Metáforas de la crisis

Las imágenes de Facundo de Zuviría en Rolf Art y de Ignacio Iasparra en Foster Catena revelan detalles cotidianos que condensan una identidad cultural
Delfina Helguera
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10 de mayo de 2013  

Almacén, de la serie Frontal, Facundo de Zuviría, 2012
Almacén, de la serie Frontal, Facundo de Zuviría, 2012
No faltó nadie a la inauguración del nuevo espacio de la galería y productora de arte Rolf en la calle Posadas. La muestra Frontalismo, del fotógrafo Facundo de Zuviría (Buenos Aires, 1954), ocupó el espacio con tres series: la conocida Siesta argentina, de 2003, en blanco y negro (aquella que nació tras el derrumbe de 2001), que dialoga con Frontal en color y un caprichoso Frontalito. En Siesta argentina, De Zuviría puso el foco en el retrato de frente de locales cerrados en distintos lugares de la ciudad que terminan funcionando como una metáfora de la crisis. Esos frentes mudos, uno junto a otro, impactan al ojo y conmueven. La nueva serie Frontal, de 24 fotos, se inspira en ésta pero va más allá: es una especie de catálogo de tipologías urbanas de urbes de todo el país. La serie es extensa y sólo se exhibió una parte; el proyecto es continuarla en las provincias. "La idea es buscar ciertas tipologías que caractericen las regiones, buscar analogías, similitudes –explica el autor–; hay una búsqueda más amplia que tiene que ver con la identidad." Siempre de frente con el acento en la geometría, estas imágenes mezclan lo documental con el rigor compositivo y la búsqueda visual del término medio que lo caracteriza. En la otra orilla, la serie Frontalito intenta despojar la fotografía del sentido documental y ahondar en los aspectos de la forma y lo espacial. Son experimentos posibilitados por la tecnología, imágenes documentales convertidas en abstractas a través de la pixelación.

Sin título, Ignacio Iasparra, 2011-12
Sin título, Ignacio Iasparra, 2011-12
En la línea de la fotografía no documental se mueve Ignacio Iasparra, que abrió su última muestra en Foster Catena. Obsesionado con la luz, es el fotógrafo del instante. A raíz del nacimiento de su hija volvió a incursionar en la película instantánea, que le posibilitaba seguir sacando fotos aunque no tuviera mucho tiempo. "Esa relación con el acto de sacar fotos, de seguir buscando la imagen fotográfica", explica Iasparra. Trescientas polaroids que se pueden ver en cualquier orden, imágenes de árboles, rincones, personas, baldosas, interiores, noche, día, no importa qué muestra sino cómo. "Me gustaba que las fotos se vieran solas, que lo formal tuviera cierto clima pero que no se interpusiera, el tema es la fotografía en sí", concluye.

Con ese propósito montó un mural de fotos tomadas con una cámara de 35 milímetros que reúnen instantes, cosas simples, intrascendentes. El detalle, el movimiento congelado, las sombras de unas ramas, todas las sensaciones que generan las posibilidades de una luz mutante. En el texto que acompaña la muestra, Santiago García Navarro menciona que la luz está sirviendo de canal de pasaje entre dos realidades: una espectral y otra corpórea. En la sala, un poema de Juan Fernando García: "Abre una hendija: "luz", dice/ y la tentación amasada/ en esas flores/ cuando todo vuelve/ a su misterio/ y vuelven las cosas/ a su naturaleza".

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