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El éxtasis familiar por el "loco de la guerra"

El miércoles, después de ser elegido papa, Bergoglio llamó a su hermana y desató la alegría entre todos
Santiago Dapelo
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17 de marzo de 2013  

El humo blanco provocó la primera reacción.

Todos se sentaron y esperaron, pero no había ansiedad. Nadie creía que Jorge podía ser elegido. Por eso, cuando los ventanales del Vaticano se abrieron, el miércoles pasado, la casa de María Elena Bergoglio, en Ituzaingó, se paralizó. Nadie supo cómo reaccionar. Todo era alegría, felicidad, incredulidad. Y un rato después llegó el éxtasis. Entre todas las llamadas se coló la inesperada: era Jorge desde Roma. El papa Francisco.

"Te digo un secreto… Sí, hablé con Jorge. Las emociones surgieron del corazón. ‘Estoy muy bien’, eso fue lo único que me dijo." La conversación duró unos pocos minutos y los dos lloraron. El Papa le pidió que se comunicara con el resto de la familia así no gastaba dinero de "las arcas del Vaticano" y le manifestó que prefería que no viajara en este momento.

Jorge Bergoglio terminó el Industrial a los 19, porque ese tipo de escuela insume un año más de escolaridad. En ese momento le comunicó a la madre que se había decidido. Que su camino continuaría en la Facultad de Medicina. Regina María Sívori, su mamá, se alegró con la noticia. "Lo apoyó y le acondicionó una habitación, que era un cuarto de cachivaches que había en la terraza, para que pudiera estudiar tranquilo", recordó María Elena Bergoglio.

Un día, sin embargo, Regina entró a la habitación para limpiarla. Pero se topó con una sorpresa: libros de teología. La hermana del papa Francisco, la única de los otros cuatro hermanos con vida, relató la conversación entre la madre y el hijo.

–Jorge, vení, vos me dijiste que ibas a estudiar medicina.

–Sí, mamá.

–¿Por qué me mentiste?

–No te mentí mamá, voy a estudiar medicina del alma.

Ese día su madre lloró y su padre se alegró. "Entendió que Jorge se iba… por eso la carucha de mamá", contó María Elena o Mariela o Malena o "nena", según el humor que Bergoglio tiene cuando la llama.

El Sumo Pontífice nació en un típico hogar de inmigrantes. Su padre, Mario, llegó a la Argentina cuando tenía 21 años y ya era contador. El primer barrio en el que vivió fue Boedo, de ahí su fanatismo por San Lorenzo, pasión que heredó su hijo mayor. Poco después de instalarse conoció a Regina, con quien se casó seis años después. Tuvieron cinco hijos: Jorge, Oscar, Marta, Alberto y María Elena.

Unos años después el matrimonio se mudó a la casa de Membrillar 531, en Flores, donde Bergoglio recibió el llamado de Dios. Era una casa de tradición italiana. Y como marca el rito, la hora de la comida era un momentos especial para la familia. En particular los domingos, cuando las cenas se podían extender hasta la madrugada. Mario fue un padre firme, recuerda María Elena, pero jamás les levantó la mano a sus hijos. Ése era el papel que cumplía la madre. "Papá nos miraba y preferías 10 latigazos antes de que te mirara. Con mamá volaba el sopapo, pero también pobre mujer... era cinco", dijo, riendo.

De pequeño, Jorge era un chico normal. Humilde, cordial, divertido y alegre, llevaba una vida acorde a la de cualquier joven de su época. Además de futbolero y apasionado de la música. En el repaso familiar hay otro hecho que aún se mantiene en reserva, incluso para María Elena, la novia de Jorge. "No es que estaba de novio, se gustaban. Era una chica del grupo de acción católica de la parroquia. Un 21 de septiembre el grupo organizó un picnic, pero antes de salir pasó por la Iglesia para saludar a la Virgen; nunca llegó a la celebración por el Día de la Primavera. Tomó el camino por otro lado del amor", sostuvo María Elena.

"Es un loco de la guerra –agregó–. Le encanta hacer chistes. El que viste estos días es mi hermano; es un Jorge auténtico."

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