Pasos ante un cambio mundial

El estancamiento del sistema multilateral promueve diálogos bilaterales; qué debe hacer el bloque regional; la postura empresaria de Brasil
Felix Peña
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9 de julio de 2013  

Al menos en tres planos se observan cambios que señalan un nuevo contexto para la inserción comercial externa de los países del Mercosur. Los tres están vinculados, se condicionan entre sí y aun no han madurado lo suficiente.

El primero es el del sistema comercial multilateral institucionalizado en la OMC. El estancamiento de la Rueda Doha evidencia dificultades en relación a una de sus funciones principales: la de facilitar negociaciones comerciales entre sus miembros. Estaría alimentando tendencias a fugas hacia vías alternativas para profundizar los compromisos asumidos hasta el presente. O al menos serviría para justificar tales fugas. Se traducen en iniciativas que pueden fragmentar y quebrar el sistema, erosionando la eficacia de otras funciones, como la de solución de diferendos.

Un segundo plano es el de las negociaciones de megaacuerdos comerciales preferenciales, incluso de alcance interregional. Son las del Trans-Pacific Partnership (TPP), del Transatlantic Trade and Investment Partnership (Tatip), y del Regional Comprehensive Economic Partnership (Recep). En su conjunto cubrirían con reglas preferenciales -no necesariamente extensibles a otros países- una parte sustancial de la población, del producto bruto y del comercio mundial. Difícil prever aún si tales negociaciones culminarán en acuerdos firmados y ratificados por los países participantes. Si lo fueren, podrían producir dos tipos de resultados. Incluso pueden ser secuenciales. Uno sería un fuerte vaciamiento del sistema multilateral con las consecuencias que puede tener en términos de erosión de una institución relevante para la gobernanza global. El otro sería que esos acuerdos deriven en estándares de compromisos que luego serían extendidos al plano multilateral. En la práctica implicarían marginar países que no participan en esos acuerdos en el proceso de definición de reglas e instituciones que en el futuro regularán el comercio mundial. Difícil que los excluidos lo acepten pasivamente quedar al margen así.

Y el tercero es el de las múltiples modalidades de encadenamientos productivos transnacionales con alcance global y, a veces, sólo regional o interregional. La diplomacia comercial actual las encapsula en el concepto de cadenas globales de valor. A veces son el resultado de cómo las grandes empresas transnacionales fragmentan en distintos países su producción. Pero también resultan de la articulación transfronteriza de grupos de empresas -muchas veces pymes- con nichos de especialización y con fuerte potencial de complementación.

Los tres planos han tenido claras repercusiones en nuestra región. Por un lado, por los avances -cuyo alcance aun es difícil de precisar- que se estarían produciendo en el desarrollo de la Alianza del Pacífico. Por otro lado, en el debate que se está instalando en países del Mercosur sobre cómo encarar las nuevas realidades del comercio y de las negociaciones internacionales.

En tal sentido, tres informes recientes de entidades empresarias abordan en la perspectiva del Brasil los desafíos que se confrontan. Por sus alcances requerirían la atención de los empresarios argentinos. Dos de ellos son del IEDI que agrupa a las principales empresas brasileñas. Uno trata el impacto que tendrían los nuevos acuerdos en las estrategias comerciales del Brasil . El otro se refiere a la participación brasileña en las cadenas globales de valor . El tercer informe es de la Fiesp y plantea una agenda de integración externa

De los tres surge la percepción de riesgos de aislamiento de la economía brasileña en un nuevo contexto mundial. No se cuestiona al Mercosur. Se recuerda que el 84% de lo que Brasil envía a la región son manufacturas. Sus exportaciones a la región duplican las destinadas a la suma de los mercados de Europa, Estados Unidos y China. Pero sí se plantea la necesidad de adaptarlo a las actuales realidades. El presidente José Mujica también reiteró su apoyo al concepto estratégico que nutre al Mercosur, pero bajo la necesidad de negociar juntos con terceros y de imaginarlo como una gran cadena transnacional de producción.

La Cumbre de Montevideo permitirá apreciar el impacto que las nuevas realidades del comercio mundial puedan producir en los métodos de integración regional que se empleen en el futuro. El estancamiento de la Rueda Doha, la proliferación de megaacuerdos preferenciales y el fenómeno de los encadenamientos productivos transnacionales, son otros tantos incentivos a repensar el cómo trabajar juntos en el marco de un Mercosur renovado.

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