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Con reparos, los organizadores les abrieron la puerta a los políticos

Quienes planificaron el 18-A desde las redes sociales se reunieron varias veces con la oposición; el reclamo para que se unan
Marcelo Veneranda
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19 de abril de 2013  

El último encuentro ocurrió pocas horas antes de que empezara la movilización hacia la Casa Rosada. En el despacho del diputado radical Juan Pedro Tunessi, ocho dirigentes de la oposición escucharon las últimas directivas de parte de quince organizadores del 18-A. O "difusores", cómo prefieren ser llamados quienes, con varias marchas en su haber, ayer volvieron a demostrar un aceitado mecanismo de convocatoria a través de las redes sociales.

Con algo de entusiasmo, pero también un resabio de miedos y recelos, los "difusores" decidieron abrirle la puerta del cacerolazo a la oposición. "No vinieron, nosotros los fuimos a buscar", coincidieron ante la consulta de LA NACION referentes y miembros de El Cipayo, El Anti K, Yo no voté a la Kretina, Ciudadanía Activa y la ONG Salvemos a la Argentina, algunos de los grupos más influyentes en las redes sociales a la hora de convocar a la movilización y canalizar las consignas de la protesta.

"No sólo hay opositores porque es un año electoral. A diferencia de 2012, la gente mostró [en las redes] que quería a los dirigentes de la oposición en la marcha, porque somos conscientes de que enfrentamos un problema político y los políticos deben resolver el problema", dijo Luciano Bugallo, de El Cipayo, para explicar por qué, esta vez, los difusores buscaron a los opositores.

"Hicimos un trabajo fino con la oposición. El año pasado eran unos pocos dirigentes, pero decidimos buscar a todos para el 18-A. Hubo varias reuniones: para invitarlos, pero también para pedirles encarecidamente que no lleven banderas ni carteles políticos y mantengan «limpia» la marcha", agregó Mario, de la ONG Salvemos a la Argentina.

Mientras sacaba fotos de carteles, dirigentes y compañeros, Nicolás F. sumó explicaciones a los miedos de algunos referentes: "El cacerolero empieza a definirse como una identidad política, vinculada a la necesidad de generar otra forma de contralor, pero también tenemos que cuidarnos de que los políticos nos usen o enturbien esa identidad".

Como se acordó en el despacho de Tunessi, políticos y organizadores compartieron la primera fila de la movilización, que partió desde la esquina de Rodríguez Peña y Santa Fe. "El Gobierno juega a la desunión, por eso queríamos unir a los opositores. Hay una urgencia: no sólo las elecciones, sino el momento crucial que vivimos, última fase de destrucción de la República", agregó Carlos Bustos, de Ciudadanía Activa, mientras caminaba entre el sindicalista Gerónimo "Momo" Venegas y el diputado Carlos Brown (PJ).

Guadalupe, otra de las organizadoras, duró poco en la primera fila. "Esto es una locura", gritó, mientras intentaba poner orden en la cabecera de la marcha, donde una decena de patovicas vinculados a Venegas abrían el paso, a costa de atropellar lo que se les cruzara. Empujaron a manifestantes y maltrataron a periodistas. Hasta se pelearon entre sí.

"Esto no pasa más", sentenció Guadalupe, que supo integrar el "grupo de los once", uno de las entidades embrionarias del actual cosmos cacerolero. "Las marchas anteriores fluían porque a nadie le interesaba la foto", rezongó también Carlos, de El Cipayo. Ambos, sin embargo, reivindicaron la "protección" de Venegas a los manifestantes.

Cuando la columna dejó Santa Fe y entró en la avenida 9 de Julio, la multitud que aguardaba en torno al Obelisco dibujó una sonrisa en los rostros de los organizadores. Es que, entre la muerte del venezolano Hugo Chávez, la elección del papa Francisco y la inundación en La Plata, algunos dudaban de que la convocatoria hubiera tenido la repercusión que alcanzó el 8-N. Tampoco colaboró el Gobierno, que esta vez evitó demonizar la previa de la movilización.

"Esto es amor por el país que queremos dejar a nuestros hijos", celebraba Guadalupe, antes de insistir en que los políticos no fueron protagonistas, sino invitados. "Para que sean pueblo", subrayó. "Eso sí –advirtió–, mañana los vamos a buscar de nuevo. Les toca hacer su parte".

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