Opciones por si no llegamos a la meta

Según lo acordado, los bloques deberían intercambiar ofertas antes de fin de año; ventajas y desventajas de tres posibles escenarios
Felix Peña
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23 de abril de 2013  

Se supone que antes de fin de año el Mercosur y la UE intercambiarán sus ofertas de accesos a mercados. Esa es la meta acordada en la última reunión birregional en enero último. Señales oficiales originadas en países miembros del Mercosur -por caso, recientes declaraciones del canciller Patriota, de Brasil- alimentan la idea de que, esta vez, ella sería alcanzable. Otras señales, no siempre públicas, originadas en empresarios y académicos a ellos vinculados -especialmente en Brasil y Uruguay y, a veces, en la propia UE- contribuyen a generar dudas al respecto.

Son dudas fundadas si se tienen en cuenta, a la vez, los 15 años transcurridos desde que la negociación fuera lanzada y los altibajos que se han observado en su recorrido; los cambios introducidos en el mapa de incentivos para negociar -especialmente del lado europeo luego de que el fantasma del ALCA desapareciera-, y el surgimiento de nuevos factores que pueden incidir negativamente en el interés por continuar empleando el formato originalmente planteado -en particular, el efecto que está produciendo en países del Mercosur la idea de los megaacuerdos comerciales preferenciales interregionales, tanto en el lado del Pacífico como en el del Atlántico-.

Es pertinente entonces preguntarse sobre cuáles son las opciones que se abren en el eventual caso de que la meta para este fin de año no pudiera cumplirse.

Una primera opción sería la de continuar negociando como hasta ahora, fijando nuevos plazos. Ocurre con frecuencia en las negociaciones comerciales internacionales, tal como lo demuestran, entre otras recientes, las experiencias de la negociación UE-India o la propia del Trans-Pacific Partnership (TPP). Una variante podría ser acordar una modificación de la meta autofijada de lograr un porcentaje alto en la cobertura de comercio incluida en el programa de liberación comercial. Nada lo impediría, al menos con una interpretación correcta de la normativa del GATT (artículo XXIV). Implica, eso sí, una fuerte voluntad política que genere la suficiente flexibilidad en el plano tecnocrático.

Una segunda opción sería abandonar el objetivo de un acuerdo de libre comercio entre las dos regiones. Una variante de tal opción podría conducir a negociar acuerdos de libre comercio entre la UE y cada país miembro del Mercosur que estuviere interesado -eventualmente con varios, pero no con todos-. Existe sin embargo una dificultad fuerte para tal variante. Consiste en que habría que abandonar formalmente el compromiso de constituir una unión aduanera en el Mercosur, retrotrayéndolo a una zona de libre comercio. A veces expertos e instituciones empresarias así lo han propuesto. Claro que tal variante exigiría modificar previamente el Tratado de Asunción. No es difícil imaginar las dificultades que ello supondría y los efectos que podría tener en la calidad de la relación entre los socios del Mercosur y, muy en especial, entre la Argentina y el Brasil. No parece ser entonces una variante que quisieran privilegiar los respectivos gobiernos.

Otra variante más sofisticada de esa segunda opción sería que cada país miembro del Mercosur pudiera negociar con la UE acuerdos de asociación estratégica que, en sus desarrollos, incluyeran compromisos e instrumentos en una número amplio de cuestiones vinculadas a las relaciones económicas bilaterales (por ej., todas las que pueden incidir en los flujos de comercio y de inversiones, en la integración productiva, en la cooperación tecnológica) con exclusión de los aranceles.

La ventaja de tal variante, que por momentos parecería ser la privilegiada en sectores empresarios especialmente de Brasil, es que podría ser presentada como compatible con la normativa del Mercosur (artículo 1° de la Decisión CMC 32/00) y, por ende, con la aparente preservación de la idea estratégica de integración subregional. Su desventaja es que sería muy difícil de explicar por qué tal variante no se podría encarar con la participación del Mercosur en su conjunto y, en ese caso, ella implicaría un debilitamiento muy fuerte de la distinción "nosotros-ellos" que es la base de la idea estratégica fundacional, especialmente en lo que siempre fue su núcleo duro, esto es, la relación Argentina-Brasil.

Finalmente, una tercera opción podría ser recolocar la idea de una negociación birregional en su marco formal original. Parece la más recomendable en el caso que no se logre cumplir con la meta fijada por este año o que no se pueda recurrir a un nuevo plazo para alcanzarla. Implicaría activar un instrumento que parecería haber quedado en el olvido, a fuerza de no utilizarlo. Se trata del Acuerdo Marco de Cooperación entre el Mercosur y la UE firmado en 1995 y que está en vigencia. En la Argentina fue aprobado por la ley 24.694 promulgada en septiembre de 1996. En su marco fueron lanzadas las negociaciones para el acuerdo birregional de libre comercio. Pero una simple lectura de su texto permite apreciar la amplitud de su cobertura temática, que trasciende en mucho la idea de una simple zona de libre comercio.

Sus temas coinciden con los principales de la agenda bilateral UE-Brasil. Por lo demás contiene una cláusula evolutiva (artículo 23) que bien utilizada permitiría avanzar incluso con formatos de geometría variable. Y crea un Consejo de Cooperación con competencias amplias para ser, eventualmente, el foro en el cuál se diseñe una nueva etapa en la relación birregional. Incluso podría prever las flexibilidades y las múltiples velocidades que pudieran ser requeridas por las nuevas realidades globales, las de cada una de las dos regiones y las del espacio birregional.

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