Molly Ringwald, la actriz que arruinó su carrera

En los 80, Molly Ringwald dejó su prometedora carrera en Hollywood para mudarse a Paris
En los 80, Molly Ringwald dejó su prometedora carrera en Hollywood para mudarse a Paris
Su nombre es clave para la cultura pop y marcó a fuego la década del 80, aunque rechazó papeles que podrían haberla lanzado al estrellato; conocé cuáles son
Milagros Amondaray
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18 de julio de 2013  • 00:00

¿Cuántos actores de Hollywood realmente tienen la necesidad de evadir el juego que les propone la industria y alejarse de todo lo que implique hacer lobby o ingresar en el terreno de la hipocresía? Probablemente no muchos, y es justamente esa minoría la que se divide, a su vez, en dos grupos: quienes logran mantener un nivel de fama a base de buenas actuaciones sin caer en la política del medio (Tilda Swinton, por mencionar un ejemplo) y quienes lamentablemente desaparecen del radar porque así lo buscaron, pero también porque Hollywood les dio la espalda. Molly Ringwald pertenecería al segundo caso. Si su carrera se vio afectada o "arruinada" para los parámetros de una industria tan voraz como lapidaria, fue porque conscientemente decidió no hacer de su profesión algo estridente. Su carrera jamás la definió, con todo lo bueno y lo malo que le trajo ese hecho puntual. "Hollywood nunca fue demasiado importante para mí, nunca tuve esa ambición que tienen la mayoría de los actores, y sigo sin tenerla. Amo lo que hago, amo los rodajes, pero no estoy interesada ni en los juegos ni en el costado político del sistema", declaró la actriz.

Los ochenta se visten de rosa

Molly, en La chica de rosa
Molly, en La chica de rosa

Hollywood fue importante para Ringwald cuando John Hughes encontró en ella a la joven ideal para personificar toda esa mezcla de rareza, inconformismo, aislamiento, incomprensión y vulnerabilidad que trae aparejada la adolescencia. Si bien la actriz ya había debutado en cine de la mano de Paul Mazursky en Tempest ("Una de las mejores experiencias de mi carrera fue haber trabajado con Gena Rowlands", aseguró), su año clave fue 1984. ¿La película? Se busca novio . ¿El personaje? Samantha, una joven cuya familia olvida su cumpleaños y quien está enamorada de Jake, el chico más popular del colegio. Es decir, la premisa del cine de John Hughes por excelencia: la chica algo nerd que no se cree lo suficientemente interesante como para atraer la atención del objeto de su afecto, pero que sí es cortejada por otro chico algo nerd quien tampoco se cree lo suficientemente interesante como para atraer la atención de ella. Con cierta ternura y fragilidad – dos cualidades que heredó Emma Stone y que se volvió notorio en el homenaje a John Hughes Se dice de mí -, Ringwald componía a la primera de las tres mujeres inolvidables no solo para su filmografía, no solo para el cine de los ochenta, sino también para un gran número de jóvenes que todavía hoy ven en ella a un referente incuestionable, especialmente por tantas escenas icónicas que los han marcado, como la conclusión de Se busca novio y ese "¿No quieres pedir un deseo? – No, porque ya se hizo realidad". "Es como una suerte de gigante amor colectivo no correspondido. Yo no estuve en la vida de esos adolescentes cuando organizaron su primera fiesta, o cuando tuvieron su primera cita, o cuando se dieron su primer beso. Sin embargo, de algún modo estuve y sigo estando conectada a sus vidas".

Molly en El club de los cinco

Nada más verdadero que esa declaración, sobre todo si recordamos El club de los cinco, la mejor película de Hughes y posiblemente la mejor en reflejar los estereotipos de la escuela secundaria gracias a su inteligencia para detonarlos con un final extraordinario, donde se esfuman las barreras y la "Princesa" puede fácilmente enamorarse del "Criminal". Ringwald misma lo reconoce: "Claire fue el mejor papel que hice. Hughes percibió algo de mí que yo no sabía que tenía, era un visionario en todo sentido". Tanto marcó El club de los cinco a la actriz que, cuando años después grabó un disco ( I Wanna Be Loved By You: Molly Sings ) haría un cover de "Don’t You (Forget About Me)", la canción de Simple Minds que cierra el film de Hughes. Pero la tríada no estaría completa sin Andie Walsh , la chica de rosa de la película homónima de Howard Deutch con guión de Hughes. Ringwald creerá que Claire es su mejor interpretación, pero me cuesta no contradecirla cuando recuerdo a Andie llorar en una charla con su padre, o entrando al baile de graduación con Duckie del brazo y ese vestido hecho con sus manos, o enfrentando los miedos de Blane. De hecho, la actriz se ríe de la popularidad que obtuvo gracias a ese papel asegurando que nunca viste de rosa en las entrevistas que se le hacen hoy en día ("ya hubo demasiado rosa en mi vida") y mostrándose consciente de lo que suscitó Andie en toda una generación de adolescentes que, aún en momentos de baja autoestima, pelean por lo que consideran justo ("Solo creo en la gente que cree en mí", dice en un momento su personaje): "Más lucho por las cosas que realmente me importan y menos pesado me resulta todo ese momento de popularidad -decía Ringwald- Creo que lo más fuerte es sentir que mucha gente tiene recuerdos ligados a mí".

No quiero ser una mujer bonita

Aunque triunfaba en el cine de los 80, Ringwald decidió dejarlo todo para formar una familia
Aunque triunfaba en el cine de los 80, Ringwald decidió dejarlo todo para formar una familia

Podemos retomar la pregunta del inicio ( "¿Cuántos actores de Hollywood realmente tienen la necesidad de evadir el juego que les propone la industria?") y responderla con dos anécdotas que cambiarían el curso de la carrera de Ringwald cuando se encontraba, a fines de los ochenta, en su instante de apogeo. La actriz rechazó dos papeles clave para mantenerse en ese juego: el de Vivian Ward en Mujer Bonita y el de Molly Jensen en Ghost, la sombra del amor. El resto es historia. Julia Roberts y Demi Moore trascendieron por esos personajes. Pero, ¿qué motivó a Ringwald a declinar dos oportunidades que la coronarían como reina de una nueva década? Una ciudad: Paris. Un impulso: aprender otro idioma, alejarse de Hollywood, vivir en un lugar completamente distinto al de su origen. En definitiva: lo que muchos jóvenes quieren hacer, pero no precisamente lo que haría una actriz famosa. A Molly, sin embargo, no le importaron las opiniones ajenas. "Es cierto que trabajé en Paris en algunas películas, pero fui por la ciudad, por la experiencia. Me enamoré ahí. Fue increíble. Aprendí francés, trabajé en ese idioma, pude viajar a otros lugares. Nunca había estado fuera del ojo de la tormenta, y quería saber qué se sentiría vivir sin depender de la construcción de una carrera. No estaba casada, estaba en mis veintipico y pensé que si había un momento para vivir en otro país, el momento era ese. Entonces lo hice".

Molly en la nueva serie The Secret Life of the American Teenager

La contrapartida fue no haber podido recuperar el nivel de fama que una vez tuvo, pero a Ringwald no pareció importarle. Formó una familia, tuvo tres hijos y escribió dos libros ( Getting The Pretty Back: Friendship, Family and Finding the Perfect Lipstick y When It Happens To You ), ambos trabajos de no-ficción con sendas anécdotas de su vida. Actualmente protagoniza la serie The Secret Life of the American Teenager , cuyo guión incluye algunas vivencias experimentadas por la actriz, quien interpreta a la madre de Amy (Shailene Woodley quien, paradójicamente, se está convirtiendo ella misma en ícono de películas adolescentes a la John Hughes como The Spectacular Now y la esperada The Fault in Our Stars ). Por lo tanto, si Ringwald perjudicó su carrera fue, en todo caso, por decisión propia, por no querer convertirse en una estrella y por explorar otros caminos. Sin embargo, el recuerdo de Samantha, Claire y Andie nunca se borra, como lo dijo una vez: "Estoy orgullosa de esos tres papeles. Mi hija de ocho años ya los conoce, ya mira esas películas, ya las está descubriendo. Me siento halagada de que signifiquen mucho para tantas personas. Es una parte de mi vida, y como tal, a veces están en mi presente".

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