Alejandro Katz: "Un papa argentino es una ocasión para que terminen los discursos mesiánicos"

Para el editor y ensayista, Francisco disputa al Gobierno una identidad simbólica, y cree que el apoyo kirchnerista al Papa es una "estrategia de simulación"
Pablo Sirvén
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24 de marzo de 2013  

Editor y ensayista agudo, Alejandro Katz reflexiona, y mucho, en estos días, como el resto de los argentinos, sobre el fenómeno que significa para la política local tener un papa en el Vaticano nacido entre nosotros.

Katz señala que para el kirchnerismo, que se ve a sí mismo como un sistema de creencias, que aparezca ahora alguien de nuestra misma nacionalidad, pero que habla en nombre de Dios, es un verdadero dilema. "Por eso el kirchnerismo entró en pánico en los primeros momentos", explica. Y señala que, en cambio, eso no le sucedió a Alemania cuando hace ocho años ascendió al trono de Pedro Joseph Ratzinger. "No salió Angela Merkel, ni ningún otro funcionario alemán, a blanquear reglas de competencia", recuerda.

El caso del papa Bergoglio, según el entrevistado, se asimilaría más al del papa Wojtyla, que también cuestionaba a la Polonia comunista, cuando asumió en 1978. "Es que aquél -interpreta Katz- también era un sistema de fe que prometía la redención a través del socialismo, porque superponía el espacio de las creencias y de la política."

El problema para Katz, tanto en el caso de Juan Pablo II como ahora en el de Francisco, es que con ellos "aparece el verdadero dueño de la franquicia que viene a reclamar «esto es mío», por el ámbito de las creencias, que usufructuaban ambos sistemas políticos".

Katz dice que, sin embargo, se abre la oportunidad de separar aquellos dos mundos entremezclados (el de la política y el de la religión), si bien no es optimista al respecto.

- Aparece con Bergoglio ungido papa un nuevo "jugador" en la política argentina. ¿Cómo va a funcionar, no tanto por lo que él haga, sino por las repercusiones concretas o ilusorias, a nivel interno?

-El kirchnerismo ha ido perdiendo su identidad política a cambio de una puramente simbólica. Más que en programas de gobierno, se ve reflejado en creencias. Tiene una liturgia, un culto y una iconografía con los que intenta volver al mundo seguro, legible y comprensible. Ha construido un relato más bien teológico, que sustituyó la unidad naturaleza-Dios-hombre por la unidad Estado-gobierno-pueblo. No se ocupa de los problemas concretos de la sociedad sino del destino del pueblo. La promesa es más importante que la evidencia.

-Al ser nombrado un argentino al frente de la Iglesia Católica, la "iglesia peronista" ¿queda reducida a una secta?

-Nos viene a pelear el liderazgo de nuestra grey, dice de alguna manera Horacio González; hay que apropiarse del Papa, aporta José Pablo Feinmann. Los intendentes del conurbano y los chicos de La Cámpora aparecen para intermediar entre el Papa y el pueblo en un juego doble donde no quieren dejar claro quién actúa en nombre de quién.

-Vuelve a suceder algo común en la historia del peronismo: el "doble comando", ahora por un hecho inesperado y extrapartidario.

-Exacto, es algo que está afuera. No suscribo la tesis del papa peronista. No sé si se va a convertir en secta, pero creo que sí aparece la oportunidad de que se inicie una política que estaba obturada en la medida que quien controlaba la escena pública lo hacía con un discurso de creencia y no de programa de gobierno.

-¿Y qué le pasa a la oposición con el Papa?

-Habrá que ver si la oposición sabe aprovechar esta oportunidad, porque fue capturada por el relato de fe kirchnerista y se ha instalado en una posición melancólica. Si le dicen YPF, piensa en las lágrimas que derramó aquel día en que se fundó y vota por su reestatización. Le dicen AFJP y en vez de promover una discusión de dos años en la que intervenga todo el país para definir un modelo previsional que sea a la vez previsible y justo, vota a libro cerrado. El efecto real de esa suma es que transfiere cuotas de poder al Gobierno cuando lo que la oposición debería hacer es disputar el poder, en vez de concentrarlo cada vez más en el oficialismo. Debería ser capaz, incluso, de votar en contra de sus principios para reducir ese poder. El problema básico del ciclo kirchnerista es la concentración de un poder cada vez más autocrático que va acompañado de una concentración desigual de la riqueza basada en una mayor economía extractiva y una oligarquizacion de las capas dirigentes que construye. Se ha creado finalmente un confort mutuo en el cual unos gozan mucho del poder y otros de no tenerlo, aunque están vinculados, mientras la sociedad civil mira para otro lado.

-Antes que cualquiera pudiese imaginar a Bergoglio como papa, Cristina Kirchner fantaseó con la idea de ser "papisa".

-Hay muchos indicios de esta confusión entre el rol político secular y el líder mesiánico. La ciudad de Buenos Aires está iluminada por el retrato de Evita comandando la principal avenida de la ciudad, con la imposibilidad futura de que nadie se atreverá a retirarla. Están las invocaciones a "Él", las referencias simpáticas a que se abre una puerta en la residencia de Olivos y resulta que son los vientos patagónicos que traen su espíritu. Pero ahora Bergoglio encarna un espíritu que viene acompañado por 1200 millones de personas, de los cuales varios millones son peronistas, que a la hora de dar entidad a uno u otro, en términos de espiritualidad, no van a dudar, porque quien debe ocuparse del alma de los creyentes ha ocupado su lugar y muy bien. Bergoglio dijo en uno de sus primeros discursos que la Iglesia se ocupaba de la fe y no de la política.

-Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.

-Exactamente, y aquí el César se ha ocupado de las cosas de Dios y no de las cosas del César. Eso deja vacante un lugar que debería ser llenado por personas con ideas, o con ideas encarnadas en personas.

-Cristina antes que reconocer a Bergoglio como jefe de la Iglesia lo igualó a ella como un "cuadro".

-Creo que Cristina, como todos, habla con el lenguaje que conoce. Al calificar de "cuadro" al Papa da más una idea de sí misma. La Presidenta es suficientemente intuitiva como para reconocer rápidamente que cambió la relación de fuerzas y que no puede competir con el Papa de igual a igual, lo cual no quiere decir que tenga que subordinarse. No creo que esto vaya a significar cambios en la conducta de la Presidenta y en el Gobierno. A lo que más pueden aspirar es a intentar capitalizar el efecto de la designación de Bergoglio como Francisco sobre los sectores populares.

-Juan Manuel Abal Medina dijo que nunca habían estado peleados. ¿Hay un intento de "kirchnerizar" al papa Bergoglio?

-Es parte de la simulación del kirchnerismo sobre todos los datos de la realidad: no hay pobres en la Argentina, pero si hubiera comerían con seis pesos por día; no existe la inflación, pero congelamos los precios, y con el Papa no nos peleamos nunca y es nuestro amigo. Es previsible esa estrategia de simulación.

-El kirchnerismo es un organismo vivo con distintas vertientes que son difíciles de disciplinar y convencer de que ahora "somos todos amigos del Papa".

-El kirchnerismo no aspira a la coherencia ni le preocupa tenerla. Los chicos de La Cámpora se fueron a la villa y Horacio González, a la Biblioteca Nacional, y cada uno habla a públicos diferentes. Que lo que digan sea contradictorio entre sí no necesariamente genera una crisis.

-Hasta el "habemus papam", estas situaciones eran domésticas. Ahora, con un papa argentino en el Vaticano, el periodismo de todo el mundo se interesa en lo que pasa acá.

-Interpretarán hechos que, de todos modos, no estaban ocultos. Todo lo que debía haber sido denunciado ya lo ha sido: el FMI alertó sobre la manipulación de la inflación; la SIP, sobre lo que ocurre con la libertad de prensa; las restricciones en el comercio exterior son evidenciadas por la Unión Europea, EE.UU, y el Mercosur. La opinión pública mundial va a estar más interesada en los detalles pintorescos. Francisco nació en un país que es muy poco relevante en el mundo. Se van a llevar más las curiosidades que los problemas. La Presidenta ha hecho esperar a todos los jefes de Estado del mundo. Que no recibiera a un cardenal no agrega nada a lo que ya sabían.

-¿Por qué la Asignación Universal por Hijo (AUH) más que representar una política social confirma su inexistencia?

-La AUH es una idea ajena implementada por decreto deficientemente. Sin duda contribuye a paliar algunas necesidades básicas de sectores desprotegidos. Es una medida oportuna y necesaria, pero insuficiente. Contar con una política social significaría poder decir en qué plazo y con qué recursos y acciones se va a terminar con la pobreza en el país. Eso no ha sucedido nunca en estos diez años en que, si hay algo que no ha faltado, son los recursos para hacerlo. Este gobierno tiene tres características: no cuenta con un programa, sólo produce hechos sueltos y es especialista en sortear obstáculos, como el que ahora significa que buena parte del poder simbólico de la Argentina se desplazó a once mil kilómetros. Ya lo está naturalizando.

-Otra vez la simulación...

-Para el discurso oficial no hay más pobreza, pero hay que visitar el conurbano. Hay que ver la violencia que padecen sectores relegados cuando hablamos de inseguridad, violencia física, ambiental, calles que son basurales, violencia policial y de género.

-¿Por qué no lo solucionan? ¿No saben hacerlo o es funcional a sus objetivos?

-La pobreza es necesaria para ganar clientes. Agregaría, además, que la incompetencia en la gestión es realmente sorprendente. El kirchnerismo es parte de una trama muy compleja alimentada por intendentes punteros, gobernadores y el Parlamento. Todos son parte de los modos de lucrar con la pobreza, y no sólo electoralmente. En La Salada hay trabajo infantil esclavo, prostitución, droga y, sin embargo, es parte de la comitiva oficial de Guillermo Moreno a Angola. No se puede desarmar aquello que es connatural a quienes deberían desarmarlo.

-Pero debe haber algún tipo de bienestar satisfecho para que el electorado siga votando al kirchnerismo...

-Creo que hay dos o tres elementos: una base clientelar y que el voto al Gobierno fue bastante en sintonía con los ciclos económicos. Si se le suma que el poder ha sabido producir una caja de argumentos para cada gusto y el afuera no produce ninguna opción atractiva, finalmente decanta en un voto conservador y reaccionario. Aquí ha habido recortes sistemáticos en la calidad ciudadana.

-Aunque el Papa diga muchas veces cosas sin pensar en la Argentina, igual acá va a rebotar, para bien o para mal.

-Uno de los primeros efectos va ser la creación de una clase de hermenéutica dedicada a interpretar los gestos del Papa, algo que ya estamos viendo en estos días. En el mundo sacro se interpretan más los gestos porque vienen acompañados de una dosis de misterio. Pero no creo que el Papa se convierta en un actor de la política argentina. Al menos, es prematuro decirlo porque no sólo depende del Papa. Depende de lo que haga la política. Si es capaz de tomar las riendas del Estado que ha destruido, de un modo eficiente, el Papa no participará de la vida política. Pero si vivimos en una situación de anomia permanente, su palabra será mucho mas relevante.

-Los cardenales privilegiaron la elección de un papa latinoamericano y con un discurso de austeridad que sintoniza con una Europa maltrecha. ¿Cómo puede influir eso en la Argentina?

-No soy optimista. Los sesgos cognitivos y formas de autoengaño individuales y sociales son demasiado resistentes para que sólo con gestos cambien las conductas. No se han visto en estos días gestos de despojamiento. La sociedad tampoco los va a hacer si las dirigencias no los hacen antes y si no toman en sus manos el tema de la pobreza, restableciendo un equilibrio con austeridad.

-Estamos en la era de los símbolos y la Iglesia, en ese sentido, corre con ventaja por sus dos mil años de existencia. Horacio González se fijó en los zapatos gastados del Papa, pero no repara en los mocasines de Néstor Kirchner expuestos en el Museo del Bicentenario.

-La invervención de González fue un absurdo, pero responde a la lógica de discursos oportunistas en función de audiencias fragmentadas, sin tomar la evidencia que del otro lado estaban haciendo lo mismo con los mocasines de Néstor y que nadie está mirando los zapatos de la Presidenta, que tienen una particularidad: son de una marca cuya suela es roja, igual que el calzado papal que Bergoglio dejó de lado y que responde a una simbología muy compleja que la Presidenta encarna y de la que Horacio González no habla. El escándalo del calzado del Papa, soslayando los otros zapatos, presenta una visión un poco sesgada sólo para la audiencia que lo aplaudía.

-¿Cómo se sale de esto?

-Quizá tener un papa argentino es una buena ocasión para que al menos una parte de la clase política se dedique a las políticas y no a las creencias, que dejen la fe en manos de quienes se ocupan de ella y que se terminen los discursos ambiguos de líderes mesiánicos. La idea de que siempre sobreviene un Apocalipsis que termina con determinados ciclos y del cual volvemos a renacer se cumplió con Malvinas, la hiperinflación y 2001. Ahora volvemos a esperar otro Apocalipsis que termine con este ciclo.

-¿Qué le pasa al kirchnerismo?

-Está muy fatigado. Tiene signos de corrosión por los diez años mal llevados de confrontación, de riquezas dilapidadas y cosas no hechas. Son costos que se pagan en infraestructuras y los accidentes que provocan, en energía que no cubre las necesidades, en enclaves sociales relegados que se convierten en zonas de violencia. La oposición no está pensando ni el presente ni el futuro de la Argentina. Quedará la inercia del peronismo.

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