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El dolor de la guerra aún se vive a diario en Malvinas

Los isleños descreen de la posibilidad de diálogo y son permanentes las referencias al conflicto
Martín Dinatale
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17 de marzo de 2013  

PUERTO ARGENTINO.- Corre un viento helado, pero igualmente Teddy, el dueño de una casa de suvenires de la calle Ross luce orgulloso una remera de manga corta que dice: "Las Falklands [Malvinas] seguirán siendo británicas. Lo único que hay aquí de la Argentina son las minas" y tiene escrito con rojo fuerte el signo de campo minado. La Guerra de 1982 sigue apareciendo por todos lados. Se mezcla en cada conversación y el reciente referéndum no ayudó en nada para olvidar aquellos oscuros días. Por el contrario, un sentimiento antiargentino revivió en las calles.

En los campos de batalla de Goose Green y de Wireless Ridge sólo hay silencio y entre las trincheras que han quedado con botas de soldados argentinos y pertrechos de armas sopla fuerte el viento. En el cementerio argentino de Darwin también calan profundo la tristeza y el viento. En el ambiente se perciben las locuras de la guerra, de la muerte y la imposibilidad de un entendimiento pacífico. Ese silencio de diálogo sigue desde hace 31 años. Las palabras del primer ministro británico, David Cameron, o de Cristina Kirchner sólo han echado nafta al fuego. El referéndum fue otra gota de combustible y la mirada "anti-Argie" de los isleños se agudizó.

"La guerra ha dejado muchas heridas y es muy difícil volver a dialogar. No tengo esperanzas por ahora", comenta el sacerdote anglicano Richard Hines. Lleva más de siete años aquí y conoce bien a los malvinenses. No hace falta la confirmación de este cura para saber que la guerra perdura entre la vida de los isleños. Para darles la bienvenida a los periodistas que cubrieron el referéndum el gobierno de las islas entregó un libro de 20 páginas que se titula: Nuestras islas, nuestro hogar. Allí hay historias de isleños y sus recuerdos de la guerra, con fotos de cuando eran niños.

John Carlin es un reconocido periodista británico que retrató la vida de Nelson Mandela en el libro Factor humano, del que se basó la película Invictus, dirigida por Clint Eastwood. También vivió y trabajó en la Argentina. Llegó aquí para cubrir el referéndum para el diario El País, de Madrid. Sus largos años en la Sudáfrica del post apartheid le enseñaron una lección de vida que ajusta para las Malvinas de hoy: "Acá sólo hace falta diálogo. Es el único camino. Los dirigentes políticos deberían aprender mucho de Mandela y sentarse a hablar", comenta a LA NACION.

La palabra diálogo es una utopía, aunque se vislumbra de a ráfagas. "Queremos dialogar con ustedes. Estamos dispuestos a convivir con argentinos. Pero siempre aparece Cristina con frases duras y nos quita todas las ganas", dice a LA NACION un mecánico de helicópteros militares que se pasea por el Globe Tabern.

No sólo lo dice un británico de estas islas. El argentino Sebastián Socodo, que cuida el cementerio de Darwin, es tajante: "El referéndum no cambiará mucho la cosa. La guerra marcó mucho aquí, pero en nada ayuda la tensión que genera el gobierno argentino y que ahuyenta toda posibilidad de diálogo", expresa en el hotel Malvina House. A pocos kilómetros de allí, hay un cartel con una foto trucada de Cristina Kirchner que posa con una pancarta que dice: "OK. Ustedes ganaron. 99% por el sí".

La amenaza argentina de una guerra sigue siendo una constante y la defensa militar otorga tranquilidad a los isleños. El mayor Peter Biggs abona esa teoría. Está a cargo de la compañía militar de Puerto Argentino, tiene vínculos permanentes con los militares de la Royal Marine del Reino Unido apostados a unos 60 kilómetros, en la base de Mount Pleasant. "Estamos preparados para un ataque. Espero que no suceda, pero el gobierno argentino sólo se muestra agresivo con nosotros y nos da argumentos", reflexiona, luego del referéndum en el que los isleños decidieron seguir bajo la protección militar británica y permanecer como territorio de ultramar del Reino Unido. Los trabajos de desminado que hacen unos expertos de Zimbabwe por todas las islas confirman que la guerra sigue presente en la vida diaria. Aún resta desactivar 18.000 minas.

En la fila opuesta a Biggs se encuentran Gustavo Giménez y Eduardo Mirabetto, dos ex combatientes del centro de veteranos de Ituzaingó que llegaron en la semana del referéndum. "Hay que escuchar a los isleños y estar acá. Debemos retomar el diálogo, porque las agresiones de la Presidenta no son el camino. Con eso los isleños sienten que enfrentan todos los días otra guerra", reflexiona Giménez, conscripto en 1982.

Gavin Short es uno de los siete consejeros de la administración de las islas. Nació aquí y sufrió la guerra. "Eso nos ha dejado sentimientos muy profundos de tristeza. No será fácil retomar el diálogo", dice. Fue uno de los promotores del referéndum y quien leyó una carta a Cristina Kirchner que en duros términos decía: "No queremos estar bajo un gobierno argentino. Espero que nos respete y que el mundo oiga nuestro mensaje".

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