Las mujeres no perdieron el tiempo en el ring

Osvaldo Príncipi
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10 de abril de 2013  

Aquel pasmo irritante que manifestábamos en la apertura de los 90, cuando Don King organizaba peleas femeninas a cargo de la norteamericana Cristy Martin, a modo de complemento de los grandes shows de Mike Tyson en Las Vegas, quedó en el camino sepultado por una realidad (local e internacional) que le dio al "sexo débil" un justo lugar en este deporte, a pesar de todos los criterios filosóficos y lógicos, que invitaban a marginarlas de esta disciplina.

La aparición de la formoseña Marcela "Tigresa" Acuña, en 1994, causó un efecto admirativo y de gran consumo. Con suceso y descendencia determinante para que el pugilismo femenino se convirtiese en una industria de gestación de buenas y malas campeonas mundiales argentinas, con el paso de los años.

La mujer ganó un espacio preponderante en el boxeo nacional en el siglo XXI. Más allá de no gravitar ni poder superar la obra e historia gestada por los hombres en el mundo de los guantes, ellas lograron, en cambio, una atracción e imagen especial que muchos peleadores de primer nivel no pudieron conseguir jamás.

El ímpetu de Acuña recuperó los combates clásicos en el Luna Park que los hombres rehusaron efectuar en la última década -y aún se polemiza sobre su duelo con Alejandra Oliveras-, que dio vida al renacimiento de las grandes rivalidades en 2009. Estas boxeadoras fueron, también, las primeras en sacudir el mercado del show en el deporte, cuando abrieron las puertas a distintos atletas para bailar junto a Marcelo Tinelli, en sus ciclos de TV y obtener una popularidad insospechada.

Yésica Bopp se eyectó hacia Miami, Puerto Rico y México, para representar a la mujer bonaerense premiada en el exterior por distintas organizaciones. En ese camino, marcó su distinción y afirmó su estampa.

Carolina Duer copió los planos de Oscar de la Hoya. Se convirtió en una empresaria rebelde de un sistema promocional miserable, con el fin de ganar el dinero y elevar la reputación que merece todo aquel que luce una corona. Hizo lo que muy pocos hicieron.

La salteña Romina Arroyo se convirtió en la referí argentina de mayor demanda para trabajar en el exterior y probablemente Silvana Carsetti tendría derecho a reclamar al libro Guinness de los récords , por su nominación por ser la primera dama que relata boxeo por televisión ( Boxeo de primera ).

Las mujeres no perdieron tiempo al subir a un ring. Cuando tuvieron la oportunidad, demostraron lo que valían. No esperaron ni dilapidaron las ocasiones. No presentaron excusas ni se durmieron en los laureles. ¡Nunca pidieron postergaciones! Esto justifica su permanencia en el ambiente y exhibe las grandes razones que las diferencian de los hombres.

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