¿Qué mirás?

Hace poco supo que es daltónico y ahí entendió por qué le cuesta tanto armar un buen look. Encuentro cercano con un actor fuera de serie que, a 20 años de Tango feroz, asegura: "Siento que Tanguito fue en otra vida"
Fabiana Scherer
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9 de junio de 2013  

Memoria selectiva. Así funciona la cabeza de Fernán Mirás (43) y quienes lo conocen saben que los despistes son parte de su encanto. Al celular llega un mensaje: "Fernán se retrasó diez minutos". No pasan más de cinco que entra en escena, desencajado. Pide disculpas. "Pensé que era en otro lado. Me llevo mal con los números –pide un cortado–. Esto es al 3050, ¿no?"

–No, estamos al 3550.

–Cuatro veces tuve que mirar la dirección. Soy de los que manejan con el papelito en la mano. No como la gente normal, que mira una vez la dirección y ya está.

Para Fernán los números son como ideogramas chinos. "Cuando estoy frente a un resumen de cuentas, no sé por dónde arrancar. Ni siquiera sé dónde está la fecha de vencimiento. Mi mujer se encarga de todo eso." Ella es María Amelia, traductora, madre de Santiago (5) y los mellizos Sofía y Sebastián (1). "No me acuerdo con cuánto nació cada uno ni cuánto midieron."

¿Y con los cumpleaños cómo hacés?

Olvidate. Me tienen que avisar. En la familia hay varios colgados, es una cuestión genética. Siempre fui así, despistado. Me jugó en contra muchas veces, pero también supe aprovecharlo.

¿De qué manera le sacás provecho?

Colgarme también es abstraerme, me voy a otro lado. Cuando hay problemas, me voy [hace un sonido como si fuera absorbido por una burbuja]. Varias veces me quedé dormido mientras el dentista hacía todo el laburo. Imaginate que en casa, con los chicos, no viene mal esto de abstraerse.

¿Que los tres lleven la "s" como inicial fue intencional?

No, para nada. Se dio de casualidad. Son los nombres que nos gustaban. En un momento nos lo preguntamos. Pero la verdad es que nos costaba encontrar otros nombres que no fueran esos. Al final, dijimos: nos la bancamos.

Sumamente expresivo, así también es el actor que alguna vez supo ser Tanguito en Tango feroz. "Doblete", dice, y la cara se le transforma a tal punto que del modo más informal uno diría un babero, por favor, para este padre de mellizos. "¡Qué te puedo decir! El doblete es agotador, pero también alucinante, porque todo es doble. Es muy raro verlos crecer a los dos, como dos individuos –analiza–, es tan interesante cómo se define la sexualidad en los pequeños gestos, cómo hacen ustedes [las mujeres] las cosas y cómo las hacemos nosotros, los varones."

¿A qué te referís?

De muy bebes, cuando yo llegaba a casa, Sebastián se desesperaba, hacía todo el circo, saltaba como un chabón; Sofía, en cambio, se hacía la indiferente y con sus pestañas increíbles revoloteaba los ojos. Claro poder femenino. Tengo amigos mellizos y aseguran que es inexplicable lo que se siente, lo que se comparte. Me pasó ver que Sebastián le chupaba la mano a Sofía creyendo que era su mano.

Barrio de Floresta. Joaquín V. González, muy cerquita de Juan B. Justo. Los Mirás crecieron entre tubos de televisores, pianos, baterías y peleas de hermanos.

¿Sufriste el síndrome de ser el hermano del medio?

Tengo mi propia teoría acerca de esto. Los que se suponen que saben del tema no la compran, pero mi teoría es la siguiente –estira los brazos y como si fuera a sonar los dedos de las manos, comienza con la explicación–. Todos dicen que el del medio sufre. Yo lo pasé bomba. Cuando mi hermano venía y me pegaba, yo tenía a quien pegarle. Si me molestaban, tenía a quien molestar. Para mí, todo esto tenía cierta dinámica. Lo más curioso es que soy el hermano menor para uno y el mayor para otro.

Desde la ventana de su cuarto se veían las luces de Zodíaco, el emblemático boliche del barrio al que iba Diego, su hermano. "Buena parte de mi vida pasó de ese lado de Juan B. Justo. Mi vieja era maestra de la escuela República del Perú. En el verano, funcionaba una colonia, y mis hermanos y yo fuimos ayudantes."

¿Ayudante?

Sí, en la clase de plástica. Era como el segundo profesor.

Ya a los 11 años tenía en claro que quería hacer Bellas Artes en el Manuel Belgrano de Barracas.

¿En casa te apoyaron?

Fue la carrera frustrada de mi viejo. A él no lo dejaron. Tuvo que salir a laburar desde muy joven y estudiar Bellas Artes no estaba visto con buenos ojos. Dibuja muy bien. Mi mamá y mi papá siempre fueron buenos espectadores. Los dos tocaban el piano. Mi vieja de oído tocaba cualquier cosa. Era profesora de guitarra. Murió hace diez años. No te puedo decir bien la fecha.

La música siempre estuvo presente para Fernán Mirás, que se anima a hablar de tres pilares: Beethoven, Pink Floyd, Spinetta. Mi papá también tocaba el violín. Creo que es el instrumento más espantoso de escuchar cuando uno está estudiando. Es como si escucharas a un gato morir. Una agonía permanente. Mi hermano toca la guitarra muy bien; mi hermana, Paula, el piano. Lo único que me quedaba era joder con la batería.

¿Fue por venganza?

Por pura venganza, por todos los ruidos que tuve que bancarme [se ríe]. La verdad es que me apoyaron. Intentaron insonorizar el cuarto, pero mucho no se pudo. Así que le pegaba con todo.

Como su hermana, se anotó en el Bellas Artes. Su hermano siguió el camino de su papá, que era técnico electrónico. "Mi viejo arreglaba televisores y mi hermano se subía a un banquito y miraba atentamente lo que pasaba ahí dentro."

¿Y a vos no te interesaba mirar lo que había ahí adentro?

No, las veces que me acercaba a una tele era para mirarla de frente. Sentado y de frente. Lo que sí hacía era ir a comprar válvulas o jugar en el cuarto devenido taller. A mi hermano [Diego] siempre le gustaron los números, la tecnología; en cambio, yo…. mirá mi celular [muestra un aparato sencillito]. Diego es brillante. Tiene una empresa de ascensores que armó desde muy joven.

Una vez su papá dijo: "Hay edades para elegir de qué vivir", y con ese espíritu Fernán se largó a darle rienda al costado de la actuación. "En casa no había plata para pagar ningún curso, así que había que arreglárselas. Y así llegué a la Iglesia Metodista de Flores. Ni siquiera estoy bautizado y mi familia es agnóstica. Mi abuela era socialista, atea; mi abuelo, medio católico. Mi vieja se bautizó de grande, a los 18 años (creo que en realidad lo hizo para llevarle la contra a la madre). Con todo este mambo, mis viejos nos dijeron: Hagan lo que quieran, decidan ustedes. De hecho, mi hermano es un tipo con más fe. Yo no."

El caso es que con el grupo ocasional de la iglesia empezó a disfrutar de la actuación y de todo lo que había detrás de ese universo. Un chico del grupo fue el que le recomendó sumarse a la escuela de Héctor Bidonde. Tenía 15 años y dos más tarde surgió la posibilidad de participar en una obra. "Me dijo si quería hacer una prueba. Todo se fue dando. Como empecé a actuar me costó mucho poder terminar el Bellas Artes. El último año lo repetí varias veces, porque me quedaba libre."

¿Te hacés tiempo para dibujar y pintar?

Hubo un tiempo que sí, pero la verdad es que ya no. Uno pierde el training. Santi dibuja muy bien. Hago grandes esfuerzos por no volverlo loco, nunca lo estimulé de más y estoy contento por eso. Reconoce a un Van Gogh porque le mostré las pinturas como un juego. Hace unas caras increíbles, con detalles. También se engancha con los monigotes. Cuando se pone en vago y le digo: Che, por qué no hacés bien esta carita, me responde: Papá , es un Playmobil.

Veinte años pasaron de El amor es más fuerte del Tanguito de Marcelo Piñeyro que fue hito en el cine nacional. "Pensar en Tango feroz es rarísimo. Siento que fue en otra vida."

De la noche a la mañana pasaste a ser uno de los actores más buscados. Eras una especie de ídolo adolescente.

Fue una locura, pero supe mantener los pies sobre la tierra, quizá lo pude hacer porque yo ya venía trabajando, tenía cierto Norte y estaba rodeado de gente que me cuidaba.

Hace poco se estrenó la obra de teatro inspirada en la película [ahora de gira por el interior del país]. ¿Fuiste a verla?

Sí, me invitaron. Fue un viaje raro, porque están incluidas escenas que nosotros habíamos filmado y que no quedaron en la película. Éramos tan jóvenes... La verdad es que fue muy interesente verla. Y mirá las vueltas de la vida: estoy por hacer un corto sobre Malvinas con Juan Pablo Laplace, que dirigió la miniserie Perfidia. Él hacia la claqueta en Tango feroz.

¿Recordaron viejas épocas?

Y sí, el otro día nos encontramos para ensayar y nos pasamos hablando de Tango, de los días de rodaje, de los descontroles. Me dijo que tiene un VHS con la prueba que di para quedarme con el personaje. Estoy como loco, quiero ver ese material.

En un momento de El hijo de p… del sombrero, la pieza que actualmente protagoniza junto con Pablo Echarri y Nancy Dupláa, el personaje de Mirás dice algo así como que los verdaderos amigos son los de la infancia, no los que se hacen de grandes. "Es una frase de la obra que pega y a la que mucha gente hace referencia. Para mí, no es tan así. Es verdad que cuando tenés amigos de la infancia hay cierto código, un peso muy fuerte, una amistad muy pura. En mi caso no tengo tantos, quizá porque me mudé, no sigo en el barrio. Me acuerdo que en los ensayos de la obra hablamos de esto. Muchos estaban de acuerdo con esa idea.

Escribiste el thriller policial El testamento que ibas a protagonizar con Darío Grandinetti y quedó en stand by.

Dependíamos de una coproducción con España, veremos qué pasa en el futuro. Sigo escribiendo, siempre me gustó la dramaturgia como complemento de la actuación. Escribo un montón y lo disfruto mucho. De alguna manera, recuperé ciertos aspectos de la plástica, donde los tiempos son otros. Estoy un poco reacio a apurar el resultado de lo que escribo. Lo veo como una segunda vocación y no la quiero forzar.

¿Es bueno lo que escribís?

No escribo cosas raras.

¿Qué quiere decir eso?

Que son para todo público [se ríe], que no son herméticas. Los que me leyeron me dijeron que voy bien. Tengo cierta certeza de que estoy encaminado.

Dicen que con la ayuda de María Amelia mejoraste tu look.

Eso dicen, pero ustedes las mujeres suelen hacerlo, ¿no? La verdad es que no soy un tipo que le da mucha importancia a la ropa, pero ahora entiendo por qué. Hace poco mi hermano me hizo una prueba para saber si era daltónico y salió que soy medio daltónico... de ahí el problema para combinar los colores.

Hubo un tiempo que te confundían con Fabián Vena y hasta dabas autógrafos. ¿Te siguen confundiendo?

En realidad, hay una explicación para esto. Lo que la gente confunde es el nombre. Es fácil ir de Fernán a Fabián, y para colmo Fabián y yo somos del mismo palo, hicimos cosas muy similares. Es muy gracioso. Y no me pasa solamente a mí, a muchos actores se los confunden. A Roly Serrano le pasa con la Tota Santillán.

ALGO MUY PERSONAL

  • Fernán Gonzalo Mirás nació el 17 de julio de 1969. Creció en Floresta junto a sus dos hermanos, Diego y Paula.
  • Está casado con María Amelia, traductora de guiones y obras de teatro, con quien tiene tres hijos: Santiago (5) y los mellizos Sofía y Sebastián (1).
  • Estudió Bellas Artes y comenzó con la actuación en una Iglesia Metodista de Flores. Luego siguió con Héctor Bidonde. A los 17, años debutó al lado de Lito Cruz en la obra Cuba y su pequeño Teddy.
  • En 1993 protagonizó Tango Feroz, la película de Marcelo Piñeyro que llevó al cine a más de 1,4 millones de espectadores.
  • Hizo de todo. En tele trabajó en La banda Golden Rocket, Chiquititas, Verano del 98, Vulnerables, Culpables, Rebelde way, Mujeres asesinas, Todos contra Juan, Para vestir santos y Tiempos compulsivos. En cine se lo pudo ver recientemente en Días de vinilo y Pensé que iba haber fiesta.
  • En teatro hizo Un Dios salvaje y La forma de las cosas, entre otras. Actualmente presenta en el Metropolitan El hijo de p... del sombrero, con dirección de Javier Daulte.
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