Quiénes son los violadores del verso

En su tercera visita a América Latina, los raperos en el Teatro de Flores
En su tercera visita a América Latina, los raperos en el Teatro de Flores
Cómo hicieron cuatro raperos de España para convertirse en los embajadores del hip hop en castellano
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29 de mayo de 2013  • 16:13

En un restaurante del microcentro de Buenos Aires, algunos de los miembros de Violadores del Verso atacan una fuente repleta de piezas de sushi; comen hasta las de atún. Durmieron poco y todos parecen estar muriendo de hambre (es la entrada), menos Lírico, uno de los MCs. "Estoy malo de la panza", dice, un poco pálido y descompuesto. Ayer, en Uruguay, donde tocaron por primera vez con tickets agotados, comieron en uno de esos carros callejeros que hay por todo Montevideo, algo de lo que hoy Lírico se arrepiente. "Adentro de la heladera había algo que se movía, tío."RdeRumba, el DJ del grupo, para de tragar cuando escucha eso. Tiene una bola de arroz y pescado crudo en la boca y se tapa la cara con una mano, haciéndole a Lírico el gesto de que por favor no siga. RdeRumba, Lírico y otro de los MCs, Kase.O, llegaron esta mañana en avión. A último momento, la producción de Mario Pergolini les confirmó una nota en FM Vorterix y tomaron el primer vuelo. Falta Sho-Hai, el tercer MC, que sufre de una especie de fobia a los reportajes. Durante cuarenta minutos, Pergolini los entrevistó con su estilo rockero relajado, sin demasiada idea de la dimensión de este grupo de rap de Zaragoza, España, que logró traducir el hardcore-rap americano de los 90 al idioma de Cervantes.

En un momento les preguntó si estaban presentando disco nuevo. VDV lleva siete años sin editar disco como grupo: el último fue el clásico Vivir para contarlo, de 2006, que se convirtió en el primer álbum de un grupo de hip-hop español en llegar al Número 1 de los 40 Principales. Lírico, de 37 años, se lo explicó así: "Ahora como grupo hemos hecho un parón". El operador puso una marcha fúnebre, y Pergolini le hizo señas con los brazos. "Vamos, sacá todo, sacá todo...", le indicó. "Están lejos de casa, cuéntennos: ¿por qué no vino el que no vino?"

Ellos no lo conocían a Pergolini, pero ahora sospechan que se trata de alguien importante. "Se lo tiene bien montado ese tío ahí, eh", comenta Rumba durante el almuerzo. "Tiraba un chiste y las risas grabadas te comían las orejas." Cuando terminan de comer, me preguntan si tengo "kenke" (porro) y los acompaño a otra nota, en una de esas plazas frente a los Tribunales.

En el camino, Kase.O -Javier Ibarra, el eterno benjamín del grupo, que acaba de cumplir 33- habla de "La cúpula", el último track que han grabado juntos. Salió en el disco de Sho-Hai, Doble vida, de 2011, y la instrumental la produjo Rumba llevando a 45 rpm un lento de Omega, una banda de rock progresivo húngaro de los 70. "Tenía muchas dudas sobre cómo enfocar esa canción, que era una canción de Violadores nueva, se llamaba «La cúpula», era un título súper serio, ¿sabes?", dice Kase, que es el primero en entrar a rapear sobre ese beat. Entre los MCs de habla hispana es conocido como "El puto amo", pero en la intimidad Kase es un tipo híper autocrítico, que se tortura y tiende a dramatizar. Mientras cruza la avenida 9 de Julio, dice que estuvo varias tardes sentado escuchando la instrumental vacía. "Lo único que tenía era un punch-line", recuerda. "«Ahora que estoy aquí subido, comprenderás que no quiera bajar.»"

En el imaginario de la cultura rockera, las giras no suelen asociarse con los artistas de rap. Sin embargo, Violadores del Verso ha rebasado las fronteras y conquistado un mercado de hip-hop en castellano cautivo, en especial en Latinoamérica, donde ninguno de sus discos ha sido editado oficialmente y llenan, agregando nuevos destinos cada vez (Uruguay y Perú en este tour).

A la noche, Rumba y Kase llegan a la habitación de Marcos Otero, el histórico sonidista y ahora manager del grupo, para ver Argentina-Venezuela por las eliminatorias del Mundial Brasil 2014. Hablan de un problema que tienen todos: la ropa que hay en sus bolsos ya está sucia. Vienen de tocar frente a 70 mil personas en el festival Vive Latino, en México (también se presentaron en Monterrey y Guadalajara), y de llenar La Trastienda de Montevideo, así que Rumba hace cuentas: "Voy a lavar un pantalón y me lo voy a dejar puesto hasta el show", dice, y queda en boxers. El pantalón va a parar a una bolsa de lavandería comunitaria.

En esta habitación también duermen dos de los plomos del grupo, que cruzaron desde Uruguay en Buquebus con los equipos, Sho-Hai ("Se puso ciego de cerveza en el bar del barco", cuentan) y el merchandising, que está todo apilado en la kitchenette del cuarto. Sho-Hai no va a aparecer hoy; tampoco Lírico, que sigue mal del estómago. En un pequeño plasma empotrado en la pared vemos el partido que el equipo de Messi gana 3 a 0, y como Rumba quiere ir a comprar vinilos durante su estadía, la conversación es sobre el mercado cambiario, el dólar oficial y el "blue". Rumba, que no entiende, dice: "Ostia… ¿voy a tener que pagar con rupias?".

El dia del show, todo el staff de violadores del Verso come en Pippo, el tradicional restaurante de pastas de Buenos Aires. Sho-Hai les cuenta a sus compañeros qué hizo anoche: "Me hice una rascadita y me quedé dormido, co". Todos se ríen. Cuando hablan, los VDV suelen terminar las frases con un "co", una versión libre del "bro" rapero que han patentado y remite tanto a "colega" como a la segunda sílaba de "chico", la forma en la que las señoras de barrio llaman a los niños en la ciudad donde ellos se criaron.

En 2006, tiempo de Vivir para contarlo
En 2006, tiempo de Vivir para contarlo

En esencia, los VDV son cuatro raperos del interior de España que amaron tanto el hip-hop americano que se convirtieron en sus embajadores. "…Y en cada país que visitamos somos la embajada", dice Lírico en "La cúpula". Han visitado Buenos Aires tres veces en los últimos cinco años, y como los entrevisté en todas ellas, Sho-Hai siente cierta familiaridad. Entre los suyos, es gracioso y desinhibido, pero su fobia a las notas es patológica y, como un Raj Koothrappali, el personaje de The Big Bang Theory, se queda mudo frente a las damas. De hecho, su timidez le impide salir de levante. "Cuando me gusta mucho una tía me trabo y no me salen las palabras", dice. "Yo nunca he sabido ligar ni sabré ligar en mi vida, macho."

Sho-Hai, que se llama Sergio Rodríguez y es el más llamativo de los cuatro, siempre con gorra y cola de caballo, es tímido desde que estaba en la primara ("En la escuela me daba pánico que me llamaran a la pizarra"), y tanto las mujeres con las que ha salido como su exitosa carrera, se explican con el alcohol. Es inevitable empezar por ahí: la bebida es una de las temáticas recurrentes del grupo. Con sus compañeros, Sho-Hai (ellos le dicen Hate, que fue el primero en su enorme lista de alias, en la que destaca El Rey de las Cantinas y Gran Mago Beodo) recuerda la primera vez que tocaron juntos. Fue en un bar de La Almunia, un pueblo cercano a Zaragoza, donde salieron a rapear la canción "Violadores del verso", que habían grabado en un casete de Gangsta Squad, el grupo que Lírico tenía con DJ Brutal, hermano mayor de Kase. "Salí a tocar borracho", dice Sho-Hai, de 37. "Y recuerdo que había una gachi del colegio que me estaba viendo ahí, co."

¿Cómo se llamaba el lugar?

Sho-Hai: ¿El bar cómo se llamaba, macho?

Kase: ¿Escolano? ¿Pub del Centro? No, Pub del… Lírico, ¿tú te acuerdas cómo se llamaba el pub donde tocamos por primera vez?

Lírico: Ummmm... No.

Kase: El Brutal seguro que se acuerda, co. ¿Le mando un mail o qué?

Sho-Hai: Yo no me acuerdo. Me parece que no había ni escenario, era la barra de un bar.

¿Rapeaban desde atrás de la barra?

Lírico: No, rapeamos arriba de la barra.

RdeRumba: Este [por Sho-Hai] se daba la cabeza contra el techo.

Sho-Hai: Con el techo me daba en la cabeza, co. ¡Imagínate!

Después de esa presentación en La Almunia, la gente sola empezó a decirles Violadores del Verso. Aunque eran tres grupos diferentes –el de Lírico y DJ Brutal, Gangsta Squad + Kase.O como solista + Bufank, con Sho-Hai, RdeRumba y otro colega, Juez– comenzaron a girar juntos y a rapear ese tema al final de los shows (llegó a haber una formación de VDV con siete piezas). Así recorrieron el camino que iba de las jams en colegios, parques y Casas de Juventud al Festimad, donde tocaron en 1997. En el documental La otra gira, un extra del CD-DVD Presente que registra el tour 06/07 de Vivir para contarlo, el propio Kase.O se sorprende: "También actuamos en un colegio de monjas".

Terminaron mudándose todos juntos al sótano de Entalto, otro bar, propiedad de Ramón Alconchel, que devendría primer manager de la banda. Ahí, con unas Technic’s 1200 y una PC con un Cool-Edit pirateado ("El Cool-Edit fue la clave", agrega Rumba), grabaron en 1998 su debut homónimo, que se conoce como "el disco de la braga". Influenciados por el hardcore-rap de Rakim, EPMD y Gang Starr, en ese mini LP de apenas seis temas sentaron las bases del sonido seco y el estilo rap de competición del grupo.

En ese álbum estaba "MC", la canción que desató el beef más importante de la historia del rap en castellano: Metro vs. Kase.O (un beef es un cruce verbal en el que dos raperos resuelven en vivo o en el estudio sus diferencias). Cinco años atrás, el más pequeño de los Violadores había aparecido con su flow de otra galaxia. "Yo sólo trataba de llamar la atención de mi hermano y su pandilla", dice él. Había hecho sus casetes, que terminaron dando la vuelta a España, y ya era una promesa cumplida del rap ibérico (si en YouTube ponen "Kase.O chavalín" pueden verlo rapeando en aquella época) cuando Metro, un B-boy y MC diez años mayor, le tiró con "Gran MC, mejor persona". Entonces Kase sacó "Mierda", una réplica categórica de 9’53" ("No hay secretos, para ser concretos hablo de Metro/ B-boys reales como tú no se merecen respeto") que aplastó al veterano y terminó con su carrera.

A Kase se le ocurrieron las rimas de "Mierda" mientras hacía carrera continua en un entrenamiento del Santo Domingo de Juventud, un equipo de Zaragoza donde jugaba de 9. "Yo estaba pasando por mi primer desengaño amoroso, estaba mal por mis movidas", recuerda. "Entonces Metro, por así decirlo, llegó en mal momento."

"El disco de la braga" también incluía "Virtuosos", un track que ese 1999 apareció como último tema del compilado Hip-hop se escribe con Ñ, publicado por la revista Rock Deluxe (casualidades del destino: Geronación, el grupo de Metro, encabezaba el álbum), que introdujo el concepto de competición en el rap latino años antes de que se filmara 8 Mile. "Cuando escuchamos a los españoles nos dimos cuenta de que se podía hacer rap en castellano de otra manera", dice Mustafá Yoda, un MC que a finales de los 90 fundó La Organización, el primer grupo argentino de rap de competición.

El crossover que logra violadores del Verso se ve en sus recitales: el único lugar donde la gente del rap y del rock se junta. Esta noche, El Teatro de Flores luce repleto, como la última vez que tocaron acá, en 2011. El show empieza con "La cúpula" y lo que sigue es una batería de los clásicos que los llevaron a la cima, como "Máximo exponente" y "No somos ciegos", donde Lírico (David Gilaberte) resume en dos líneas la particular sensibilidad que tienen para construir imágenes, algo que –más allá del espíritu deportivo del grupo– los puso por encima del promedio: "No empuje señora, bajo en la próxima/ Que ni usted es marquesa ni yo un miserable, mi generación suele ser más amable". También tocan temas de Un antes y un después, el primer disco solista de Lírico editado en diciembre, en el que colabora el rapper californiano Evidence.

Un año antes del debut de la banda, Lírico con Evidence
Un año antes del debut de la banda, Lírico con Evidence

Antes de "Ocho líneas", que empieza con la rima "Mi estilo es como el tacto de un dedo contento/ Pregúntale a las chicas del convento", de Kase, él mismo dice: "A nosotros nos gusta todo tipo de música. Pero lo que nos la pone tiesa es el rap hardcore". Y cuando a Sho-Hai le toca su turno, remata "el micro es mi muy mejor amigo" con un polémico "me cago en la boca del papa Francisco". El público grita: es el highlight.

Al día siguiente me entero que, después del recital, fueron a tomar algo a la terraza de un bar de Palermo, frente a Niceto Club. Mustafá estuvo ahí, los conoce (tocó en el primer show que dieron en Chile, en 2003), y me cuenta que hizo freestyle con Kase ("Tira todos punch-lines"). En la última jornada del grupo en Buenos Aires, los cuatro caminan hacia Buttman, un sex-shop donde es la sesión de fotos para Rolling Stone, y Sho-Hai habla del saludo que le dejó la otra noche al recién asumido Papa argentino, una rima que en general le dedica al presidente de España, Mariano Rajoy. "No estaba seguro, pero lo solté y fue un bombazo." VDV siempre ha tenido una mirada corrosiva de la institución eclesiástica; Iglesia es sinónimo de Franco para ellos, y Sho-Hai asegura: "Yo ni sé rezar, co".

Unas horas antes, Rumba (Rubén Cuevas, 37) hace una recorrida por sus disquerías favoritas de Buenos Aires y termina en El Cactus, un pequeño local donde consigue un buen cambio: 10.50 pesos por cada euro. Busca samples potenciales para sus próximos proyectos: un nuevo álbum de Xhellazz, artista de Rap Solo (el sello del grupo) y otro más de Kase.O. Luego, todo lo que haga será para VDV. Ya en el lobby del hotel, mirando las bolsas de discos, dice: "Hombre, no te digo que encuentre algo increíble entre lo que compré hoy y, sin que nadie lo vea, me lo guarde para el próximo disco de Violadores".

Pero el gran interrogante es cuándo saldrá el disco nuevo de Violadores del Verso. La banda, que en su país toca de forma espaciada (en 2012 sólo dieron tres shows, y hacía dos años que no tocaban), ha construido una dinámica de supergrupo, editando trabajos individuales y manteniéndose juntos, aunque algunos de ellos ya ni siquiera viven en la misma ciudad (Lírico se mudó a Barcelona). Otero, que ha viajado con ellos a todas sus giras, dice: "Yo veo que se ha conseguido crear un mito del grupo, que lo que hace es realimentar la expectación". Pero sobre el disco nuevo es cauteloso: "Un disco más al menos habrá, pero es un disco que ahora mismo no existe".

Kase.o tiene una pesadilla. "tengo una pesadilla recurrente en la que llego tarde al concierto", relata su último día en la ciudad, acostado vestido en la cama king-size de su habitación. "Llego al lugar, y cuando salgo a rapear no hay nadie", sigue, "veo vasos en el suelo y pienso: «¿¡Joder, qué está pasando?!». Es una sensación súper estresante". El sueño es siempre el mismo, pero los escenarios van cambiando; ha soñado con lugares en los que han tocado y no tiene idea de por qué. "Debe ser un vehículo que tiene mi mente para sacar su mierda", dice.

Kase grabó Jazz Magnetism, un disco donde reversionó algunos de sus temas solistas de VDV junto a un grupo de jazz. Ahora tiene que hacer uno de letras nuevas, eso es lo que todo el mundo espera, y lo que es peor: es lo que él espera de sí mismo. Todavía no tiene una sola canción, y sufre. "La paso mal tío, porque tú conoces lo que es lo sublime, ¿sabes?", dice. "Pero no puedes ser sublime en todas las canciones. Y eso te atormenta, co." Cuando está trabajando para un disco, como ahora, todo se altera en su mundo privado. "Cada vez que voy a grabar disco, mi chica y yo ya es como: «Mierda, a ver qué va a pasar ahora, co». Lloro por las noches y digo: «¿Yo para qué cojones hago esto? ¡Si lo paso mal!»."

Mientras va anocheciendo en su habitación, dice que el único momento en el que consigue bajar un cambio es cuando está así, horizontal, y cerrando los ojos, con su cabeza en la almohada, se imagina a sí mismo controlando la pelota. "Me imagino esa movida y mi cabeza dice: «Vale, ya está con el fútbol, ya nos vamos a dormir»", se ríe, y lo veo relajarse. Yo no me atrevería a despertarlo.

Por Juan Ortelli

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