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Majul: "Marcelo Tinelli quedó preso de una interna política"

Luis Majul y una nueva temporada de La cornisa
Luis Majul y una nueva temporada de La cornisa
El periodista, que empieza una nueva temporada de La cornisa, habló con LA NACION sobre qué significa ser periodista hoy, la televisión y sus futuros proyectos
Martín Artigas
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22 de marzo de 2013  • 09:41

Libros, papeles, una pizarra blanca, una computadora y la radio encendida aportan los elementos para que la oficina de Luis Majul sea, justamente, una oficina. Es extraño verlo sin traje, aunque dicen que el hábito no hace al monje y él es un claro ejemplo: revisa su correo, se sorprende leyendo los comentarios que le dejan en la columna que escribió para LA NACION, atiende el teléfono y pide disculpas. No para de trabajar porque este domingo regresará a la pantalla de América con la temporada número 15 de La Cornisa, y ese elocuente número lo invita a hacer un balance sobre el camino recorrido.

-Cuando hiciste ese primer programa, en 1998, ¿te imaginaste que iba a tener continuidad?

-No sé si lo imaginé, pero lo esperé. No genero proyectos de manera compulsiva. Ahora, por ejemplo, tengo un sello editorial, Margen Izquierdo, y la idea es que vaya creciendo de a poco, fortaleciéndose con una identidad definida. Por otro lado, no soy explosivo ni súper carismático, pero estoy en el medio de una pelea de los periodistas con el Gobierno.

-¿Y cómo se vive eso?

-Se han encargado de demonizarme, contar mentiras, enviarme la AFIP sin tener ningún argumento de seriedad para imputarme, me han quitado la publicidad oficial... Hace diez años que me golpean y sigo de pie. Por eso les digo a los importantes funcionarios del Gobierno con los que hablo a escondidas para que la presidenta no los rete: "Hacen un mal negocio enviando a agredir o insultar porque si el objetivo es desmoralizarme, lo que provocan es todo lo contrario. No gasten más plata del Estado en mí porque es una mala inversión".

-¿Recibís muchos insultos?

-No suelo leer los comentarios que dejan en las notas que hago, pero en la última que publiqué en LA NACION hice un análisis político sobre la elección de Jorge Bergoglio como enemigo del Gobierno y en cómo ahora se convirtió en alguien a quien es necesario seducir. Si a ese análisis político se contesta con agravios o descalificaciones, lo que significa es que no tienen argumentos.

Estoy en el medio de una pelea de los periodistas con el Gobierno. (...) Hace diez años que me golpean y sigo de pie.

-¿Estás seguro de que no los tienen?

-Bueno, son desopilantes... Es José Pablo Feinmann diciendo: "Che, no sean giles, muchachos, la presidenta puso el freno de mano y ahora lo tenemos que seducir como hicimos con Perón en su regreso del exilio".

-¿Pero quién baja línea sobre lo que hay que hacer o decir?

-El primero fue Néstor Kirchner. Él tomó la decisión política de plantarse frente al enemigo como una manera de construir poder. En 2004, cuando lo entrevisté, me dijo: "¿Vos viste cómo me putean a Cristina y a mí en internet? Hay que combatirlos políticamente. Voy a generar una red de gente que los reputee". Ese es el origen primario, y tuvo continuidad en el tiempo. Después, obviamente que hay una carrera de embolsados para ver quién es más chupamedias y consigue un cargo en el Anses.

-¿Creés que esa mecánica se agota?

-Lo que creo es que es sumamente dañina porque viene produciendo una fractura cultural muy grave, que le hace muy mal a las instituciones, a nosotros mismos y a nuestros hijos, que conviven con esa estrategia política de "amigo/enemigo".

-¿Por qué los programas políticos han quedado relegados a los domingos por la noche?

-No definiría ni al programa de Lanata ni al mío como programas políticos, si no como periodísticos de actualidad. Eso explica que La Cornisa siga viva y con muy buena salud.

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-¿Y 678?

-Eso es propaganda. No tiene nada que ver con un programa de televisión, no tiene formato, ni honestidad, ni ética...

-¿Pensás lo mismo de Bajada de línea?

-También es propaganda, aunque quiera tener la apariencia de un programa periodístico. No hay dos miradas, no hay discusiones honestas ni transparentes. Bajada de línea es una bajada de línea, justamente.

-¿Qué te genera ver a Víctor Hugo Morales en ese lugar?

-Tristeza. Lo mismo cuando pienso en lo que era Diego Gvirtz antes de ser comprado o de venderse, porque sentía que era un productor muy creativo, muy inquieto y que todo el tiempo podía sorprender.

-¿Fuiste amigo de Víctor Hugo?

- No, pero siempre tuvimos buena relación hasta esa locura que hizo en la presentación de El dueño. No siento bronca sino pena; me parece que rifó su prestigio, su credibilidad, y con el paso del tiempo eso se va a hacer más notorio. Justamente, el segundo libro que publicará Margen Izquierdo será una biografía de Víctor Hugo escrita por Pablo Sirvén que saldrá a la venta en mayo. Se llama El converso y es un documento brutal, de una precisión tremenda.

-¿Creés que es un buen momento para que el periodismo se mire a sí mismo?

-Considero que hay periodistas que son biografiables y periodistas que no. Con Lanata busqué ser honesto alrededor de la figura de alguien que tiene gente que lo odia profundamente y gente que lo ama como si fuera un rockstar .

-¿Fue difícil convencerlo de hablar de su vida?

-No. Fue complicado porque hago lo mismo que él y, al transformarlo en objeto de mi investigación, tuve que despojarme del ego que todos tenemos y admitir que muchas de las cosas que hace las hace mucho mejor que yo. Fue una experiencia terapéutica muy particular.

-¿Lanata leyó tu libro?

-No. Ayer estuve con él, hacía mucho que no lo veía y fui a llevarle otro ejemplar. En la dedicatoria le puse: "Espero que lo leas antes de cumplir los 100 años". Le dije que sabía por qué no lo leía. Primero, porque la vida de Jorge Lanata no escrita por Jorge Lanata, lo saca de registro; en el fondo no soporta que otro haya escrito su historia. El otro motivo es que detenerse a mirar fotos viejas y ponerlas en contexto es muy fuerte, te sacude.

«No soy biografiable. Sería recontra aburrido el libro, no tendría los elementos picantes o cinematográficos que tienen la vida de Lanata.»
«No soy biografiable. Sería recontra aburrido el libro, no tendría los elementos picantes o cinematográficos que tienen la vida de Lanata.»

-¿Dejarías que él escriba tu biografía no autorizada?

-No soy biografiable. Sería recontra aburrido el libro, no tendría los elementos picantes o cinematográficos que tienen la vida de Lanata.

-¿Cómo es Luis Majul cuando se saca el traje de periodista? ¿Conseguís relajarte en algún momento?

-No soy un tipo muy relajado... Sólo en mi casa lo consigo. Mi familia nunca aparece en mi crónica pública y está muy bien eso.

-Pero, ¿conseguís apagar el teléfono por un rato?

-Sí, claro. En momentos como este, cuando estoy por empezar el programa, justamente no. Pero hay otros en los que sí lo consigo. Y trato de que eso suceda cada vez más seguido.

-Te resulta imprescindible.

-Justamente lo hablaba con mi mujer y mis hijos. Ellos me decían: "Llevás 15 años con el programa y estás nervioso, vas y venís, escribís una nota, te parás, llamás por teléfono, pensás en la escenografía...". Estoy en carrera y de pie porque le presto atención a esas cosas. Este es un mundo muy profesional, con un código no escrito que te obliga a competir con buenas armas y uno tiene que estar muy atento.

-¿Qué podés adelantarnos sobre de esta nueva temporada de La cornisa?

-La verdad es que estuvimos trabajando hasta último minuto. El primer programa va a tener una investigación periodística que se puede transformar en un escándalo político y que llega bien arriba, vamos a tener un invitado de lujo, un informe sobre el tren de la tragedia de Once con imágenes nunca vistas y una revelación vinculada con el trabajo esclavo que el propio Jorge Bergoglio se encargó de denunciar. También vamos a plantear qué va a pasar con el dólar el lunes.

-El pase de Marcelo Tinelli es otro de los temas que hoy se discute en la calle... ¿Creés que él se convirtió en una víctima de una puja política?

-Creo que sí. De todos modos, la televisión te da un poder relativo. Con las negociaciones que involucran a Marcelo, uno se da cuenta que él sin pantalla parece mucho más vulnerable. De algún modo, Marcelo siempre había conseguido sostenerse sin levantar la "bandera k" ni la "anti k": se abrazó con Cristina, se abrazó con Scioli, con Macri... Marcelo Tinelli es, ante todo, tinellista.

-¿Pecó de inocente entonces?

-Pensó que esta vez podía surfear esa ola por arriba, pero no pudo porque la pelea y los intereses son tan fuertes que lo terminaron debilitando. Quedó preso en una interna entre los amigos del Gobierno que no querían que hiciera el "Gran Cuñado" en un año electoral y el Grupo Clarín.

-¿Se puede ser inocente después de tantos años en el medio?

-Claro que sí. Creo que los que trabajamos en televisión damos una imagen que nunca se corresponde con la realidad.

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