Una sesión divina

Susana Freire
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2 de junio de 2013  

Ficha técnica: Dios mío / Autor: Anat Gov, en versión de Jorge Schussheim / Intérpretes: Thelma Biral, Juan Leyrado y Esteban Masturini. diseño de escenografía: María Oswald / Diseño de iluminación: Gonzalo Córdova / Producción general: Eloísa Canton y Bruno Pedemonti / Sala: Multiteatro / Duración: 75 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

Pensar en la posibilidad de que Dios caiga en una crisis depresiva y necesite terapia es una idea insólita. Pero esto sucede en esta obra de la israelita Anat Gov, fallecida el año último, que resulta ser bastante audaz en su propuesta por la elección de los personajes. Sobre todo porque el enfrentamiento se produce entre la máxima divinidad, no importa de qué religión se trate, y una psicóloga atea, lo que deriva en un texto ingenioso que termina por ser divertido, al mismo tiempo que conmovedor, y respetuoso de la imagen divina.

¿Cuál puede ser el motivo de depresión que afecta a Dios? Sin lugar a dudas está relacionado con su máxima creación: el hombre y su comportamiento en el mundo, lo que hace que el Creador piense en otra forma de aniquilación, como el Diluvio, pero sin permitir que nadie sobreviva. Está cansado de que, mediante las religiones, se tome su nombre para justificar las guerras y las matanzas.

Éste es el desafío que enfrenta la psicóloga, una mujer divorciada que carga con el problema de un hijo autista y del cual sólo espera que alguna vez la llame mamá.

Durante la sesión, Dios está, a causa de su frustración y decepción, a punto de abandonar la terapia porque siente que está perdiendo poder, pero, en realidad, detrás de ese sentimiento, la psicóloga atisba otra verdad: la culpa, por ejemplo, por las penurias que tuvo que vivir Job para complacer al Supremo. Pero él también tiene sus argumentos para defender su estado de ánimo, al explicar que la creación de Adán surgió de la necesidad de tener un amigo, realidad que se revirtió cuando tuvo que asumir que el primer hombre demandaba la creación de la aparición de la mujer. Ahora que hay miles de millones de humanos, Dios se siente más solo que nunca.

La contraparte está representada por la psicóloga, quien carga también con sus propios problemas y que luego de la charla terapéutica termina por reconocer que ella también necesita a Dios y considera a su presencia imprescindible.

La moraleja radica en que si Dios perdió la fe en el hombre, la psicóloga recuperó la fe en él. Quizás ésta fue la intención primera del Supremo: rescatar a otro cordero perdido.

Son disquisiciones religiosas y metafísicas que permiten establecer un duelo entre Thelma Biral, conmovedora en la piel de esa psicóloga, en algunos momentos atormentada, en otros lúcida, que debe tratar al paciente más complejo de su profesión, y Juan Leyrado, que compone a un personaje que va desde la calidez hacia la ira con total convicción. Completa el elenco Esteban Masturini, en un correcto desempeño como el hijo autista.

La dirección de Lía Jelín es impecable, tanto en la definición de los personajes como en la precisa dinámica escénica, ágil en su desarrollo, que no presenta baches temporales.

Los diseños de escenografía de María Oswald y de iluminación de Gonzalo Córdova se suman para crear un marco atractivo y apropiado para esta comedia.

http://guia.lanacion.com.ar/teatro/obra/dios-mio-ob18183

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