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Ejemplar condena a Pedraza

La sentencia a 15 años de prisión para el gremialista ferroviario puede marcar el inicio del ocaso de un grupo de dirigentes eternizados en sus cargos
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2 de mayo de 2013  

La condena a 15 años de prisión que recibió José Pedraza, eternizado líder sindical de los ferroviarios, como partícipe necesario del asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra, debe valorarse como un hito en nuestra historia judicial y política, y como una señal de aliento que muestra el insustituible papel de la Justicia cuando actúa con plena libertad e independencia, ateniéndose a las pruebas y testimonios colectados.

Pedraza perteneció a lo más granado de una añeja dirigencia sindical caracterizada por fastuosas riquezas de sospechoso origen, patoterismo, autoritarismo y reelecciones a perpetuidad. Es una dirigencia sindical peronista que concibe las secretarías generales de los gremios como tronos de monarquías absolutas muchas veces hereditarios. Pedraza pasó a formar parte de esa dirigencia casi eterna desde 1983.

La de Pedraza es la primera condena a prisión a un sindicalista peronista del máximo nivel. Que se originara en un asesinato muestra la estrecha relación de tantos integrantes de esa casta con el crimen. Su sentencia fue firmada por los tres integrantes del Tribunal Oral Criminal N° 21: Horacio Dias, Diego Barroetaveña y Carlos Bossi. El fallo incluyó otras 13 condenas y calificó el asesinato de Ferreyra de crimen político, que le permitió a Pedraza retener su poder económico en el manejo de cooperativas de trabajadores tercerizados, y también su poder sindical al evitar el ingreso a su gremio de otras agrupaciones.

Como se recordará, Ferreyra fue asesinado cuando junto con otros activistas planeaban cortar las vías del tren Roca con trabajadores tercerizados de las cooperativas ferroviarias. Ese grupo fue atacado por una patota de la Unión Ferroviaria. Los jueces afirmaron que el corte de vías era ilegal, pero también lo era la intención del gremio, y señalaron que los disparos los efectuaron el barrabrava de Defensa y Justicia Cristian Favale y Gabriel Sánchez. El juez Dias sostuvo que no importa cuál de los dos mató a Ferreyra o hirió a Elsa Rodríguez en la cabeza. Esta mujer asistió a la lectura de la condena entre el público casi sin habla, en una silla de ruedas.

Para los jueces, Favale y Sánchez integraron la patota ferroviaria al ser convocados por los delegados para tener beneficios en el sindicato o conseguir un empleo, y explicaron que ambos podían correr a los militantes y dispararles porque ya habían convenido con la policía que ésta no intervendría. Por tal razón, los magistrados condenaron a los comisarios Luis Osvaldo Mansilla y Jorge Ferreyra, de la División Roca, a diez años y nueve años de prisión, respectivamente, como responsables del homicidio.

Si bien los jueces admitieron que no hubo pruebas directas contra Pedraza, sostuvieron que sí contaron con indicios basados en lo que Pedraza hizo luego del crimen. Por ejemplo, se ocupó de Favale y "se preocupó de que no hablara porque tenía algo que ocultar". También se mencionó como un indicio en su contra que protagonizara un escandaloso intento de sobornos en la Cámara de Casación para salir en libertad.

La sentencia no conformó a todos, en especial a los que deseaban condenas más severas. Sin embargo, visto en perspectiva, el fallo trasciende la coyuntura, adquiere ribetes históricos y puede proyectarse como el comienzo del fin de una casta de caciques sindicales que se eternizaron mediante nexos con el delito, su tan sospechoso como exponencial enriquecimiento y su permanente realineamiento con el poder político de turno.

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