Malvinas vota: un mensaje sin matices

Empieza el plebiscito, en un clima probritánico
Martín Dinatale
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10 de marzo de 2013  

PUERTO ARGENTINO.– El viento helado y una lluvia persistente no lograron desanimar ayer a unos cien isleños que con autos y camionetas se reunieron en un monte frente a esta ciudad para formar con los vehículos la palabra YES. En este clima de optimismo y de alta expectativa, los malvinenses realizarán entre hoy y mañana el r eferéndum para definir si quieren seguir siendo o no un territorio de ultramar de Gran Bretaña y abrir la posibilidad al debate de la autodeterminación.

Todos coinciden aquí en que se trata de un "momento histórico" y, casi sin matices, creen que el resultado significará un gran gesto contra la Argentina , que en los últimos años intensificó sus reclamos de soberanía sobre las islas.

Algunos son viscerales y otros un poco más moderados. Pero no hay quienes se muestren abiertamente antibritánicos o proargentinos. Al menos, no lo demuestran en público.

El referéndum se vive como una verdadera fiesta , que ayer mostró su rostro visible con ese yes marcado por camionetas que llevaban la bandera de las islas Malvinas.

"British, soy british y voto por el sí. Es lo que debemos hacer", comentó ayer a LA NACION un veterano taxista de esta ciudad. Su compañero de ruta que llegaba mojado del acto por el "yes" lo avaló por completo. "No se puede dudar mucho cuando hay que elegir entre Gran Bretaña y la Argentina, ¿verdad?", dijo, sonriente.

Un total de 1670 malvinenses de los 2560 habitantes que hay aquí estarán en condiciones de votar hoy. Son todos aquellos que tienen un mínimo de siete años de residencia y los papeles de ciudadanía en orden. Entre ellos hay chilenos y argentinos.

Cada uno recibirá a la hora de votar una papeleta con la pregunta: "¿Desea que las islas Malvinas mantengan su actual estatus de territorio de ultramar del Reino Unido? Sí o no". Debajo de esa pregunta aparecerá un texto que sostiene: "La situación política actual de las islas Malvinas es que son un territorio de ultramar del Reino Unido. Las islas tienen autonomía interna y el Reino Unido es responsable de la defensa y las relaciones exteriores".

Pero para que no queden dudas de que nadie les impone nada se aclarará que "conforme a la Constitución de las islas Malvinas el pueblo tiene derecho a la libre determinación, que puede ejercer en cualquier momento. Dado que la Argentina está llamando a las negociaciones sobre la soberanía de las islas Malvinas, este referéndum se está realizando para consultar al pueblo sobre sus puntos de vista sobre la situación política de las islas". Y de inmediato, la papeleta pone que si la mayoría de los votos emitidos resultara en contra de la situación actual, el gobierno de las Malvinas llevará adelante las consultas necesarias y los trabajos preparatorios con el fin de llevar a cabo un referéndum sobre las opciones políticas alternativas.

Se pondrán muchas cosas en juego. No es un simple referéndum para testear el conocido estatus político de las islas y su alineamiento con Londres. Se juega también en las urnas la cristalización de los históricos tironeos entre Londres y Buenos Aires. Algunos aducen que el resultado podrá ser un gesto embrionario de los isleños para empezar a definir su identidad como pueblo.

Para los isleños el referéndum es al mismo tiempo una oportunidad de una inédita apertura hacia América latina. No es casual que el gobierno de las islas haya hecho, junto con la diplomacia británica, un arduo trabajo para traer a esta consulta un amplio grupo de observadores de América latina y el Pacífico Sur. Para el gobierno argentino, los comicios que se harán aquí no son más que un "acto ilegítimo", carente de todo fundamento jurídico, ya que, aducen, no cuentan con el aval de las Naciones Unidas y no se encuadran en la lógica internacional del reclamo de autodeterminación de un pueblo originario.

Dick Sawle es miembro de la Asamblea Legislativa de las islas y fue uno de los mayores promotores del referéndum. Por eso, no es casual que diga a LA NACION: "Con la votación se enviará el mensaje más fuerte posible de las islas Falkland de que estamos orgullosos de ser británicos". Sawle añadió: "El que hace caso omiso de nosotros no tiene en cuenta nuestro derecho humano fundamental a la libre determinación, el derecho que tenemos de elegir qué sistema político deseamos tener".

El sacerdote apostólico Michael Bernard McPartland, de la Iglesia de St. Mary, está desde hace unos diez años en Puerto Argentino y si bien no irá a votar, hoy expresa que "los isleños realmente quieren que su país permanezca como un territorio británico de ultramar, no como colonia".

Habrá en esta jornada observadores de todo el mundo. Algunos convocados por las autoridades isleñas y otros que llegaron por su cuenta, como Alasdair Pinkerton, profesor de Geografía y Geopolítica de la Universidad de Londres. Llegó especialmente para el referéndum y dice a LA NACION que "la relación entre el Reino Unido y la Argentina está en su peor momento desde 1982" y cree que este referéndum no hará sino "aumentar el riesgo de la Argentina cada vez más agresiva hacia la comunidad de las islas y su bienestar económico". Este catedrático cree que un resultado del sí en las urnas "podría revelar si existe algún apoyo a una política más firme de independencia de Gran Bretaña en el largo plazo".

Si gana el sí, los isleños mantienen el actual estatus, pero se preservan el derecho a la libre determinación para revisar su estado en cualquier momento, lo que podría incluir la plena independencia en el futuro. Éste es uno de los mayores temores del gobierno argentino: es decir, que con este resultado en la mano los isleños recurran en junio al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas para discutir la cláusula de autodeterminación de los pueblos contemplada por la ONU. Este plan busca romper lisa y llanamente con el esquema jurídico de reclamo de soberanía de la Argentina que siempre se planteó desde el fundamento jurídico de la integridad territorial.

La Casa Rosada no sólo sostiene que el referéndum es "ilegítimo", sino que plantea que la figura jurídica de la autodeterminación de los pueblos es "errónea" porque entiende que los isleños que hoy viven en Malvinas son una "población implantada" y no un pueblo autóctono. Más allá del debate jurídico, en la administración de Cristina Kirchner están preocupados por el resultado del referéndum. No fue casual el comunicado que emitió anteayer la Cancillería en el que calificó de "ridículo" el referéndum. Más muestras de inquietud: la Cancillería emitió un cable reservado a todas sus embajadas con un "instructivo" para explicar al mundo por qué cree en la "ilegitimidad del referéndum".

Para contestar a esta eventual estrategia de la Argentina en la ONU, Mike Summers, otro de los legisladores de las Malvinas, viajó a Estados Unidos para explicar allí los alcances del referéndum. En diálogo con LA NACION, dijo: "Todo está preparado para que los isleños tengan por primera vez la oportunidad de declarar formalmente su posición sobre nuestro futuro político". Y subrayó: "Apoyar el derecho a la autodeterminación no es una muestra de apoyo para el Reino Unido, sino de oposición a las aspiraciones colonialistas de los argentinos".

La batalla por los veedores

PUERTO ARGENTINO (De un enviado especial).– Fue una de las mayores pulseadas que se dio en las sombras de la diplomacia de Gran Bretaña y la Argentina. La estrategia destinada a los observadores electorales internacionales buscó disuadir, en el caso argentino, o convencer, en el lugar de los británicos.

La Argentina realizó desde diciembre un fuerte ejercicio de sus embajadas en todo el mundo para convencer al mundo de no enviar veedores aquí. Gran Bretaña desplegó todos los dispositivos de su diplomacia para convencer a sus países aliados y a otros no tanto sobre la necesidad de enviar observadores a las islas.

El canciller Héctor Timerman emitió varios cables reservados a sus embajadores para instruirlos sobre el plan de disuasión y sustentar en el plano internacional el argumento de "ilegitimidad" del referéndum. Buena parte de esta siembra se cosechó entre los países de la Unasur, en algunos africanos y europeos y en Asia.

Gran Bretaña y el gobierno de las Malvinas hicieron un fino trabajo silencioso. Lograron que un grupo de observadores internacionales esté presente hoy en la consulta. Ayer, llegaron al hotel Malvina House los referentes de la Misión Internacional de Observación del Referendo (MIOR).

Este equipo conformado por referentes de América latina y el Pacífico Sur determinará si el voto de los malvinenses es "libre, justo y representativo de la voluntad de los isleños". Este grupo estará dirigido por Brad Smith y el colombiano Juan Manuel Henao. Incluirá un número de funcionarios electos, líderes de la sociedad civil y expertos técnicos. "El equipo internacional ha sido convocado por Canadem, una ONG sin fines de lucro que se dedica a promover la democracia, con sede en Canadá", dijo a LA NACION Henao para desterrar la idea de que fueron incentivados por Gran Bretaña.

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