Los restos del padre Mugica llegan a la villa

El sacerdote asesinado en 1974 será sepultado en el asentamiento de Retiro
Alejandra Rey
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9 de octubre de 1999  

Los restos del sacerdote jesuita Carlos Mugica, asesinado presumiblemente por la organización ultraderechista Triple A el 11 de mayo de 1974, serán trasladados hoy desde el cementerio de la Recoleta a la parroquia Cristo Obrero, de la Villa 31, donde ejerció su apostolado.

Será una ceremonia austera, dicen. Para muchos, el acto deparará una imagen extraña. Será como volver en el tiempo, auguran los organizadores.

El acto comenzará a las 14. El arzobispo metropolitano, Jorge Bergoglio, anunció que lo encabezará.

Numerosos pobladores de asentamientos precarios de la ciudad y de los alrededores, junto con integrantes del Equipo de Sacerdotes para Villas de Emergencia, se turnarán para llevar, a pulso, el féretro que hace un cuarto de siglo salió de la parroquia Cristo Obrero hacia el cementerio de la Recoleta, donde descansó hasta hoy.

Ya en el corazón de la villa, el propio Bergoglio concelebrará una misa en memoria del cura muerto por las balas de una metralleta en Florencio Varela.

"La idea surgió en nuestro grupo -dijo a La Nación Guillermo Torres, cura de la parroquia Cristo Obrero e integrante del Equipo de Sacerdotes para las Villas- porque pensamos que sería bueno tener los restos del padre Carlos en la capilla por la que perdió la vida."

Torres contó que llevaron la inquietud a Bergoglio, quien aceptó el proyecto, y se encargó de los trámites familiares, civiles y administrativos.

"En la villa todos saben quién fue el padre Carlos -aseguró Torres- y todavía hay algunos, pocos, es verdad, que lo conocieron y que quieren traerlo para la capilla. Es más, muchos de los que llevarán el féretro serán los mismos que hace 25 años lo trasladaron de acá a la Recoleta."

Torres no pudo calcular la cantidad de gente que asistirá al traslado de los restos del cura, casi una procesión, pero dijo que esperan a "fieles de todas las villas de la ciudad".

-¿Dónde descansará el cuerpo?

-En la capillita, donde hicimos una especie de nicho que se podrá visitar desde afuera, para los que no quieran ingresar en la iglesia.

-¿Usted cree que se convertirá en un santuario?

-No lo puedo afirmar; tal vez...

Sin embargo, no todos los integrantes de la Iglesia miran con buenos ojos el traslado de los restos de Mugica. Ni tampoco todos los habitantes de la zona.

Y lo cierto es que, por caso, en la Legislatura porteña hasta ahora nadie puso mucho énfasis en determinar las características y el posible futuro de la villa, si suma un santuario en su territorio.

"Es una tema confesional", dijeron varios legisladores.

En tanto, en las filas de la Iglesia Católica también hay voces disconformes.

Un sacerdote, que pidió el anonimato, explicó que hay grupos, especialmente los curas ex compañeros del padre asesinado, que viven la ceremonia y la presencia de Bergoglio como un interés por "anestesiar" el testimonio de Mugica.

"Yo no estoy de acuerdo con esa postura -dijo el padre Félix Gibbs, de la parroquia San Francisco de Asís, de Varela-. Lo del padre Carlos está y nadie lo puede negar. ¿Si se puede convertir en un santuario, me dice? Y sí. Para nosotros, los que tenemos fe, el padre Carlos fue un mártir, un santo y esa iglesita va a ser una referencia importante."

Para Gibbs, el traslado de los restos es una forma de que se reconozca un compromiso de fe "de aquel momento tan doloroso, de confusión y de utopías, que el padre Carlos hizo desde el testimonio y no desde la violencia, como se dijo".

Y recordó: "El Papa pide que las iglesias locales reconozcan a los mártires de los últimos tiempos y a nosotros nos cuesta animarnos a poner el nombre del padre Mugica. Es una cuenta pendiente que tenemos. Nuestra memoria está herida y el testimonio de Carlos es un aporte a la reconciliación", finalizó Gibbs.

En la Villa 31, a pasos del centro de la ciudad, los sacerdotes "villeros" asisten espiritualmente a cerca de 3500 familias.

Es el mismo lugar que eligió Carlos Mugica, hace más de 25 años, para llevar el Evangelio cuando se encolumnó en el resistido Movimiento Sacerdotes para el Tercer Mundo. Eso le costó la vida.

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