Clarke

El malvinense de Boca que se enamoró de la Argentina
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3 de noviembre de 1999  

De Puerto Stanley a La Boca. El malvinense Martyn Clarke ancló el último 8 de agosto en el barrio de casas de chapa multicolor y veredas altas, las mismas que supieron caminar personas que son parte de la historia porteña, como Quinquela Martín o el diputado socialista Alfredo Palacios. Martyn continúa su travesía. Es uno más en la jungla de cemento de Buenos Aires. Recargó las baterías con la visita de su mamá, Julie, y le da rienda suelta a sus ilusiones.

"Yo me quiero quedar en Boca. Ese es mi deseo, pero no sé si me van a dejar..."

La charla continúa en el lobby del hotel Mayflowers, en la calle Paraná al 700. Sus palabras irradian cierta resignación. Martyn sufrió una distensión en el muslo de la pierna derecha y hace varios días que no pisa una cancha. La próxima semana será crucial para el joven malvinense: Boca decidirá su futuro. "Por lo que entendí, en esa reunión van a resolver sobre mi futuro y no creo que sea justo que me dejen ir. Yo sólo pido que me dejen recuperarme bien y jugar un par de partidos para ganar ritmo y demostrar quién soy realmente como jugador."

Martyn Clarke nació el 27 de abril de 1980 en Plymouth, Inglaterra, y se crió con una mirada diferente de la Argentina. Su padre, Robert Gilson, combatió en las Malvinas con la Marina Real inglesa. "El sí estuvo en la guerra, pero yo vivía en Plymouth. Ahora, su hogar está en Prince Town y es oficial de la prisión de Dartmoor. Hace dos años que no lo veo. Aquella vez, fui a Inglaterra y me quedé dos meses con él. Igual, sé que está contento con mi llegada a Boca."

El miércoles 11 de agosto último, expuso su piel blanca como la nieve de las Malvinas al sol de La Boca; y de un día para otro cumplió el sueño de muchos: entrenarse en el mismo lugar de los campeones. Las gracias se las debe a Esteban Cichello, un argentino que con pasaporte italiano ingresó en las Malvinas. Ahí nomás quedó encantado por el juego de Clarke y le ofreció traerlo a Boca.

"Para mí es un sueño estar acá.Me han tratado muy bien y cada día me enamoro más de la Argentina, sacando el día que fui a ver a Boca frente a Argentinos, en Ferro, donde me robaron la billetera."

De a poco aprende más sobre la vida criolla. Le llaman la atención las luces de la noche porteña; es un loco por los asados y las pizzas, "porque en las islas se come mucho pescado con papas fritas y carne de oveja", aclara. Es adicto al mate. "Julie ya se lleva 10 kilos de yerba porque en las Malvinas no hay ", aporta Cichello. Le encanta ir al cine y prefiere las salas del Village Recoleta o Cinemark, de Puerto Madero, y sus salidas suelen terminar en el bar irlandés The Kilkenny con sus nuevos amigos: Laura, Tucker, Andrés y Stuart. Ya no habla el idioma español con monosílabos, aunque los artículos aún le cuesta entenderlos, y además de su amistad con los muchachos de la pensión xeneize, está de novio con una joven de nuestro país.

"Las chicas argentinas me tratan muy bien. No me puedo quejar. Estoy saliendo con alguien, pero todavía no es formal", asegura. Su hermano, Dustin, de 21 años, se casará en febrero próximo, pero Martyn no quiere saber nada con ponerse el anillo. "Con un loco en la familia basta, ¿para qué queremos dos?" Atrás quedó la rutina de las Malvinas, su trabajo en la Municipalidad de Puerto Stanley, como empleado de mantenimiento; también su tiempo libre, tocando la guitarra eléctrica o jugando con su perro, Kim; jugar a los dardos con su amigo Claudio Ross; manejar la moto Suzuki de su hermano, pero de a poco se acostumbró al ritmo de cumbia de la pensión. "Yo me inclino más por Nirvana o Perl Jam, pero bueno... Ahora, también me gusta el tango."

El joven malvinense fue seducido por el baile tanguero y cuando tiene tiempo no pierde la ocasión para ir al barrio de Boedo. "Me gusta mucho ir a ver el espectáculo, pero me gustaría más si pudiera bailar tango. Todavía no puedo entender cómo una mujer puede mover su cuerpo de tal manera. Es un baile sexy", opina.

El papel más duro para Martyn es separarse de su familia. Por suerte, gracias a que la empresa Isenbeck invitó a Julie a la Argentina para cerrar el primer contrato comercial entre las islas y nuestro país -le proveerá cerveza para su pub, The Globe-, disfrutó un poco de la compañía de su madre.

"Es duro separarse de los seres queridos. También extraño a Dayne Lucas, mi sobrino de 11 meses. Pero yo elegí venir y de la Argentina no me mueve nadie."

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