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Un cambio de políticas evitaría la recesión de 2014

Nicolás Dujovne
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19 de mayo de 2013  

Desde la instauración del cepo cambiario, las reservas han caído US$ 7000 millones y el peso ha perdido más de la mitad de su valor en el único mercado legal en el que se pueden adquirir divisas para ahorrar: el de contado con liquidación. En este primer cuatrimestre de 2013 la caída de reservas ha sumado US$ 4000 millones y el peso en el mercado paralelo se ha depreciado 25% al caer desde 15 centavos de dólar por peso al 31 de diciembre de 2012 hasta 11 centavos de dólar por peso a fines de abril de 2013. El ritmo de pérdida de reservas y depreciación lejos de estabilizarse, aumenta.

La economía se encuentra estancada desde hace seis trimestres: en el primer trimestre de 2013 el PBI medido por fuentes privadas se sitúa en igual nivel que en el tercer trimestre de 2011. En esta economía estancada, la inversión, el consumo y el empleo privado no crecen, y solo las exportaciones muestran cierta mejora de la mano de la buena cosecha de soja y maíz y del aumento en la demanda de autos en Brasil.

Los números referidos al mercado de cambios nos indicarían que en mayo y junio el Gobierno no perdería reservas debido a la estacionalidad de las ventas externas de soja, pero que ya a partir de julio éstas volverían a caer y terminarían el año en cerca de US$ 37.000 millones, pero con chances de bajar unos US$ 2000 millones adicionales, hasta US$ 35.000 millones si el Gobierno decide agregar otros US$ 2000 millones para pagar importaciones de energía.

Las cosas no están bien en 2013. Y lucen aún peor cuando uno intenta imaginarse la macroeconomía de 2014. De no producirse cambios profundos en la política económica que tiendan a morigerar el aumento en la oferta de dinero, bajar la inflación, contener la brecha cambiaria y la caída en las reservas y revertir la pérdida de competitividad de la Argentina habrá muy pocas chances de que la economía evite transitar el duro trance que implicaría pasar desde el actual estancamiento hacia una recesión. Ingresar en modo de crisis.

Téngase en cuenta que en 2013 la economía apenas logra defenderse de la recesión merced al aumento de US$ 5000 millones en las exportaciones generados por la buena cosecha y las ventas de autos a Brasil. Pero en 2014 si la suerte es esquiva y las ventas externas bajan en vez de subir, se acelerará la pérdida de reservas. Para evitar esa baja en las reservas, y sin una reversión en la salida de capitales ni un boom exportador, las importaciones deberían mostrar una enorme contracción de manera tal que el superávit de comercio crezca lo suficiente como para estabilizar las reservas del Banco Central.

Con una brecha cambiaria que seguramente será superior a 100% a finales de 2013, el impuesto implícito que esa brecha genera sobre las exportaciones y el turismo receptivo, y el subsidio que inversamente determina sobre las importaciones y el turismo al exterior será altamente improbable que la Argentina logre evitar en 2014, entre otros efectos, una caída en las ventas externas en relación con las de 2013. De hecho, entre los años 70 y 80, en el 80% de los años en los que la brecha del tipo de cambio superó el 50%, las exportaciones cayeron.

Puesto en números: en 2013 las exportaciones crecen unos US$ 5000 millones respecto de 2012 debido a los efectos puntuales de la mejor cosecha y la recuperación de las exportaciones de autos a Brasil. Y aun así las reservas internacionales caerían cerca de US$ 8000 millones. En 2014, con las exportaciones cayendo probablemente unos US$ 5000 millones, las reservas bajarían unos US$ 10.000 millones aun si las importaciones se mantuvieran estancadas. Si ello ocurriera, el nivel de reservas de fin de 2014 llegaría a la inviable cifra de US$ 25.000 millones. Y si las reservas estuvieran cayendo hasta ese nivel, sería altamente improbable que el nivel de actividad se sostuviera, el deterioro en las expectativas lo impediría.

Alternativamente si el objetivo oficial en 2014 fuera el de sostener el nivel de reservas y ya no el nivel de actividad, las importaciones deberían contraerse cerca de US$ 10.000 respecto de 2013 para aumentar el superávit de comercio y mantener las reservas estables. Esa caída en las importaciones totales, con las importaciones energéticas estables o aumentando debido al problema de la falta de abastecimiento local sólo podría ocurrir si la economía se está contrayendo a un ritmo cercano al 2% o 3%. Esto es, con una recesión.

Nicho o tierra. Si la salida de capitales se prolonga, las reservas caerían hasta niveles tan preocupantes que terminarían provocando una recesión. Y si el objetivo de las autoridades fuera blindar las reservas, sólo podrían hacerlo mediante un nivel de actividad lo suficientemente deprimido como para que la demanda de importaciones se contraiga abruptamente. La salida incruenta, el boom exportador no podrá venir a rescatarnos con una brecha cambiaria de 100% y el tipo de cambio oficial sobrevaluado.

La salida es cambiar. Combatir las causas y no los efectos de la crisis. Reconocer la inflación, atacarla de manera creíble y restablecer algunas libertades en el mercado cambiario que le devuelvan cierta fluidez a la economía. Abandonar lo estrafalario. Se evitaría la predecible recesión de 2014. Hagan sus apuestas.

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