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La brecha cambiaria: esta vez no será distinto

Nicolás Dujovne
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18 de marzo de 2013  

La existencia de una brecha alta y creciente entre el tipo de cambio oficial y el paralelo refleja la visión de los tenedores de pesos de que el primero se encuentra sobrevaluado y que hoy puede ser negocio ahorrar en divisas adquiridas a una cotización que supera en casi 60% la vigente en el inaccesible mercado oficial. Las historias de tipo de cambio atrasado y tipos de cambios múltiples o ilegales nunca han dado resultados alentadores, y esta vez no será diferente.

Es imposible llegar a un número mágico que englobe la infinidad de cuestiones que determinan cuál es el tipo de cambio adecuado para un país. Pero en el caso de la Argentina algo está claro: al prescindir del crédito externo y habiendo caído sus reservas hasta un nivel demasiado bajo, es necesario un tipo de cambio competitivo que le permita al Gobierno cumplir con los múltiples objetivos a los que se somete la política cambiaria.

En el esquema elegido por el Gobierno el superávit de comercio es el único proveedor de divisas. No hay inversión externa directa, y el poco financiamiento que existía se terminó de cortar luego de la implantación del cepo y del conflicto con los holdouts. El tipo de cambio debería ser entonces lo suficientemente competitivo para generar, mediante el superávit comercial, los dólares que no provee el financiamiento externo. Claramente, la Argentina no tiene hoy ese tipo de cambio.

Desde una perspectiva de largo plazo, el tipo de cambio real bilateral contra el dólar se encuentra 40% por encima con respecto al promedio de los últimos 42 años (1970-2012) y 25% con relación al promedio 2007-2012. Para situarse en el promedio 1970-2012, el tipo de cambio oficial de $ 5 debería depreciarse 62%, hasta $ 8 por dólar, y para recuperar el nivel equivalente al del promedio 2007-2012 debería depreciarse 30%, a $ 6,5 por dólar.

El peso sólo se encuentra hoy en niveles más "competitivos" que el vigente entre 1991 y 2001, período en el que el desempleo nunca bajó del 10%. También debe considerarse que la Argentina vive hoy una situación de aislamiento financiero similar, aunque por distintas razones, a la de los años 70 y 80. Y en aquellas dos décadas de escasez de crédito externo, el tipo de cambio real duplicaba al que surge de las operaciones oficiales de 2013.

Especialmente a partir de 2007 el clima de negocios en la Argentina se ha deteriorado de manera notable. La falsificación de las estadísticas oficiales, el aumento del déficit financiado con emisión y la inflación han tenido consecuencias sobre la percepción del riesgo de invertir en el país. Si en los años 90 la Argentina era "puro" clima de negocios con una moneda muy apreciada, la última década ha mostrado la situación exactamente inversa. Estos últimos años, probablemente hasta 2010, se han caracterizado por la existencia de un tipo de cambio competitivo que ha compensado las notables deficiencias del esquema económico en vigor. Y ese tipo de cambio hoy ya no existe, a la vez que las inconsistencias de la política económica no han dejado de aumentar.

No sólo la sobrevaluación del peso afecta el crecimiento. El tamaño de la brecha también lo hace: aquellos que quisieran aprovechar la depreciación del tipo de cambio "paralelo" para invertir en la Argentina a precios que reflejan más adecuadamente el riesgo futuro de depreciación, no pueden hacerlo. La Argentina combina entonces hoy una brecha entre los tipos de cambio compatible con la vigente en algunos períodos de los años 80, con una tecnología impositiva de última generación que impide el arbitraje en el valor de los activos reales que sostenga un proceso inversor basado en el abaratamiento de los activos fijos valuados al tipo de cambio no oficial.

La política económica muestra el desorden de ideas que rige el pensamiento del Gobierno. Es probable que hasta las elecciones de octubre dicho desorden pueda ser sostenido con parches y con una política cambiaria en la que el Gobierno les da un rol más importante a la AFIP y a la policía que al Banco Central. Pero cada vez será más difícil para el Gobierno seguir intentando parecerse a Tlön. En el cuento de Borges, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, el mundo del narrador es el mundo real y Tlön es una ficción que poco a poco se interpone con él. Como la Argentina real se interpone con el mundo imaginario que intenta crear el Gobierno.

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