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Julia Schang Vitón: "Básicamente no respeto nada"

Tres colecciones y ya desfiló en Buenos Aires y Londres. Con showroom en Barrio Norte, proyectos más allá de la ropa
Delia Piña
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25 de abril de 2013  

Su estilo es autobiográfico, muestra sin pudor lo que le pasa, como una fractura de su brazo derecho en plena producción de su colección de invierno y previo a su presentación en el Emerging Fashion Designers from Argentina, en Londres Fashion Week. Y lo que vive se nota en su ropa cómoda, descontracturada.

Lo muestra vestida con una musculosa con una cola de seda, una circunferencia recortada, llevada con un pantalón tipo falda que tiene una tabla encontrada, con zapatos personales, de las Hermanas Águila. En su nuevo espacio de diseño invita a ver su perchero-instalación con lamparitas años 70, para jugar con la luz sobre las transparencias de la ropa.

Sus primeras colecciones representaban la metamorfosis en alusión a una búsqueda de sus orígenes, mitad francés y mitad chino; una dualidad siempre presente. Por eso remite a morfologías orientales, como los quimonos, y sorprende con textiles no preconcebidos para esta prenda, como cuero, seda con algodón y algo más pesado, la lana.

-Jugás con formas geométricas.

-Mucho y me gusta desarmarlas, corromperlas. Por ejemplo, para generar un cuadrado convendría un textil rígido que encuadre la figura, pero prefiero aplicarle una seda superlánguida; así, el cuadrado deja de ser y termina siendo, tal vez, una línea ondulada, modulada. Mi morfología es experimental. La colección pasada era más de rectángulos y cuadrados, y ésta se basa en círculos por los ovnis, que dan nombre a este invierno.

-¿Ovni, una experiencia personal?

-Sí, hace un par de años vi mi primer ovni en mi casa de Uritorco. Esta colección es como un tributo a esa experiencia; un homenaje a lo que desconozco, a las cosas que no veo, a las que se sienten y son difíciles de ver y tocar.

-¿Cómo lo mostrás?

-En Ovni se trabajan círculos en diferentes tamaños, que aparecen en superposiciones y recortes. Opté por tonos fríos: negro, blanco y gris -que serán los básicos de mis colecciones-, para destacar la morfología; más color era muy obvio. Trabajé con estampas sin mucho contraste con el textil del fondo, son como cráteres lunares en plateado muy lavado sobre blanco.

-¿Qué otras cosas derivan en ropa?

-Todo puede derivar. Cualquier experiencia cotidiana, como las radiografías de una fractura que tuve. Algo voy a hacer con ellas en la próxima colección. Son mi trofeo, porque logré hacer la colección sin un brazo sano. Además escribo, escribo muchísimo, es como una reflexión sobre lo que quiero hacer o en qué se basa... Muchas de las colecciones primero son escritas; algunos empiezan con bocetos, yo con textos. Ese texto es privado, son esos pensamientos que aparecen y se transforman en una colección. También dibujo, aplico la técnica de la tinta china, me encanta.

-¿Otras que te inspiren?

-Me gusta mucho ver películas clásicas, desde Casablanca , Desayuno en Tiffany's hasta obras contemporáneas de Jean-Luc Godard y Lars von Trier. Amo ir a los museos; un sábado por mes voy a alguno, no lo dejo sólo para cuando estoy de viaje, me encanta ser una turista en mi ciudad.

-También te gusta la fotografía.

-Saco fotos experimentales y ahora trato de encontrarles una razón a eso que vengo sacando desde hace años.

-¿Sobre qué?

-Manchas de todo tipo: las de las bocas de subte, los techos, las paredes, los estacionamientos de los autos. De esta ciudad húmeda y descuidada, como de otras que visito en viajes. Me atraen las manchas, por ahí son sombras y tienen mucho que ver con las morfologías que trabajo; son cosas deformadas o que se van expandiendo.

Una mesa con dibujos orientales heredada de su padre está estratégicamente ubicada, porque cree que "los que vienen, lo hacen para tomar el té tal vez más que para comprarme ropa..."

-¿Hacés tes?

-Sí, y con un budín de banana o una torta de zanahorias. Cuando me avisan que vienen a buscar o ver ropa me preguntan ¿tenés torta de banana? Así, nos juntamos y nos distendemos tomando té, hablamos de diseño, hojeamos revistas, ideamos proyectos, charlamos un poco, me cuentan chismes. Eso que no pongo nada en el té.

-¿Cuáles?

-Traigo cedrón del campo de Córdoba y, a veces, le sumo un poco de menta o canela; también experimento lo que tengo ganas, pruebo recetas, voy poniendo lo que me parece a ojo. Bueno, como hago con los moldes básicamente, no respeto nada.

-Y además del té, ¿qué creés que gusta de tu diseño?

-Que pueden verse bien y estar cómodas. La ropa que hago se adapta al cuerpo; el cuerpo no tiene que adaptarse a la prenda; no es necesario entrar en una prenda que no corresponde. En un principio, claro, no sabía exactamente cuál era mi público porque venían mujeres de 20 a casi 80 años, y todas encontraban qué ponerse y se sentían cómodas; también me sorprendió que venían muchos hombres. En esta colección hay por lo menos cinco prendas para hombres y hay muchas unisex. Mis talles son gigantes, se amoldan a un cuerpo de hombre y de mujer, sobre todo, los tapados de lana, las parkas, los suéteres, las camperas de cuero.

-¿Hombres desde esta colección en más?

-Me gustaría, pero tengo que cambiar mis ansias porque me gustaría muchas cosas.

-¿Cuáles?

-Me encantaría poder hacer muebles, objetos; también ampliar la colección.

-¿Objetos de qué tipo?

-De decoración, caprichosos, que no tengan funcionalidad. Odio hacer piezas -prendas incluso- funcionales. Me encanta generar la imagen, pero en el momento de analizar dónde va el bolsillo ya no me gusta. Prefiero lo que se ve; el diseño de las funciones de la prenda, no. Entonces, el objeto para mí tendría que ser: esto es lo que quiero que se vea y no me importa si se usa para tomar el té, para dibujar o lo que se quiera. Me gusta poder hacer y que todos lo disfruten como yo.

  • Experiencia cotidiana

    Las radiografías de una fractura que se convertirán en estampas de su próximo verano, a la luz del ventanal de su showroom en Paraguay al 1500
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