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Los riesgos del optimismo

Envalentonados por este sentimiento, muchas veces se distorsiona nuestro juicio sobre los acontecimientos de la vida cotidiana y se debilitan las decisiones que tomamos de manera racional
Cristian Batista
Marilen Stengel
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23 de junio de 2013  

El optimismo tiene muy buena prensa, y no es para menos. Las personas optimistas suelen ser las que más amigos tienen, las que más personas atraen en cualquier reunión. Y es, sin duda, un atributo del líder que convoca a la hora de llevar adelante cualquier proyecto, porque motiva y logra que las personas se enfoquen en la acción. Pero en el optimismo hay mucho más que lo que se ve a simple vista.

Proviene del latín optimum, que significa lo mejor, e implica tener una fuerte propensión a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más favorable, a pesar de los contratiempos que pudieran aparecer en el horizonte. Además, desde el punto de vista de la inteligencia emocional, es una actitud que impide caer o ayuda a salir de la apatía, la desesperación o la depresión frente a las adversidades. Mirar el lado luminoso de la vida es fuente de entusiasmo que impulsa la propia vida y la de otros. Sin embargo, ¿qué sería del optimismo sin su opuesto filosófico, el pesimismo?

Daniel Kahneman, primer y único psicólogo que en 2002 ganó el Premio Nobel de Economía por haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, ofrece una perspectiva absolutamente novedosa sobre el tema, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre. En su extraordinario libro Pensar rápido, pensar despacio, se detiene a analizar cómo el optimismo socava y debilita las decisiones que tomamos, supuestamente, de manera racional. Su principal aporte fue demostrar que aun cuando tratamos de decidir con la fría lógica racional, damos respuestas totalmente diferentes al mismo problema, si éste es planteado desde perspectivas diferentes, es decir, privilegiando una parte de la información por sobre otra, o viceversa. A lo largo de su extenso trabajo, Kahneman comenta los resultados de sus experiencias junto a su colega Amos Tversky, en los que cuestiona la confiabilidad básica de la razón humana y muestran cómo el exceso de optimismo tiene su origen tanto en los errores cognitivos individuales como en las presiones externas a las que estamos sujetos en mayor o menor medida. Veamos a continuación algunos de los factores que distorsionan nuestro juicio sobre los hechos y acontecimientos en la vida cotidiana y en el trabajo.

Errores que nos complican la vida

Uno de los errores más frecuentes que estos investigadores descubrieron es la humana tendencia a exagerar los talentos y habilidades. Aunque reconocerlo pueda resultar un tanto vergonzoso, existe una tendencia en la mayoría de las personas a creer que están por encima del promedio de su clase. Esta tendencia se da por lo que se llama un error de atribución. Ello significa que nos arrogamos los resultados positivos de una acción mientras que los resultados adversos se los adjudicamos a factores externos, independientemente de su verdadera causa. Por ejemplo, una persona que viaja de la ciudad de Buenos Aires a Rosario en dos horas y media respetando los límites de velocidad, atribuye la proeza a sus dotes de conducción y no a que ese día, en ese horario, las autopistas que tomó no tenían mayor tráfico. Lo mismo les sucede a los ejecutivos de las empresas que evalúan los resultados positivos alcanzados, explicándolos como la consecuencia de sus habilidades gerenciales y pocas veces, por ejemplo, relacionándolos con errores de la competencia o con la suerte que proporciona una coyuntura determinada.

La representatividad es otra fuente de error en la captación del mundo. Los casos más representativos son las historias más verosímiles, pero no las más probables, las más coherentes, las más posibles. La representatividad es engañosa debido a la confianza que genera la ilusión de validez que instala. Podemos ver cómo opera la representatividad en nuestras vidas en el ejemplo que el propio Kahneman presenta:

"Linda tiene 31 años, es soltera, extrovertida y muy brillante. Se especializó en Filosofía en la universidad. De estudiante le preocuparon mucho los asuntos de discriminación y justicia social, y también participó de manifestaciones antinucleares. ¿Cuál de estas definiciones tiene más probabilidad de ser cierta?

a. Linda es cajera de un banco.

b. Linda es cajera de un banco y activa militante del movimiento feminista".

Entre el 85 y 90% de los encuestados elige la segunda opción, ya que el feminismo parece más representativo de Linda que sólo ser cajera de banco. Pero un principio estadístico sostiene que es más probable que ocurra un evento a que dos acontecimientos sucedan juntos.

Otro factor distorsivo en el que el optimismo es un factor clave es la tendencia a exagerar el grado de control que podemos ejercer sobre los eventos, dejando de lado la intervención del azar. Este exceso de confianza nos lleva a creer que podremos evitar o superar cualquier contingencia que surja. Al hacer pronósticos sobre lo que va a ocurrir resulta muy fácil caer en la falacia de la planificación. En ella el problema radica en que tendemos a subestimar los tiempos, costos y riesgos para terminar las tareas de futuras acciones, y al mismo tiempo sobreestimamos los beneficios de acciones similares en lugar de ponderar los logros, las probabilidades y las pérdidas de un modo más realista. Lo dicho se relaciona, además, con el hecho de que los errores producidos por el exceso de optimismo pueden también proliferar debido a las limitaciones de la imaginación, al no tener en cuenta todas las secuencias de eventos que podrían retrasar o interferir un proyecto. Un ejemplo sencillo de esto puede hallarse en la decisión de encarar la renovación de un baño de la casa. Los presupuestos se hacen, los materiales se compran y la refacción se pone en marcha. pero una vez que se levantó el piso para cambiar los cerámicos, el plomero anuncia que desafortunadamente, al remover los cerámicos viejos se rompió un caño y que habrá que cambiarlo, lo cual implica un mayor desembolso de dinero y un atraso en la obra. El optimismo sin duda influye en nuestra imaginación. Si queremos mejorar nuestra casa, no pensaremos en todo lo que puede salir mal en el proceso, pero según Kahneman, ¡esa falta es un error que cuesta mucho dinero! El antídoto a todos estos errores está en el realismo.

Con los pies en la tierra

Si el optimismo nos lleva a tantos errores, ¿deberíamos entonces ser pesimistas? No es esto lo que proponemos, sin embargo, cuando las opiniones pesimistas son reprimidas por considerarlas como una deslealtad o como una falta de apoyo para un proyecto (ello vale para invertir en la compra de una empresa o en la renovación de la cocina), se debilita el pensamiento crítico. Por lo tanto, lo mejor es fomentar perspectivas alternativas a la propia y también adquirir una visión externa distinta a la que uno sostiene. Por ejemplo, aportar información estadística sobre casos semejantes. Todo el que haya hecho una refacción en su casa sabe que terminó pagando más que lo acordado en el presupuesto inicial. ¿Cuánto más? A partir de esta pregunta, podemos formulársela a amigos, arquitectos o expertos; el presupuesto original se acercará de manera más realista al costo final de la refacción en cuestión. Y esto que nos sucede en la vida cotidiana también ocurre en las grandes empresas. Como lo explican Dan Lovallo y Daniel Kahneman en su artículo La falsa ilusión del éxito: "Un estudio que llevó a cabo la Rand Corporation sobre 44 plantas procesadoras de productos químicos pertenecientes a empresas como 3M, DuPont y Texaco constató que, en promedio, el verdadero costo de construcción de las plantas fue mayor al doble de lo previsto por el cálculo inicial. Además, un año después de la puesta en marcha, alrededor de la mitad de las plantas operaba a menos del 75% de la capacidad de producción proyectada y la cuarta parte, a menos del 50%".

El desafío reside, pues, en seguir tomando del optimismo el entusiasmo y la perseverancia que les brinda a las personas cuando se enfrentan con situaciones difíciles y desafiantes, sin olvidar que una cuota de pensamiento crítico es indispensable para llegar al realismo tan necesario.

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