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Bergoglio declaró como testigo en la causa por el secuestro de dos curas

En el marco del juicio por la ESMA en 2010 relató cómo intercedió ante la dictadura para que liberaran a los religiosos; el periodista Verbitsky, en cambio, lo acusa de haberlos entregado
Hernán Cappiello
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14 de marzo de 2013  

El papa Francisco declaró hace dos años como testigo en el mayor juicio por violaciones de los derechos humanos durante la dictadura militar argentina. Relató su actuación cuando dos sacerdotes jesuitas permanecieron seis meses secuestrados en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde fueron torturados.

Las gestiones que relató haber hecho ante Jorge Videla y Eduardo Massera para su liberación y la protección que les brindó ocuparon las cuatro horas que declaró ante los jueces en el despacho que Jorge Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires, ocupaba en la Catedral el 8 de noviembre de 2010.

Sin embargo, un sector del kirchnerismo cuestiona su actuación y señala que desprotegió a los sacerdotes y posibilitó su secuestro. Horacio Verbitsky, titular del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), acusa a Bergoglio de haber entregado a los sacerdotes que trabajaban en el Bajo Flores, dejando el camino libre para que los secuestraran. Yorio falleció, según dijeron a LA NACION en el CELS, y Jalic vive en Alemania. Bergoglio nunca quiso abonar la polémica por esta acusación.

Estas acusaciones inundaron hace 8 años las casillas de correo de los cardenales reunidos para elegir al sucesor de Juan Pablo II apenas se mencionó a Bergoglio como papable. Así lo relatan los periodistas Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti en su libro El jesuita, una biografía del ahora papa. Estas acusaciones periodísticas, sin correlato judicial, no generaron ninguna imputación ni causa pendiente.

En el entorno del nuevo papa suman historias sobre su papel para esconder en la Iglesia y sacar del país a jóvenes perseguidos por la dictadura. En 1976, con 40 años y siete de cura, Bergoglio era el superior provincial de la Compañía de Jesús en la Argentina cuando dos sacerdotes, Orlando Yorio y Francisco Jalic, fueron secuestrados entre mayo y octubre.

El libro El jesuita señala que el rol de Bergoglio fue ayudar a escapar a los perseguidos por la dictadura. Le dio su cédula de identidad a un muchacho parecido a él, perseguido por su ideología, para que pudiera cruzar la Triple Frontera disfrazado de cura.

El salesiano Toberto Musante, que misiona en Angola y conoció a Bergoglio cuando ambos eran veinteañeros, recordó su actuación en los 70. En contacto vía mail con LA NACION señaló: "A raíz de nuestra relación con el obispo mártir Enrique Angelelli, conversé varias veces con Bergoglio y siempre estuvo convencido de que lo de Angelelli fue un asesinato. Recibió a sus seminaristas cuando comenzaron las agresiones a los sacerdotes y laicos en la dictadura en La Rioja. También ayudó a mucha gente perseguida". Lo describió como "sencillo, ausente de protocolos, amigo de los curas villeros y de los pobres".

Por el secuestro de los jesuitas, Bergoglio declaró hace dos años ante el Tribunal Oral N° 5, que condenó a prisión perpetua a Alfredo Astiz y Jorge "el Tigre" Acosta, entre otros líderes de la represión en la ESMA. Su testimonio fue pedido por el abogado Luis Zamora, quien representó a familiares de las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Dumont.

En su declaración, Bergoglio dijo que supo que los curas estaban en la ESMA y que hizo gestiones ante Videla y Massera. Zamora dijo a LA NACION que Bergoglio fue un "testigo reticente". Estas denuncias fueron realizadas originalmente por Emilio Mignone, fundador del CELS y padre de una de las catequistas secuestradas, quien sostuvo en 1986 que las autoridades religiosas daban luz verde para los secuestros.

Verbitsky le reprocha a Bergoglio su actuación cuando el cura Jalic, en Alemania, le pidió que intercediera ante las autoridades militares para que le renovaran el pasaporte, dado que temía volver al país y que lo detuvieran. Verbitsky cita un documento de la Cancillería que sostiene que Bergoglio les transmitió que Jalic había sido acusado de terrorista y que recomendaba que no le diera el pasaporte. Pero Bergoglio negó estas acusaciones y dijo que "puso la cara" por Jalic cuando pidió el pasaporte.

La mayor defensora de la actuación de Bergoglio es Alicia Oliveira, ex jueza durante la dictadura y ex abogada del CELS. Ella afirma que Bergoglio les advirtió a los sacerdotes Jalic y Yorio del peligro que corrían y que ellos no le hicieron caso. En El jesuita, Bergoglio relata que para llegar a Videla convenció al vicario castrense de que se declarara enfermo y así ofició una misa en la quinta de Olivos. Esta cercanía permitió -dijo- hablar luego a solas con él e interceder por los religiosos.

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