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La otra inundación: la de la solidaridad

La abrumadora ayuda de miles de voluntarios, ONG, empresas, templos y entes estatales debe ser canalizada correctamente para que llegue donde se necesita
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6 de abril de 2013  

A la destructiva inundación del agua le siguió la generosa, desinteresada y cada vez más creciente solidaridad de argentinos de todos los lugares , credos, ideologías políticas y clases sociales.

Están los que pueden ceder camiones para el traslado de la mercadería, los que depositan dinero en las cuentas habilitadas para los damnificados y también los que, en bicicleta o a pie, se acercan hasta un centro de evacuados o de recopilación de ayuda con apenas un paquete de fideos, una manta o un café caliente para quienes hacen fila a la espera de recuperar algo de lo perdido que, en definitiva, mucho tiene que ver con recuperar la dignidad.

En esta triste pero necesaria y creciente práctica de asistir a los golpeados por los violentos efectos climáticos se suma un tipo de ayuda que conmueve: la de no abandonarlos con las manos cargadas de mercadería, sino de darles contención acompañándolos hasta las casas en las que prácticamente han perdido todo. Miles de jóvenes los ayudan a limpiarlas, de modo de evitar infecciones y otros tipos de enfermedades por la acumulación de agua y basura.

Distintas organizaciones profesionales también están sumando sus apoyos. El Colegio Público de Abogados de la Capital Federal estableció un servicio de asistencia gratuita y de asesoramiento en Uruguay 412. El Colegio de Escribanos también ofrece ayuda sin costo a quienes hayan sufrido el daño o la pérdida de los títulos de propiedad, en Alsina 2280, en esta ciudad. Y hay muchos más. Es que entre tantas pérdidas materiales, habrá que reconstruir escrituras, partidas, permisos, documentos de identidad...

En el ámbito del deporte se suman ejemplos para destacar. Uno de ellos es el de Alejandro Sabella, director técnico de la selección argentina de fútbol, que abrió su casa y silenciosamente está ayudando a sus vecinos. También, el boxeador Sergio "Maravilla" Martínez, que donó a Cáritas 100.000 pesos para los inundados.

Resulta necesario que más profesionales, como médicos, psicólogos, ingenieros y arquitectos; técnicos en electricidad, albañiles y todos aquellos que puedan prestar un servicio gratuito también se acerquen a los damnificados.

Y habrá que idear rápidamente un sistema para que toda la ayuda llegue donde corresponde, que ningún exceso de entusiasmo termine desviando la asistencia hacia quienes no la necesitan. Algunas ONG han comentado que se sienten desbordadas de tanta solidaridad y que no han contado con el suficiente apoyo de organismos estatales para distribuirla como corresponde. Por otro lado, para facilitar la tarea, están pidiendo a los donantes que clasifiquen y rotulen la mercadería.

Con el paso del tiempo van apareciendo nuevos requerimientos. Llega mucha comida, pero los damnificados no tienen dónde cocinarla y ni siquiera cubiertos o vasos, ya que se los llevó la corriente. Faltan velas y fósforos, pues siguen sin luz; también medicamentos, y cuadernos, mochilas y demás útiles para que los chicos retomen sus estudios. Son cuestiones en las que no se repara tanto al principio del desastre, pero que son igualmente necesarias. Los artículos de higiene personal se han vuelto una prioridad, como los destinados a la limpieza de las viviendas.

Hoy, sábado, se siguen recibiendo donaciones en la mayoría de los centros que hace tres días vienen trabajando a destajo y han comenzado a llegar camiones cargados de mercadería desde otras provincias.

Cáritas estableció un centro de recepción en la iglesia de San Cayetano, en Liniers, y otro en el Colegio Marín, en San Isidro. La Red Solidaria sigue reuniendo ayuda en la Catedral, al igual que lo hacen la AMIA, en su sede de Pasteur 633, en el barrio de Once, y numerosas iglesias, colegios y universidades.

La colaboración del Ejército y de la Gendarmería resulta indispensable para alimentar a las personas de los lugares más alejados de La Plata, donde muchos damnificados perdieron sus viviendas precarias y no tienen dónde vivir ni qué comer. Con ellos colaboran, entre otros, la Cruz Roja, asociaciones de scouts y los comités estatales de crisis.

En las últimas horas también se supo que el papa Francisco puso a disposición de la arquidiócesis de La Plata 50.000 dólares para asistir a los damnificados por el trágico temporal.

La respuesta solidaria es realmente abrumadora. Ahora hay que pensar en hacer efectiva su distribución y en ponerse a trabajar sin demoras para que esta devastadora historia de pérdidas humanas y materiales no vuelva a repetirse.

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