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Heinze nunca tiembla: "Ya me siento campeón"

"El título va a llegar por el esfuerzo de todos los chicos", aseguró el zaguero de Newell’s, a los 35 años, un emblema del club; vivió un Día del Padre muy especial
Cristian Grosso
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17 de junio de 2013  

Para Jorge se trataba del "sol de la casa" o "el angelito". Muchos años después iban a conocerlo como el Gringo o el Sonry. Gabriel Iván Heinze era el menor entre Gustavo, Hernán y Sebastián, cuatro hermanos varones. Vergonzoso, educado, dócil. Un torito entrerriano que nunca se enfermaba ni traía problemas. Buen alumno de la escuela 105 Sagrado Corazón, en Crespo, donde su mamá, "Titina", era docente. Obsesivo, perfeccionista, desde chico iba a quedar en evidencia ese rasgo superador. A los cinco años, Gabriel comenzó a jugar en el club Cultural; su primer técnico, el Beto Gutiérrez, recuerda que llegaba antes que nadie y se iba más tarde que todos. Siempre encabezaba la fila. Y el mismo empeño le ponía al paddle, donde alcanzó a ganar hasta torneos regionales. Pero a los 12 años eligió el fútbol, especialmente porque se trataba del deporte que apasionaba a Jorge, su papá.

El lunes pasado, cuando Newell's apabulló 5-0 a Unión, en el Parque, Heinze hizo su primer gol en la máxima categoría. Recién ahora, claro, porque estuvo tantos años en el exterior. Miró al cielo y hacia allí fue la ofrenda. Era para Jorge, desde luego. Y ayer también. "Le dedico esta victoria a mi viejo que está en el cielo y hoy soy alguien gracias a él. Hoy más que nunca se lo quería regalar, como todos los chicos". Un Día del Padre muy especial, qué hubiese dado el Gringo porque Jorge lo viera así, al borde de un campeonato con su adorado Newell's. Padre e hijo tenían una relación muy estrecha. Gabriel lo admiró siempre y, con el tiempo, hasta lo empezó a imitar en reacciones, expresiones y conductas. Incluso hoy cita frases de su padre constantemente, y hasta el Gringo reta a sus hijos como de pequeño Jorge lo hacía con él.

Toda la jornada de ayer fue intensa para Gabriel. Estaba muy emocionado. Conmovido. Encendido. Entonces tomó impulso y no dudó: "Yo ya me siento campeón, no sé por qué, pero lo siento, va a llegar. Me siento campeón por el esfuerzo de todos los chicos, que vienen peleando muchas cosas en tres competiciones a la vez", sorprendió el Gringo en declaraciones frente a la TV pública, minutos después de la goleada 3 a 0 ante Unión.

"Ganamos en una cancha muy difícil, con un partido bárbaro y mucha solidaridad. Me siento campeón por eso", argumentó el Gringo. Y agregó con esa personalidad que jamás maquilla, ni dentro ni fuera del campo de juego: "Es cierto que falta matemáticamente, pero no me interesa. Las cosas que siento las digo y sé que voy a levantar el título".

Hace justo un año, a mediados de 2012, volvió Heinze a Newell's. Se había ido en 1997, con apenas un puñado de partidos y varias cuentas por saldar. A los 35 años, parece haber llegado el momento. Valladolid, Sporting Lisboa, Paris Saint Germain, Manchester United, Real Madrid, Marsella y Roma. Ocho títulos y la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de 2004. Pero nada se puede comparar con este título...

Al Gringo se le terminará el contrato con el club rojinegro a fin de mes. ¿Qué hará? Él ya lo sabe, pero no quiere decirlo porque prefiere que nada desenfoque el único objetivo, que es el bien común del plantel. Las versiones van desde la renovación hasta el retiro. Ayer le preguntaron si tal vez había sido su último partido. "Puede ser, porque el próximo no lo juego", respondió. Es una verdad a medias. Sí es cierto que no estará ante Argentinos, en el cierre del torneo Final, porque llegó al límite de cinco tarjetas amarillas. Pero también se sabe que estará en las semifinales de la Copa Libertadores, el 3 y el 10 de julio, ante Atlético Mineiro, aunque su vínculo haya terminado. Y, por supuesto, en las hipotéticas finales.

De todos modos, sí podría haber sido la despedida en un encuentro por el torneo local. "Quiero disfrutar este momento, y si fue el último partido, ¿qué mejor que terminar de esta manera y poder ayudar a este club y regalarle un título? Y si sigo, lo haré luchando, pero sé que las fuerzas están cada vez más débiles y debo hacer cosas con gente a la que también le debo una vida", relató con el corazón en la mano.

Él no disimula nada. De una franqueza imperturbable, algunos se espantan con su carácter de hierro. "Sonry" es el apodo desde su infancia y responde a su buen humor. Sólo que él se lo reserva para quien quiere, no lo canjea con un periodista para recibir un mejor trato. "Ya me siento campeón. Y si me tildan de agrandado no me interesa porque tarde o temprano voy a levantar este título", cuenta. Si intuye algún interés rastrero detrás de una pregunta, al periodista es capaz de hacerlo sentir tan incómodo que la tensión se apodera del lugar.

El 30 de marzo de 2004 Gabriel jugó su primer partido con la camiseta de la selección en la Argentina. Fue victoria por 1 a 0 ante Ecuador, con Jorge mirándolo orgulloso desde la platea del estadio Monumental. Después, juntos se dirigieron hacia el aeropuerto de Ezeiza. Nadie sabe exactamente por qué, pero ese abrazo resultó conmovedor. Gabriel se embarcó rumbo a París, porque todavía jugaba en PSG, y Jorge siguió en su auto para Crespo, el rincón entrerriano más querido por la familia Heinze. Se acostó, revivió cada instante con su hijo, cerró lentamente los ojos y se durmió en paz. Para siempre. Pero Gabriel dice que su viejo no se fue; siente que desde entonces su corazón late más fuerte. Que late por dos. Sin dudas ayer fue un Día del Padre muy especial.

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