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Lo que la mano del hombre no alteró

El gran fotógrafo Sebastião salgado registró durante ocho años los rincones del mundo que conservan su belleza original
Daniel Merle
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14 de abril de 2013  

Amediados de los 90 llevaba unos enormes bigotes que resaltaban su nariz aguileña. El pelo un poco largo y siempre enmarañado. Eran tiempos de oro en el festival de Arles (Rencontres d Arles, el encuentro fotográfico más importante de Europa en su momento) y él, su estrella rutilante. Entonces Sebastião Salgado se encontraba en la cúspide de su trabajo documental. Había publicado su monumental obra Workers (Trabajadores, 1993), una verdadera arqueología visual de la era industrial que le dio fama mundial.

Una década después, el reencuentro mostraba a un Salgado diferente: la cabeza rapada y los bigotes afeitados, un poco más delgado. Los mismos ojos claros en actitud visionaria. El brasileño presentaba oficialmente en Buenos Aires el que sería su último proyecto de largo aliento, Génesis : un recorrido por los lugares más bellos del planeta, comunidades intocadas; flora, fauna, mares, ríos. En un gesto de despedida, estaba eligiendo regresar al principio de todo, a la tierra tal y como era antes de la mano del hombre. O casi. El inicio del proyecto era en la Argentina, desde la Península Valdés.

En la presentación de Génesis dijiste que era el último gran proyecto de tu vida. ¿Te vas a retirar?

Tengo 69 años y cuando llegue a presentar todo esto serán 70. No quise decir que voy a parar de fotografiar. Lo que posiblemente no haré más serán emprendimientos de esta escala. Este trabajo me ha tomado 8 años; físicamente fue un gran desafío. Muchas caminatas. Mucho tiempo en lugares aislados. Desde enero de 2004 hasta diciembre de 2011, fotografiando ocho meses al año. En el mundo entero.

¿Hay alguna connotación religiosa en el título?

El hombre detrás de la cámara. El brasileño Sebastião Salgado, un gran nombre de la fotografía
El hombre detrás de la cámara. El brasileño Sebastião Salgado, un gran nombre de la fotografía Crédito: Unicef / HCQ01-0123/ Nicole Toutounji

No tiene nada que ver con la religión. No soy creyente. Tomé esta palabra porque expresa mejor el principio, todo aquello que se conserva en estado de pureza en el planeta. Para explicarlo mejor: hice un trabajo que se llamó Migraciones. El último tramo me hizo mucho daño. No sólo moralmente; diría que fue físico. No creía más en la especie humana. Vi tantas cosas durísimas que en un momento paré de fotografiar. Eso coincidió con que mis padres y mis hermanas [Salgado tiene 7 hermanas] tomaron la decisión de transferirnos a mi esposa y a mí a su enorme hacienda en Brasil. Cuando yo era joven más de la mitad de esa tierra estaba cubierta de bosque tropical, con una ganadería fabulosa, animales salvajes. Podría decir que crecí en el paraíso. Pero cuando regresamos estaba todo muerto. Habían sacado los árboles, los ríos estaban secos, había una gran degradación ambiental. Entonces Lélia, mi esposa, me hizo una propuesta fabulosa: "Sebastião, ¿por qué no replantamos el bosque tropical?" Para recuperar todo teníamos que replantar 2.500.000 árboles y aceptamos el desafío. Empecé a recorrer el mundo solicitando fondos, dando conferencias, convenciendo gente. Hoy ya tenemos 2.000.000 de árboles plantados. La recuperación de este paraíso, los pájaros, el agua que volvió, los animales, me dieron un gran entusiasmo y quise fotografiar la naturaleza. Y me fui a fotografiar lo más puro y prístino que tiene la tierra.

Durante tu recorrido por 39 países has tenido contacto con varias comunidades indígenas. ¿Cómo fue esa experiencia?

Lo que es fabuloso es que, mientras habitamos este planeta supermoderno de Internet, aviones increíbles y un desarrollo tecnológico nunca visto, convivimos con poblaciones que viven como se vivía 50.000 años atrás. Por ejemplo, se calcula que hay 110 grupos indígenas en la Amazonia brasileña que nunca han tomado contacto con ninguna persona de la civilización occidental. No quise violar la pureza de ninguno de estos grupos. En Génesis he fotografiado comunidades que ya han tenido contacto con la civilización, pero en un estado de gran pureza. Y la realidad es que no hemos cambiado mucho en los últimos 10.000 o 20.000 años. Lo que es esencial para nosotros, es lo mismo que era esencial tantos años atrás. La idea de comunidad, la solidaridad, el amor.

¿Por qué fotografiar la naturaleza en blanco y negro?

Porque yo fotografío en blanco y negro. No hago color. El blanco y negro es una abstracción y con las gamas de grises hay una representación de los colores. El espectador trae sus propias referencias en color y va a transformar esa gama de grises en verde, en rojo, en azul. El espectador tiene que participar y hacer suya la fotografía. Por eso todavía hay una identificación tan grande con el blanco y negro.

Has dicho que tu trabajo es denuncia y testimonio. ¿La denuncia quedó relegada frente al testimonio?

Nunca quise denunciar. Esas fotografías que hago son mi vida. Tengo una identificación ideológica, estética y formal. Si no tuviera esa identificación hubiera sido imposibe encarar estos trabajos a tan largo plazo.

El libro

Monumental . Tras ocho años de trabajo, con dos ediciones preparadas por Taschen (una de lujo y otra más accesible, que llegará a nuestro país en mayo), Salgado lanzó Génesis . La primera presentación se hizo en el Museo de Historia Natural de Londres. El autor habló con la Revista desde Amazonas Images, la agencia que dirige en París con su mujer, Lélia Wanick.

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