Un riojano infiltrado

El intendente electo de Córdoba llega de la mano del gobernador De la Sota, pero responde sólo a Menem
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11 de octubre de 1999  

Un conocido suyo lo definió por la situación misma: "¡Imagínese! Que un riojano pueda llegar a gobernar la ciudad de Córdoba, con lo que los cordobeses piensan de los riojanos, lo dice todo".

Y sí, Germán Kammerath parecía haber realizado la hazaña a los 41 años, sin ser peronista ni radical, y sin contar siquiera con la simpatía del gobernador José Manuel de la Sota, en cuya estela de triunfo navegó para llegar hasta donde está.

Hay gente con estrella y gente estrellada. La de Kammerath brillaba en el cielo mucho antes de que naciera. En los años treinta, La Rioja era un milagro de subsistencia, en el que Saúl Menem esperaba prosperar y asentar su nombre.

Pero uno de los hijos de su segundo matrimonio nació con problemas. El pequeño Saúl podía morir. El doctor Carlos Kammerath movió cielo y tierra para sacar de la nada una inyección de penicilina que le salvó la vida. Papá Menem, agradecido, cambió el primer nombre de su hijo por el de su benefactor: Carlos Saúl Menem sabría desde entonces que nadie muere en las vísperas.

Si aquel Carlos le había salvado la vida, el hermano, Germán Kammerath, le daría su primer trabajo como abogado, apenas recibido en Córdoba. El estudio era un paso obligado para quien quisiera hacer algo de importancia en la provincia.

Hasta ahí llegaba a veces el pequeño Germán. Como había ocurrido con su padre y su tío, su vida estaría indisolublemente ligada a ese Carlos Menem que tanto daría que hablar en la provincia y en el país.

En el lapso democrático de 1973 a 1976, mientras Menem conducía La Rioja, Germán, de 16 años, sacaba a la calle a los estudiantes conservadores como él y su padre para protestar contra la reforma agraria promovida por el progresista obispo local, Enrique Angelelli, recuerda uno de sus amigos.

Tras el golpe militar, las historias se dividen. Menem fue preso, mientras que de Kammerath hijo se dijeron cosas terribles. Por ejemplo, que había denunciado a profesores del Colegio Joaquín V. González que no le caían en gracia.

Como universitario también se hizo notar. Según denunció en su momento el dirigente ucedeísta (luego cavallista) Prudencio Bustos Argañaraz, Kammerath habría falsificado sus certificados de estudios en la Universidad de Buenos Aires (UBA), de donde no fue expulsado porque se había ido antes.

Pese a estos contratiempos, el joven no se amilanó y para 1987 ya era parte de ese lote de jóvenes dirigentes que renovarían la derecha argentina, base de la sorpresiva irrupción electoral de la Unión del Centro Democrático (Ucedé), conducida por Alvaro Alsogaray.

Si en la Capital Federal descollaban María Julia Alsogaray o Adelina Dalesio de Viola, en el interior se mostraban Juan José Laborda Ibarra (hoy con la Alianza, en San Luis), Federico Pinedo, José Sánchez Elía o Germán Kammerath.

Este se había casado para entonces con Inés Capdevila, joven heredera de un apellido tradicional de Córdoba, con campos en la zona de La Carlota.

Kammerath se convirtió en diputado provincial aquel año y lograría unificar a demócratas y ucedeístas en la Unión Demócrata "sin entregarle todo a Alsogaray", según la observación de un amigo de entonces.

Pero su destino estaba más arriba. En 1991, dos años después de llegar a la Presidencia, Menem lo convocó para la Subsecretaría de Comunicaciones, como cuña en el Ministerio de Economía de Domingo Cavallo.

Desde entonces, orbitaría alrededor del planeta Menem, fuera como diputado nacional (1993), convencional constituyente (1994), interventor de ATC o secretario de Comunicaciones (1996).

De la experiencia se llevó nuevas denuncias (ver recuadro), críticas por haber extendido el monopolio de las telefónicas, pese a su teórica raigambre liberal, protestas por haberles concedido el rebalanceo tarifario y algunas relaciones importantes.

Entre ellas, algunas eran de vieja data y se fortalecieron. Por ejemplo, la que lo unía a Mauricio Macri, a cuya empresa le correspondería la suerte de gestionar el Correo privatizado. Un grupo de diputados de la Alianza lo acusó de malversación de fondos e incumplimiento de los deberes de funcionario público porque permitió a los Macri hacer figurar como inversión el pago de indemnizaciones por despidos.

Otras, nuevas, también le provocaron problemas, como la de Samuel Liberman, a cuya empresa, Video Cable Color (VCC), fue acusado de favorecer. Según otra denuncia de Bustos Argañaraz, uno de los colaboradores del subsecretario Kammerath, José Palazzo, pasó de interventor de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CNT) a gerente general de Videovisión, del grupo Liberman.

A sus espaldas

También ganó enemigos, en especial el presidente de la Cámara de Diputados, Alberto Pierri (PJ), quien no le perdonó que le frenara su soñado ingreso en el negocio de la telefonía, según reveló La Nación en noviembre último.

Por ello, impulsó una comisión investigadora de la gestión de Kammerath en la Secretaría de Comunicaciones, con el apoyo de Humberto Roggero, jefe de la bancada peronista de Diputados y, además, dirigente del PJcordobés opuesto a De la Sota.

Pero no era De la Sota quien lo sostenía en todos estos trances. El hoy gobernador cordobés quería, por el contrario, cerrar un acuerdo con Cavallo, que no pudo ser, y sólo después se resignó a Kammerath, quien había ganado en elecciones internas la candidatura a intendente al cavallista Juan Schiaretti.

No. El apoyo venía de más arriba. Pese a las amistades empresariales, Cavallo no tenía dudas: "¿De dónde sacó plata Kammerath que no sea de su relación con Menem?".

Aquella alianza que había nacido mucho antes de su propio nacimiento prevalecía y prevalece. Aunque Kammerath sufrió nuevas denuncias por haber cedido una licencia para un servicio de transmisión de datos a dos hijas de De la Sota el 6 de julio último, un día antes de renunciar a la secretaría, y aprobar en abril un plan de asistencia informática de la Nación con el entonces "gobierno electo" de Córdoba, el titular del Poder Ejecutivo provincial no puede sentirse en confianza.

Desde mañana tendrá a sus espaldas, con poder propio, a un aliado de sangre de aquel pequeño Saúl devenido en Carlos con el que espera disputar el liderazgo peronista y la candidatura presidencial del 2003, en los días por venir.

Las causas

  • El juez federal Gustavo Literas procesó a Germán Kammerath por incumplimiento de los deberes de funcionario público en la cuestionada licitación del Personal Communication Service (PCS), sistema celular de segunda generación.
  • El fiscal Carlos Rívolo pidió la semana última que fuera indagado por administración fraudulenta en perjuicio del Estado por la deuda contraída por ATC durante su intervención.
  • El juez federal Adolfo Bagnasco lo citó a indagatoria en la causa en que investigaba la organización ilegal del concurso de juego por teléfono dentro del programa televisivo de Susana Giménez.
  • Fue denunciado por la revista Informe Córdoba de evadir impuestos.
  • Un grupo de diputados de la Alianza lo acusó de malversación de fondos e incumplimiento de los deberes de funcionario público en la privatización del Correo.
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