Palmero: "Será un presidente brillante"

Recuerdo: La Nación dialogó con el ministro del Interior de Illia, quien llevó a De la Rúa a trabajar como jefe de su gabinete de asesores, entre 1963 y 1966.
Jorge Rouillon
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30 de octubre de 1999  

A los 96 años, Juan Palmero, ministro del Interior del gobierno de Arturo Illia, se manifiesta muy contento por la elección de Fernando de la Rúa, que fue el joven jefe de su gabinete de asesores entre 1963 y 1966.

"Será un brillante presidente. El pueblo argentino puede estar confiado y tranquilo, porque se encuentra en las mejores manos para conducir el gobierno en momentos de gran racionalidad política", aseguró a La Nación .

Palmero sigue yendo a su estudio jurídico, que atienden su hijo Juan Carlos (fue secretario de Culto de Raúl Alfonsín) y sus nietos Juan Carlos, Gloria y Cristián. Se retiró hace tiempo, tras 53 años de ejercer la abogacía.

Lleva 66 años casado con Paradisa Dalle Mura; tienen seis hijos, 27 nietos y 19 bisnietos. Paradisa apunta que De la Rúa fue siempre el mejor alumno y que en el Liceo Militar lo eligieron "mejor compañero". El ex ministro de Illia administra su campo en Las Varillas, a 170 kilómetros de Córdoba, la ciudad donde vive. Lee los diarios y se mantiene al día. El siguiente fue el diálogo que mantuvo con La Nación .

-¿Cómo llegó De la Rúa a trabajar con usted en la Casa Rosada?

-Apenas asumí, en 1963, como ministro del Interior del presidente Illia se me planteó la necesidad de contar con una persona de extrema capacidad y confianza. Tenía por delante una difícil tarea en el terreno institucional y en el manejo de situaciones políticas que se producían a diario en una época histórica particularmente conflictiva.

En ese momento acababan de regresar de Italia mi hijo Juan Carlos y De la Rúa. Ambos habían obtenido una beca para realizar cursos de posgrado en la Universidad de Roma, en Derecho Civil y Derecho Procesal.

Fue entonces cuando Fernando decidió acompañarme. Con la familia De la Rúa existe una gran amistad, que se repite de generación en generación. Con Antonio, su padre, mientras él era ministro de Gobierno y yo senador provincial, colaboramos en esa histórica gestión de Amadeo Sabattini. Luego, fue interventor en Jujuy. Tuvo un papel destacable. Fernando fue compañero de Juan Carlos y amigo de mis otros hijos, lo mismo que su hermano, Jorge.

-Había una relación familiar... -Por esa amistad, me alegré sobremanera de que Fernando viniera a trabajar conmigo, como jefe de asesores. Fue mi mano derecha, la persona sobre la que apoyé toda mi confianza. Es un hombre honesto y está dotado de una extraordinaria capacidad y de una preparación técnica que le permitieron manejar, con notoria solvencia, los proyectos institucionales que debimos afrontar.

-¿Y los conflictos políticos?

-Tenía talento para resolverlos. Cada vez que era necesario actuar con sensatez, cuidado de una situación y agudeza política, yo acudía a Fernando, pese a su corta edad. Lamentablemente, el golpe institucional de 1966 interrumpió una carrera política en franco ascenso.

-¿Cómo lo veía entonces?

-Tenía una combinación de aptitudes muy difíciles de encontrar como la de ser, al mismo tiempo y con igual éxito, un hombre de pensamiento y de acción. Tuve en él la persona de consulta y el mediador de los conflictos más delicados. Si a todo esto se le agrega amistad, confianza, y honradez a toda prueba, se entiende mi satisfacción por dar este testimonio, que responde a la más estricta verdad.

-¿Cómo lo afectó la caída de Illia?

-La interrupción institucional de 1966 lo encontró en plena tarea y, lejos de amilanarlo o deprimirlo, produjo en su ánimo el efecto contrario, es decir, la firme convicción de dedicarse a la vida política en defensa de la democracia y del Estado de Derecho.

- ¿De la Rúa será un presidente en el que se puede confiar, como dijo quien fue su principal adversario, Eduardo Duhalde?

-Su preparación, experiencia y honestidad son la mejor garantía. Espero que Dios lo siga ayudando. Su elección como presidente es una de las alegrías más grandes de mi vida.

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