El testigo de boda de Fariña complicó a Pérez Gadín

Declaró ante la Justicia que fue amenazado y pidió protección; dijo haber comprado un campo en Uruguay que quedó en manos del contador de Báez
Hernán Cappiello
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6 de junio de 2013  

Atemorizado porque fue amenazado de muerte, Maximiliano Acosta, testigo de casamiento de Karina Jelinek y el contador Leonardo Fariña , juró ante la Justicia que fue él quien firmó un boleto por la compra de un campo en Uruguay en 2012, por 14 millones de dólares, y que quien se quedó con la propiedad fue Daniel Pérez Gadín, contador del empresario Lázaro Báez .

Acosta, un empresario de la noche, acudió con miedo a ver a la diputada Elisa Carrió (ARI), que ayer lo llevó a declarar a los tribunales federales de Comodoro Py, donde pidió protección para él y su familia. "Que ahora nadie lo toque", dijo Carrió a LA NACION. "Pérez Gadín es Lázaro Báez. Acosta no lo sabía cuando participó de la operación", dijo la legisladora.

Acosta compareció ante el fiscal Guillermo Marijuan, que envió su relato al juez federal Sebastián Casanello, quien investiga a Lázaro Báez, a sus hijos, a Pérez Gadín, al financista Federico Elaskar y al valijero Fariña por lavado de dinero.

Acosta pasó inadvertido en el quinto piso de los tribunales federales. Según su declaración, a la que accedió LA NACION, reveló que su amigo Maximiliano Goff le pidió que le presentara a Fariña gente en Uruguay y que lo ayudara con sus negocios en diciembre de 2010. Fariña se iba a Punta del Este y allí se encontró con Acosta el 5 de enero.

Lo llevó a fiestas, bares y encontró lo que buscaba una noche en el bar Tequila, de La Barra, epicentro del jet set esteño. Allí, cerca de la caja, conoció a Walter Kobilanski Branda Huber, que le ofreció su campo de 150 hectáreas en José Ignacio, llamado El Entrevero. Lo valuó en 14,5 millones de dólares. La operación debía hacerse libre de toda comisión y en la escritura debía figurar el monto de la compra.

Fariña se entusiasmó y con Acosta y Goff fueron al campo con un agrimensor. Imaginaron un desarrollo inmobiliario con un hotel de lujo sobre la costa y una franja de tierra al otro lado de la ruta. Lotes de 1000 metros cuadrados bañados por el mar y chacras de unos 5000 metros cuadrados.

Allí, Goff dio el primer paso para la compra: adquirir la sociedad Traline, que presidió el propio Acosta. El primer acto de la sociedad es la firma del boleto de compraventa del campo, por el que se pagaron entre 1,5 y 2 millones de dólares. Acosta no recordaba bien la cifra, aunque afirmó tener copia del boleto.

No se entregó dinero en efectivo en la operación, sino que Kobilanski Branda Huber indicó cuándo y cómo debían hacerse las transferencias. Goff y el escribano Adolfo Pittaluga Shaw tomaron nota.

Al comenzar las averiguaciones en la municipalidad de Maldonado para el emprendimiento, empezaron los problemas, porque surgieron costos que nadie quería pagar.

Para esa época aparecieron en la zona dos personajes conocidos en esta historia: Carlos Molinari y su hijo Matías. El padre figura como empleador de Fariña, y su hijo es íntimo del hijo de Báez y quien lo interesó en hacer negocios juntos. Los Molinari iban a ser los desarrolladores del proyecto, dijo Acosta, que dijo que nunca vio a Lázaro Báez ni a su hijo, ni los conoce.

En ese momento, a fines del verano, Jelinek rompió con el empresario Tomás Costantini, hijo de Eduardo, dueño del Malba, y empezó a salir con Fariña. Acosta jura que no fue celestino de la pareja y dice que ese papel y el de testaferro de Fariña que le adjudican le ocasionó perjuicios económicos.

Tan improvisado fue el casamiento de Jelinek, contó Acosta, que Fariña, cuando compartía una reunión con él y un gerente de Volkswagen, les pidió sus DNI porque dijo que había conseguido fecha para la boda y debía decir en ese momento quiénes iban a ser los testigos, aun sin conocerlos.

La alta exposición pública de la pareja hizo imposible el negocio y todo quedó en nada. Acosta les reclamaba a Fariña y a Goff la comisión que le habían prometido: 3% sobre la venta y 20.000 dólares por mes. No le pagaron y reclama el casi medio millón de dólares que, considera, le iba a cambiar la vida.

Asustado, Acosta viajó a Montevideo, a la escribanía de Pittaluga Shaw, para renunciar a la presidencia de Traline. Pero el escribano se le adelantó: "Vinieron los auditores de Leonardo Fariña y lo destituyeron: Pérez Gadín y Jorge Chueco".

Eran el contador de Báez y el abogado vinculado con el despojo de la financiera SGI que denunció el financista Elaskar. Siempre según su declaración ante la Justicia, el escribano le pasó el celular de Pérez Gadín y Acosta lo llamó para reclamarle la plata. El contador lo cortó en seco. "Fariña te estafó, son unos faloperos que tienen el futuro comprado y si seguís jodiendo, vos también vas a tener la vida comprada."

-¿Es una amenaza?

-Tomalo como quieras.

Meses después recibió amenazas en su celular y en su casa que lo obligaron a mudarse a Uruguay.

Dijo que estuvo en SGI y que conoció a Fabián Rossi, esposo de Ileana Calabró y quien armó sociedades panameñas para Báez, desde donde iba plata a Suiza.

Como Acosta quería cobrar buscó encontrase con Fariña. La última charla, dijo, fue hace tres semanas, en el Mercedes-Benz con vidrios polarizados de Fariña, mientras estaba estacionado en San Martín de Tours y Cabello, en Barrio Parque. Fariña le prometió que le iba a pagar todo, aun lo que le debía Goff.

Pero la calma le duró poco porque el propio Goff lo llamó y le dijo que para cobrar debía "alinearse" y contactar a Chueco y a Pérez Gadín, los hombres de Báez, que lo habían amenazado. Ayer pidió protección judicial para él y su familia, porque -dijo- las amenazas lo obligan a mudarse continuamente.

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