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Los grandes golpes de los más grandes

La infinita angustia de Independiente la sufrieron River en 2011, Racing, en 1983, y San Lorenzo, en 1981; de la desolación del descenso a la reconstrucción para volver
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16 de junio de 2013  

Sólo queda Boca. Aunque desde hace un buen tiempo, desde la conducción, desde el juego, desde su comportamiento, desde su barra brava, se ensaña en descubrir el mismo camino de la oscuridad. Está a tiempo. A tiempo de no caer en el vacío, en la angustia infinita que hoy se entromete en el cuerpo de Independiente, el tercer grande, por su historia, por los títulos locales, por las copas y por su gente. Queda sólo Boca de pie en primera, ya que sus colegas de aventuras cayeron alguna vez en la trampa del descenso. Uno tras otro, se rindieron de rodillas. Le pasó a San Lorenzo, primero. Le ocurrió a Racing, después. Le sucedió a River, largo, larguísimo tiempo más tarde. Resultó la verdadera caída del gigante.

El Monumental, el coloso escenario de grandes triunfos millonarios, fue la representación del día final. De los llantos a los destrozos, del dolor a la oscuridad sin principio ni final. Si parece que fue ayer, el 26 de junio de 2011. River cayó en la Promoción, dirigido por Juan José López, consecuencia directa del desbarranco deportivo y dirigencial largamente anunciado. "Lo van a salvar", decían, los que siempre dicen. "River no se puede ir", recitaban, los que siempre recitan. La Promoción no la esperó en la estación: la jugó contra un tren de frente y a toda velocidad. Belgrano, un rival limitado y optimista, tenía el cuchillo afilado. Y nada, pero nada que perder. Mansanelli, de penal y el Picante Pereyra decoraron el 2-0 del primer juego, con hinchas encapuchados provocando el terror de todos. El miedo del paraguayo Adalberto Román en particular. Ese 26, River creyó que con la enorme camiseta bastaba. Con Carrizo, empequeñecido luego de los grotescos contra Boca y San Lorenzo. Con Lamela, con Pavone. Ganaba 1 a 0, un tanto de Pavone. No le dieron un penal legítimo. Empató Farré. El artillero falló el disparo desde los 11 metros. El gigante, de pronto, desapareció. Núñez desapareció. A la distancia, la imagen resulta aterradora. Ya nada fue igual.

Se reconstruyó desde las cenizas. Con Cavenaghi, con el Chori Domínguez, con el apoyo incondicional de su público que recobró el sentido de pertenencia de un modo sensorial y recorrió el mundo del ascenso, impropio de su grandeza infinita. De punta a punta, con Matías Almeyda con su volátil conducción, recorrió el país. Se consagró campeón de la B Nacional, mezcla de ansiedad, celebración y respeto por lo que fue. Por lo que sigue siendo. Volvió a primera un año después. Un año de traumas, polémicas, derrotas impensadas y escenarios increíbles. Con David Trezeguet como estampilla goleadora, suerte de recuperación histórica.

El 15 de agosto de 1981 cae San Lorenzo, el primer grande
El 15 de agosto de 1981 cae San Lorenzo, el primer grande Fuente: LA NACION
Tiempo atrás, la desgracia deportiva tocó la puerta de Racing, el grande con menos títulos, con mayores dramas, aunque con una historia de fidelidad maravillosa. El 18 de diciembre de 1983, contra las cuerdas, Racing debía ganarle a su homónimo cordobés. El equipo que dirigía el gran Juan José Pizzuti ganaba 2 a 1, pero se desconcentró. Temperley, su rival para evitar el descenso en los nacientes promedios, ya le ganaba a River. La Araña Amuchástegui marcó el definitivo cuarto gol y, más allá del descuento (fue 4 a 3), en las tribunas la batalla campal era feroz. Resultó un escándalo. A poco del final, el árbitro Teodoro Nitti suspendió el encuentro: Racing viajó a la primera B. ¿Algo más? Sí, hubo más. En la última fecha visitó a Independiente, que le ganó por 2-0 y dio la vuelta en su cara . La vieja Academia, sin embargo, se reconstruyó. A paso firme, pero despacio. Porque estuvo dos campeonatos en la B. En el primero, perdió el reducido con Gimnasia LP (3-1 y 4-2). En el segundo, el 27 de diciembre de 1985, en la final del octogonal, le ganó 4 a 0 a Atlanta, luego empató 1 a 1 y volvió. Con el Coco Basile, con su ídolo, en el banco.

El primer grande en bancarrota había sido San Lorenzo. El Viejo Ciclón ya no tenía el Gasómetro y se desangraba por dentro y por fuera. El sábado 15 de agosto de 1981, en la cancha de Ferro, chocó contra Argentinos. Con un empate, seguía en la máxima categoría. Como Sarmiento goleó a Colón por 3-0, el otro descenso era para San Lorenzo (28 puntos) o Argentinos (27). ¡Penal para San Lorenzo! El arquero Mario Alles le contuvo el disparo a Eduardo Emilio Delgado. También el rebote. ¡Penal para Argentinos! Carlos Horacio Salinas, el Loco, no falló. ¡"San Loreeeee!", entonó, interminable, una multitud, con pañuelos blancos. Una temporada después, en una auténtica revolución, con récord para las boleterías de aquellos años, anduvo por Ferro, por River, por Vélez, por Atlanta, por Boca... Y volvió campeón. Un 1-0 a El Porvenir, un tanto del Gallego Insúa, de penal, (un hijo pródigo, igual que el Gordo Rinaldi), y la fiesta interminable en Liniers. El precipicio lo hizo más grande.

La gloria y el barro

Juan Carlos Lorenzo (San Lorenzo), Juan José Pizzuti (Racing), Jota Jota López (River) y Miguel Brindisi (Independiente), los DT en los descensos de esos clubes, también fueron campeones allí.

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