Nuevos desafíos

Verónica Gurisatti
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26 de mayo de 2013  

No se puede negar la riqueza ampelográfica de los vinos argentinos ni su potencial y si se ponen los mismos esfuerzos en desarrollar otras variedades como se puso en el Malbec, podemos tener exponentes comparados con los mejores vinos del mundo. Por suerte la vitivinicultura sigue evolucionando rápidamente y algunas etiquetas están sorprendiendo no sólo por su calidad sino también por su gran tipicidad.

El carácter de un buen Malbec es fácil de reconocer porque está cargado de fruta, acidez y contundente final, como el Martino Malbec Reserva 2011, de boca refrescante, tipicidad muy agradable, taninos maduros y suavidad en el paladar. Elaborado con uvas de Agrelo y Maipú y doce meses de crianza en roble americano y francés, es un fiel reflejo del Malbec mendocino y uno de esos vinos que siempre piden una copa más.

Son pocos los Cabernet mendocinos que se apoyan más en la fruta negra que en los tonos vegetales, como el Críos Cabernet Sauvignon 2011, que mantiene sus agradables aromas frutados y mentolados con una frescura muy particular, un cuerpo armónico y delicado y gran personalidad. Elaborado con uvas de Agrelo (Luján de Cuyo), San Carlos y Tunuyán (Valle de Uco) y nueve meses de crianza, está listo para descorchar.

El Tannat está teniendo un reconocimiento inimaginable años atrás, se adaptó muy bien a Cafayate y sus alrededores, y hoy se empezó a destacar junto con los vinos salteños, como el Colomé Lote Especial Tannat 2011, un tinto moderno que tiene fruta, frescura, cuerpo e intensidad, madera muy bien integrada y taninos suaves que dejan una sensación de redondez al final, con todo lo que le aporta el singular terruño de altura.

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