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Aquí vivieron

Leyendas y fantasmas perduran en las casas que habitaron los escritores. Algunas, como las que pertenecieron a Girri y a Cortázar, encontraron nuevos dueños sensibles a su legado silencioso; otras fueron reducidas al polvo y el olvido
Natalia Blanc
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12 de abril de 2013  

Personajes, historias, fantasmas y musas suelen habitar los lugares en los que residieron célebres escritores. Al menos eso cree María Negroni, que vive en un departamento de pequeñas dimensiones con una gran biblioteca, que perteneció a Alberto Girri, uno de sus poetas predilectos. Algo semejante piensa la socióloga Nelly Schmalko, propietaria del piso de Artigas 3246 que fue el hogar de la familia Cortázar hasta 1978. Allí todavía se encuentra el armario de madera que alojaba los libros del autor de Rayuela .

Mansiones imponentes o ambientes austeros, escenarios de espectaculares fiestas y tertulias literarias o refugios de trabajo, lectura y estudio, en algunas se tejieron tramas de cuentos y novelas, en otras se escribieron febriles versos, y en buena parte de ellas se urdieron secretos y ocurrieron hechos que ya rozan la leyenda. Algunas siguen habitadas, otras funcionan ahora como museos, y muchas, lamentablemente, fueron derrumbadas para construir modernos edificios o locales comerciales. Es el caso de uno de los domicilios porteños de Manuel Mujica Lainez, en Marcelo T. de Alvear 1751, donde hay una playa de estacionamiento.

Es curiosa la situación del departamento de Maipú 994, donde Jorge Luis Borges vivió más de cuarenta años, la mayor parte de ellos junto a su madre, Leonor Acevedo. En el frente, una placa le rinde homenaje, pero puertas adentro del 6º B no hay quien evoque al autor de Fervor de Buenos Aires . Sus propietarios actuales (una pareja de extranjeros que no reside en la Argentina) lo mantienen vacío.

El refugio de Girri

Las casa de Alberto Girri
Las casa de Alberto Girri
Una casualidad maravillosa, como ella misma la define, llevó a María Negroni a vivir en el departamento de la calle Viamonte al 300 que perteneció a Alberto Girri. A mediados de la década de 1990, cuando buscaba un inmueble para instalarse en Buenos Aires después de pasar un tiempo en Estados Unidos, la escritora visitó ese piso ubicado en la zona del Bajo porteño y quedó fascinada con la biblioteca. "Fue lo primero que vi. Aunque estaba vacía -no había ni una revista-, me encantó porque fue diseñada a medida y ocupa toda una pared. Tiene estantes altos y puertas bajas: mucho espacio para libros y papeles de trabajo. Ese hermosísimo mueble fue el principal motivo por el que decidí comprar el departamento", dice Negroni.

En la puerta de Viamonte 349 hay una placa con la inscripción: "Alberto Girri (1919-1991). Aquí vivió. Homenaje de sus amigos al poeta (28-11-1992)". La autora de Museo Negro había visto el letrero cuando concurrió por primera vez, pero confiesa que en ese momento no le prestó atención. "Al firmar la escritura me enteré de que la propiedad había pertenecido a él. Los vendedores (una pareja joven) nunca se habían referido al dueño anterior. Girri es un poeta que admiro. Varios colegas que lo conocieron, como Arturo Carrera, me contaron que aunque se le hicieron reformas, el departamento conserva algunos espacios intactos, como la biblioteca. Desde que descubrí esa casualidad maravillosa siento que el espíritu de Girri anda por aquí."

En Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires , Álvaro Abós describe el departamento como una "mezcla de cueva y taller de artesano". De estilo austero, como su dueño, en el piso había pocos muebles y objetos. Sólo algunos libros y una selección de discos de tango y música clásica. Poeta, traductor, corrector y colaborador del Suplemento Literario de La Nacion en la época de Eduardo Mallea, el autor de Quien habla no está muerto y Lo propio, lo de todos , se había instalado allí a mediados de los años cuarenta. Vivió solo desde que enviudó, en 1964, hasta su muerte, en 1991. Cercano al viejo edificio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y a la redacción de la revista Sur , donde publicaba, ese espacio era el refugio y el lugar de trabajo del poeta. Allí, alguna vez lo visitaron Borges y María Kodama, según le contó a Negroni la propia Kodama. En el mismo ámbito, más de dos décadas después, reside una escritora, profunda admiradora de la obra de Girri.

Tras los pasos de Borges

las casa de Jorge Luis Borges
las casa de Jorge Luis Borges
En los recorridos literarios que se ofrecen en Buenos Aires para visitar los sitios clave de los diferentes barrios donde vivieron y trabajaron escritores célebres, nunca falta el circuito borgeano. Es un clásico, aunque haya muy poco en pie para ver. La casa natal del escritor, en Tucumán 840, ya no existe. Tampoco, el solar de Serrano 2147 (actualmente, Borges, aunque él nunca quiso que su apellido se convirtiera en el nombre de una calle), donde el niño Jorge Luis vivió desde 1901 hasta 1914, año en que la familia viajó a Europa. "Era una construcción de planta baja y un piso, con azotea. Tenía un pequeño jardín; un muro con la verja labrada en la parte superior la protegía de la calle. La cancel era de hierro forjado", escribe Abós en el capítulo dedicado a Palermo de su completa guía literaria. Allí también recuerda que los Borges volvieron a la casa de Serrano en 1921, a su regreso de Europa.

Como señala la alemana Sieglinde Oehrlein en la Guía cultural de Buenos Aires , en varias calles de Palermo Viejo se recuerda a Borges con placas y grafitis. En la esquina de Borges y El Salvador, por ejemplo, se leen unos versos de "Fundación mítica de Buenos Aires".

Las anécdotas que no aparecen en las guías turísticas o culturales pueden encontrarse en las biografías, los diarios personales, las investigaciones periodísticas y los libros de historiadores. Para esta nota, acudimos a esas fuentes, además de consultar los testimonios de quienes viven actualmente en las antiguas residencias de los novelistas y poetas mencionados.

Dos fotografías del año 1959, publicadas en la edición minor del Borges de Adolfo Bioy Casares, muestran al poeta junto con su madre en el departamento de la calle Maipú. Tomadas por Bioy, en ellas se ve a Borges sentado al lado de Leonor "en el rincón donde ella le lee y él dicta", según anotó el autor de La invención de Morel .

Como el departamento B del sexto piso de Maipú 944 no está abierto al público, quienes quieran conocer cómo era el dormitorio de "Georgie" pueden ver una réplica exhibida en el primer piso de la fundación creada por su viuda, María Kodama. Ubicada en Anchorena 1660, la sede limita con una casona colonial en la que vivió el escritor entre 1938 y 1943. Allí escribió el cuento "Las ruinas circulares". Buena parte de su biblioteca, sus fotos y sus bastones se exponen en el Museo Borges, que está abierto de lunes a viernes, de 10 a 14.

El recorrido turístico en homenaje a Borges, impulsado por Kodama y el gobierno porteño en 2002, al cumplirse 103 años del nacimiento del escritor, incluía paradas en la fundación, el viejo edificio de Filosofía y Letras en Viamonte 340, la antigua sede de la Biblioteca Nacional en México 564, la manzana de Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga (donde el escritor situó la fundación mítica de Buenos Aires) y la casa de Evaristo Carriego (Honduras 3784), donde funciona desde 1981 una biblioteca popular especializada en poesía, que lleva su nombre. En esa casa museo se expone al público la pluma que el poeta empleó para escribir Misas herejes . Amigo del padre de Jorge Luis, Carriego, también vecino del Palermo de entonces, visitaba a los Borges todos los domingos.

La casa de Olga Orozco
La casa de Olga Orozco
Otra vivienda particular convertida en museo es la que perteneció a Xul Solar y su mujer, Micaela Cadenas, quien creó en 1986 la Fundación Pan Klub siguiendo una idea del escritor y artista plástico. Tras varios años de trabajo con un estudio de arquitectos, en mayo de 1993 se inauguró en Laprida 1214, domicilio de Solar y Cadenas desde 1928, un museo que alberga cuadros y esculturas de Xul, además de objetos personales y documentos de su archivo. En el sitio web xulsolar.org.ar se informa que próximamente se abrirá al público la biblioteca, con alrededor de 3500 títulos.

Una entrada de Borges , de Bioy Casares, registra una anécdota exquisita relacionada con Ricardo Rojas, otro escritor cuya residencia hoy también es un museo. Está fechada el 1 de noviembre de 1953. Escribe Bioy:

Ayer estuvo en casa de Ricardo Rojas, con la comisión de la Sociedad de Escritores; había allí mucha gente, que iba a saludar a Rojas, porque se cumple el cincuentenario de la publicación de su primer libro. Borges: "La casa parece un museo: un museo dedicado a él mismo. En vitrinas había ejemplares de sus libros. En marcos, páginas de Caras y Caretas , con uno de sus sonetos. [...] Había una gran biblioteca y yo pensaba: ´Tal vez no haya un solo libro que pueda leer'".

Más allá de la ironía típica de Borges, es curioso que se haya anticipado a lo que sucedería en 1958, un año después de la muerte de Rojas, cuando la propiedad donde había vivido el autor tucumano desde 1929 fue convertida en museo. Con una fachada inspirada en la casa de Tucumán, el palacio de estilo colonial está ubicado en Charcas 2837. Fue donado al Estado por la esposa de Rojas, María Julieta Quinteros, junto con muebles, obras de arte y objetos históricos de colección. En las visitas, se pueden apreciar el dormitorio original y la biblioteca, entre otros ambientes que se conservan.

Dice Bioy que Borges comentó, a modo de cierre de aquel relato: "Qué rico es Buenos Aires; pensar que a dos cuadras de esa casa estaba la tuya, y a dos cuadras la de Xul. No es extraño que esa gente coexista en el espacio, sino en el tiempo". El poeta se refería a la propiedad de Laprida al 1200, antes mencionada, y al departamento donde vivieron Bioy y Silvina entre 1940 y 1942, en Coronel Díaz 2730. De allí se mudaron a un tríplex en avenida Santa Fe y Ecuador, en el cual acostumbraban recibir a personajes célebres y no tanto.

Tertulias culturales

La casa de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo
La casa de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo
En uno de los capítulos de Romances argentinos de escritores turbulentos , best seller de Daniel Balmaceda, el autor comenta las veladas que solían organizar las hermanas Ocampo:

Al igual que Victoria, Silvina transformó su casa en un centro de reuniones culturales. La diferencia estaba en el tipo de invitados. Mientras que Victoria aglutinaba a personalidades relevantes en todos los campos, Silvina y Bioy se limitaban a los escritores y los artistas. En realidad, más Silvina que Bioy, ya que el escritor solía escurrirse de la reunión con su amigo Jorge Luis Borges (quince años mayor que él; lo había conocido en casa de Victoria) e instalarse en uno de los pisos para escribir en conjunto novelas policiales.

Balmaceda dedica varias páginas de su libro a revelar deliciosos encuentros furtivos de Bioy, pero el apartado que lleva como título "Ni siquiera me desagradaba" está centrado en Borges y Estela Canto. El departamento de los autores de Los que aman, odian , en Santa Fe y Ecuador -allí años más tarde viviría la escritora y académica Alicia Jurado- fue el lugar donde se cruzaron por primera vez.

La relación comenzó una noche de diciembre de 1944, con una caminata desde Barrio Norte hasta el Parque Lezama. Aunque Borges vivía en Maipú y Marcelo T. de Alvear, relativamente cerca de donde se encontraban, le propuso a Estela acompañarla hasta su casa, en Tacuarí y Chile. Estuvieron juntos hasta las tres y media de la mañana. "´Es tiempo de volver' -le dijo Borges a Canto cuando advirtió la hora, según cuenta Balmaceda-. Tomaron un taxi que llevó a cada cual a su casa."

De Barrio Norte, los Bioy se mudaron a Recoleta, al quinto piso de Posadas 1650, proyectado por Alejandro Bustillo para la familia Ocampo. "Aquí vivieron los escritores Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Sus libros, su lenguaje y su imaginación honraron a nuestro país y a la literatura universal", se recuerda en una placa. Vendido por los herederos del escritor hace casi trece años por, aproximadamente, dos millones de dólares, según consignó este diario, el departamento conservaba las altísimas bibliotecas pintadas de blanco y el estudio donde Bioy Casares trabajaba y recibía a los periodistas.

En su libro sobre los romances oficiales y secretos de los hombres y las mujeres de letras, Balmaceda relata que varias de las amantes de Bioy pasaron por el dormitorio del piso de Posadas. Cuenta también que su mujer, siempre acompañada por Jovita, el ama de llaves, lo espiaba desde un banco de Plaza San Martín.

Una cuadra de la ex calle Eduardo Schiaffino lleva el nombre Adolfo Bioy Casares desde septiembre de 2011. Es la que bordea la manzana donde está ubicado el edificio de Posadas 1650. Muy cerca, sobre la avenida Quintana, se encontraba su casa natal.

La casa de Oliverio Girondo
La casa de Oliverio Girondo
Si de salones de tertulias y reuniones sociales se trata, hay que mencionar los dos escenarios de los encuentros porteños más concurridos y escandalosos de su época: Suipacha 1444, residencia de Oliverio Girondo y Norah Lange, y O'Higgins 2150, casa de Manuel Mujica Lainez y Ana de Alvear.

Durante las veladas organizadas por Girondo y Lange en la casona donde hoy están las oficinas administrativas del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, se podían cruzar Federico García Lorca, Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias, además de escritores locales como Macedonio Fernández y Borges. El periodista peruano Santiago Roncagliolo cuenta en El amante uruguayo , biografía de Enrique Amorim, que tuvo acceso a una foto de una agitada fiesta en la mansión de Suipacha entre Arroyo y Avenida del Libertador, en la que los hombres aparecen "borrachos" y "vestidos de marineritos" al lado de Norah, "disfrazada de sirena". La imagen fue tomada en 1933, en la presentación de la novela 45 días y 30 marineros , de Lange. Ése fue el motivo del look de los invitados y de los anfitriones: Girondo se vistió de capitán de barco y su mujer, de nereida. Llamaba la atención, en la entrada, un muñeco de dos metros de altura, que recibía a los visitantes. Era un espantapájaros que había utilizado el dueño de casa para promocionar su libro homónimo. Se conserva en el Museo de la Ciudad de Buenos Aires.

En 1972, Norah vendió a la municipalidad, la propiedad, lindante al Palacio Noel, sede del Museo Fernández Blanco, que adquirió gran parte de la colección de libros de la pareja, además de objetos personales y muebles. Desde 1998, la biblioteca de la institución lleva el nombre del autor de En la masmédula . Con entrada por Suipacha 1422, el edificio está cerrado por refacciones, ya que su estado era crítico.

Un antecedente de las fiestas del matrimonio Girondo fueron las tertulias de los padres de Norah. La casa, ubicada en Belgrano R, sobre la calle Tronador, tenía nueve habitaciones y un enorme jardín. Allí vivían Berta Erfjord, Gunardo Lange y sus seis hijos: cinco mujeres y un varón. "Berta hizo de la calle Tronador un centro mundano-literario -explica Abós en el capítulo de la guía dedicado al barrio-. A las reuniones que allí se celebraban no faltaba ninguno de los jóvenes escritores del momento [...]. Se declamaba poesía, se discutían temas culturales, se practicaban entretenimientos de salón, se hacía música: por supuesto piano, pero también bandoneón y hasta se bailaban tangos."

Entre los asiduos visitantes de la casa de Tronador 1746, actualmente subdividida en varios chalecitos, estaban Girondo, Borges, Leopoldo Marechal, Horacio Quiroga, Alfonsina Storni, Raúl González Tuñón y Macedonio Fernández. Al parecer, cuando se terminaron las veladas de los Lange, algunos continuaron de parranda en el palacete de Oliverio y Norah.

El hogar de Manuel Mujica Lainez y Ana de Alvear, en O'Higgins 2150, también fue sede de innumerables reuniones sociales. La pareja se instaló en esa vivienda, que recibió como regalo de boda, en 1936. Fue el lugar de trabajo y de placer de "Manucho" hasta fines de los años sesenta, cuando se mudó a Córdoba. Abós recuerda que "las fiestas de cumpleaños en la casa de O'Higgins, cada 11 de septiembre, eran, según un semanario de actualidad, el acontecimiento de la temporada". Como en otros casos, una placa en el frente le rinde tributo al autor de Bomarzo .

La finca El Paraíso, en Cruz Chica, La Cumbre, donde funciona la Fundación Mujica Lainez, aloja un museo dedicado a la obra del escritor. Donada por la viuda, la biblioteca tenía más de quince mil libros. Lamentablemente, muchísimos desaparecieron. Según se informa en la página oficial de la fundación, hubo denuncias e intervención judicial. Recién en 2007 comenzó una nueva etapa administrativa, pero los valiosos ejemplares jamás se recuperaron.

En Belgrano vivieron otros destacados autores, además de Manucho. Enrique Larreta, casado con Josefina Anchorena, heredó de su suegra un caserón con parque en Juramento y Vuelta de Obligado. El escritor habitó la propiedad, hoy Museo de Arte Español "Enrique Larreta", desde 1916 hasta su muerte, en 1961. Fue entonces cuando sus hijos la vendieron a la ciudad de Buenos Aires con una importante donación: obras de arte, volúmenes literarios y muebles, exhibidos en la actualidad en el museo. Los fines de semana, en los jardines, se presentan interesantes espectáculos infantiles.

La casa de Evaristo Carriego
La casa de Evaristo Carriego
Dos lugares históricamente vinculados con la cultura que están abiertos al público son Villa Ocampo, residencia de la familia Ocampo en Beccar, y la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes (Rufino de Elizalde 2831). Propiedad de Victoria Ocampo, la mansión de Barrio Parque también fue diseñada por Alejandro Bustillo. Desde 1930 alojó la redacción de la revista Sur . Allí, en la imponente escalera pintada de blanco, se tomó en 1931 la foto del grupo fundacional de la publicación. Además de Victoria, en la imagen aparecen Borges, Mallea, Girondo, el español Ramón Gómez de la Serna y Norah Borges, entre otros.

El valor de la palabra

Nelly Schmalko compró en 1978 el departamento donde vivían la madre y la hermana de Cortázar, en el barrio Rawson, cerca de la Facultad de Agronomía. En diálogo con adncultura , recordó los entretelones de esa operación inmobiliaria que la llevó a entablar amistad con María Herminia Descotte y su hija Memé.

"Por aquella época yo vivía en el centro y buscaba un lugar más amplio para mudarme con mi marido y dos hijos pequeños. Recorrimos Agronomía y vimos un cartel de venta enfrente de una plaza con un jacarandá en flor que llegaba hasta la ventana del departamento. Nos encantó. Era domingo y al otro día volvimos con alguien de la inmobiliaria. Cuando esta persona toca el timbre, escucho que dice: ´Señora Cortázar'. Me sorprendí. Se abrió la puerta y nos atendió una mujer idéntica al escritor. Era su hermana, Memé. Adentro había libros y retratos del escritor. Le dije a la madre que era lectora y admiradora de la obra de Julio. Ella se alegró de que quien estaba interesada en comprar supiera quién era su hijo".

La venta quedó arreglada ese mismo día, pero surgió un inconveniente: el autor de Bestiario , también dueño de la propiedad, vivía en Europa y no podía volver al país. Nombraron un apoderado, pero pasaron siete meses hasta que la venta se pudo concretar. Mientras tanto, el precio de los inmuebles había aumentado. Doña Herminia, que necesitaba mudarse porque el edificio de Artigas 3246 no tenía ascensor y ella ya no podía subir las escaleras, se vio obligada a ajustar el valor convenido para poder comprar donde había señado. "Creí que iba a perder todo, ya que yo no tenía posibilidad alguna de conseguir más dinero -continúa Nelly-. Al poco tiempo Cortázar envió una carta en la que decía que él iba a pagar la diferencia a la madre para que me pudieran mantener el precio. Él me había dado su palabra y eso tenía un enorme valor."

Bioy y Silvina, en la biblioteca del departamento de la calle Posadas.
Bioy y Silvina, en la biblioteca del departamento de la calle Posadas.
Cuando se mudaron a Villa del Parque, las mujeres Cortázar dejaron en Artigas 3246 una antigua biblioteca de madera, que había pertenecido a Julio, y un sillón de mimbre. En el mueble con puertas de vidrio, donde desde entonces Nelly guarda sus libros, no falta un ejemplar de Rayuela . El sillón, se lamenta la docente, que da clases en la carrera de Economía Social y Solidaria de la Universidad Nacional de Quilmes, se perdió en la mudanza de una amiga, a quien se lo había prestado por un tiempo.

Muchos años después de que Schmalko y su familia se instalaran en el edificio, el gobierno porteño colocó una placa para recordar a Cortázar. La mujer tuvo que acostumbrarse a recibir llamados de periodistas, estudiantes y curiosos, que pretenden conocer la casa por dentro. A veces lo permite, como cuando un joven sueco con novia española a punto de terminar una tesis sobre la obra de Cortázar le pidió permiso para sorprender a la chica con una visita privada al departamento. Nelly accedió y los esperó con vino y unos quesos. Eso sí, aclara ella, no prosperaron las propuestas comerciales que recibió en varias oportunidades. Una de ellas: cobrar en dólares a turistas para cenar en el mismo ambiente donde comía el escritor cuando volvía de dar clases en pueblos del interior.

Hasta 1984, año de la muerte de Cortázar, la socióloga visitaba una vez por semana a la madre y la hermana. Les llevaba la correspondencia, tomaban té, charlaban. Una sola vez se cruzó con el escritor. Fue en 1983, cuando él volvió al país luego de su exilio europeo. "Me lo presentaron e intercambiamos algunas palabras -rememora-. Me preguntó por el barrio y por la casa."

Unos primos del autor, que vivían en Lobos y viajaban a Buenos Aires en las vacaciones, le contaron que cuando eran chicos se sentaban en círculo alrededor del primo mayor para que les leyera cuentos de su biblioteca. También, que el joven Julio tenía que subir a la azotea para tocar la trompeta y evitar, así, las quejas de los vecinos.

Lo que el tiempo se llevó

Imponentes mansiones y amplios pisos o humildes pensiones de barrio, ¿qué sucedió con los lugares donde trabajaron, crearon, soñaron reconocidas figuras de las letras?

La casa del escritor y académico español Fermín Estrella Gutiérrez, en Beauchef al 200, cerca de Parque Rivadavia, conserva el frente y la estructura, pero el interior fue reformado. En la actualidad funciona un restaurante. En el hall de entrada se exhiben algunos objetos del autor nacido en Almería en 1900, quien vivió en esa casona de dos plantas hasta su muerte, en 1990. Hay obras de arte de su colección y una máquina de escribir.

En un pensionado de Olazábal al 2000, a pocas cuadras de la casa de Manucho, murió Roberto Arlt, en julio de 1942. Nada queda ya de aquel sitio. Tampoco de la vivienda de la calle Terrada, en Flores, donde vivió Alfonsina Storni. Aunque era considerada patrimonio histórico de la ciudad, en diciembre de 2011 fue derrumbada la casa de Terrada 578, último domicilio de la poeta.

Un artículo de LA NACION de enero de 1997 informaba que la propiedad estaba en venta. Su dueña le contó por entonces a este diario que en uno de los ambientes había un local de venta de trajes de baño. Se llamaba La Cueva de Alfonsina.

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