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Del decorado a la escenografía

Ernesto Schoo
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24 de abril de 2013  

Abro el Diccionario del Teatro , de Patrice Pavis, en la voz Escenografía, y leo: "La skénographia es para los griegos el arte de adornar el teatro, y el decorado pictórico que resulta de esa técnica. En el Renacimiento, la escenografía es la técnica que consiste en dibujar y pintar un telón de fondo en perspectiva. En el sentido moderno, es la ciencia y el método del escenario y del espacio teatral, es también por metonimia, el decorado mismo que resulta del trabajo del escenógrafo. En la actualidad, la palabra se impone cada vez más, reemplazando a decorado, para superar la noción de ornamentación y de envoltura que todavía se atribuye a la concepción anticuada del teatro como decoración. La escenografía marca adecuadamente su deseo de ser una escritura en el espacio tridimensional [al cual, incluso, habría que añadirle la dimensión temporal], y no ya un arte pictórico del telón de fondo, como lo fue por largo tiempo hasta el naturalismo".

Durante mis primeros años como espectador (desde los seis hasta los dieciséis, aproximadamente), no se usaba otra palabra que "decorado". Conviene recordar que fue don Antonio Cunill Cabanellas quien introdujo aquí la escenografía corpórea, en las históricas temporadas producidas en el Odeón por Enrique Susini, a comienzos de los años treinta.

La palabra "decorado" tuvo siempre cierta connotación algo despectiva, atribuyéndole la sola intención de ser un ornamento. "Escenografía" se relaciona en mi memoria con el teatro independiente, donde se formaron los más importantes escenógrafos que trabajaron desde la década del 40.

Consulto entonces el Pavis en la voz "decorado" y he aquí lo que me dice: "Aquello que en escena figura el marco de la acción, por medios pictóricos, plásticos y arquitectónicos". Prosigue: "En la conciencia ingenua, el decorado es un telón de fondo, por lo general en perspectiva e ilusionista, que inserta al lugar escénico en un medio dado. Ahora bien, esto es solo una estética particular del naturalismo del siglo XIX, y una opción artística y muy limitada. Una sana reacción se hace sentir desde comienzos del siglo XX (?) El decorado no solamente se ha liberado de su función mimética, sino que asume el espectáculo entero y se erige en su motor interno. Ocupa la totalidad del espacio, tanto por su tridimensionalidad, como por los vacíos significativos que sabe crear en el espacio escénico. Se vuelve maleable (importancia de la iluminación), expandible, y coextensivo a la representación de los actores y a la recepción del público.

Cada vez son más los arquitectos dedicados a la escenografía, en la Argentina. Como lo fueron en el pasado: sir Christopher Wren en la Inglaterra del siglo XVII, el italiano Servandoni en Francia del siglo XVIII, y muchísimos más. Entre nosotros, Gastón Breyer, Luis Diego Pedreira y, hoy en día, Alberto Negrín, Tito Egurza.

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