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Crítico panorama en capitales provinciales

Faltan obras y planes; la población desconoce cómo actuar
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15 de abril de 2013  

El panorama es desalentador en el interior de la Argentina respecto de los planes de contingencia ante catástrofes naturales.

Tras el gran desastre de marzo de 2003 por el desborde del río Salado, la ciudad de Santa Fe tiene un "plan de emergencias para mitigación de inundaciones", presentado en 2008. El protocolo prevé que, ante cualquier fenómeno que ponga en riesgo a la población, el municipio debe emitir al conjunto de los habitantes diversas alertas: verde, amarilla, naranja y roja, en función del grado de avance de las aguas.

El plan también define la forma en que la población debe evacuar su zona, los lugares específicos hacia dónde trasladarse y la autoridad de aplicación de estas medidas. Lo que sigue en duda es qué nivel de conocimiento posee la gente sobre los mecanismos.

El principal problema de la capital de Entre Ríos también está focalizado en los desbordes de arroyos, en especial el Antoñico, que afecta a la población pobre que vive en sus riberas. El escenario se podría complicar si grandes lluvias hicieran desbordar el arroyo y el río Paraná estuviera crecido de forma que no permita una rápido desagote.

"No hay un plan de contingencia en Entre Ríos. Las tareas se limitan a los paradigmas de la Defensa Civil, pero no a la de gestión de riesgos que prevenga las inundaciones", afirmó el ingeniero en recursos hidráulicos Enrique Mihura. El profesional se desempeñó entre 1999 y 2003 como jefe ejecutivo de la Unidad de Emergencias contra Inundaciones de Entre Ríos.

"Los convenios que la provincia firmó con la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral no tuvieron continuidad", alertó.

En la capital cordobesa tampoco hay preparación. Según admitió el director de Defensa Civil municipal, Hugo Garrido, todavía "falta para hacer frente a un evento de la magnitud del ocurrido en La Plata, en lo que hace a infraestructura urbana y disponibilidad de fondos".

Incluso, dijo, la población civil tampoco tiene instrucción sobre cómo actuar ante contingencias de ese tipo. "Las medidas de autoprotección requieren un nivel de capacitación y de asimilación por parte de los vecinos que lleva tiempo, cuesta mucho y es una tarea ardua. Debe haber coordinación con el Estado y las organizaciones sociales", sostuvo.

En Río Gallegos, Santa Cruz, es la nieve la que podría provocar la mayor contingencia climática. No obstante, una lluvia de 15 mm en dos horas puede generar un caos en 30 puntos de la ciudad.

Sucede que están pendientes de concreción las obras hídricas previstas en el Drenaje pluvial para Río Gallegos, licitadas en 2006. Pero los fondos nacionales con los que iban a ser financiados los trabajos nunca llegaron, por un enojo del entonces presidente Néstor Kirchner con la rebelde Río Gallegos.

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