menos exigentes, el rey Faruk de Egipto entre ellos.

De su fama en tierras lejanas hay muchos testimonios. Sadik Nehama Gershon, "maestro Sadik", legendario intérprete sefardí popular en Alejandría, Estambul y Salónica, era llamado "gramófono" porque le bastaba escuchar una pieza una sola vez para repetirla: "en turko, en grego, en ewspanyol i franko / mezmo los tangos de Edwardo Byanko".

Fuentes: Enrique Cadícamo, La historia del tango en París,

Buenos Aires, 1975; Mark Mazower,

Salonica. City of Ghosts, Londres, 2004.

***

En Belgrado, en los años 60, solía contarse esta anécdota. Un rey, tuerto y jorobado, encargó su retrato. El primer pintor convocado lo representó con los dos ojos bien abiertos y muy erguido. "Ese no soy yo", dictaminó el monarca e hizo ahorcar al cortesano. El segundo pintor lo retrató tuerto y jorobado. "Ese es un monstruo", exclamó el monarca. El artista sufrió la misma suerte que el anterior. Un tercer pintor sugirió una puesta en escena: "Majestad, me gustaría retratarlo en una de sus cacerías. Apoye un pie sobre esta piedra e incline el torso hacia adelante para sostener el fusil mientras hace puntería cerrando un ojo…". El rey quedó plenamente satisfecho con la obra. El comentario era: "Ese día nació el realismo socialista".

Fuente: Dušan Makavejev, París, 1975.

***

Harto de escuchar a Olga Khokhlova pidiéndole que opinara si debía cortarse el pelo o no, Picasso tomó unas tijeras y se lo cortó. Esa noche la invitó a la Opéra Comique a escuchar Pagliacci. De vuelta a casa, la desvistió con mucha ternura e hicieron el amor.

A la mañana siguiente, un sirviente anunció una visita que deseaba hablar con la señora. Olga alegó que no estaba vestida y le pidió a su marido que la atendiese. "De ninguna manera –replicó él–; preguntó por ti".

Diez minutos más tarde, Olga reaparece, muy pálida, con un papel en la mano que el visitante le había entregado: una citación judicial por el procedimiento de divorcio iniciado por Pablo. Encuentra al pintor ante su caballete, absorto en su trabajo, cantando a voz en cuello un aria de Pagliacci. Olga hace sus valijas y se muda con su hijo Paulo al sur de Francia.

Fuente: Arthur Gold y Robert Fizdale,

Misia, Nueva York, 1979

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.