Se cumplen dos años de la desaparición de María Cash

La joven diseñadora partió a Jujuy y nunca más se supo de ella; su familia ha dedicado los últimos 24 meses a buscarla
Sol Amaya
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8 de julio de 2013  • 14:54

 María Cash se comunicó por última vez con su familia el 8 de julio de 2011. Desde entonces, nadie supo nada más sobre su paradero. Su familia ha dedicado los últimos dos años a buscarla, pero hasta ahora no hay más que hipótesis que no llevan a ninguna parte.

La joven tenía 29 años cuando partió rumbo a Jujuy, el 4 de julio de 2011. Iba a vender ropa que ella misma había diseñado. No llegó hasta San Salvador, como había planeado. Se bajó unos 200 km antes, en Rosario de la Frontera. Luego llamó a su amigo Juan Pablo Dumon, quien le daría alojamiento en la capital jujeña, para explicarle que se había bajado del colectivo porque no se sintió cómoda.

Todos sus movimientos, los últimos de los que se tuvo noticia, fueron extraños y erráticos.

Con un boleto que le compró por Internet su amigo, viajó hasta Jujuy, a donde llegó en la madrugada del miércoles 6. Pidió cargar su celular en un taller mecánico. El dueño del lugar le prestó su teléfono. Habló con la hermana de Dumon, que le ofreció que se tomara un remise para ir hasta la casa. Pero María no fue allí, sino que se la vio en la entrada de Pampa Blanca haciendo dedo. Desde allí, llamó a su familia y les dijo que no estaba bien, que se había quedado sin plata.

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Pasadas las 23 horas de ese miércoles, la joven fue captada por las cámaras de un peaje de Aunor a 6 km de Salta. Sólo llevaba su mochila, ya no acarreaba la valija con la que había viajado desde Buenos Aires. Luego se supo que se presentó en un hospital y pidió que la atendieran, pero se fue antes de que el médico de turno la hiciera pasar. Se comprobó que se trataba de ella porque tuvo que dar su número de DNI en la recepción.

El viernes 8 se comunicó por última vez con su familia, a través de un email. Sin esperar respuesta, se fue y comenzó a hacer dedo. Lo último que se sabe es que la levantó un transportista. Ella le pidió que la dejara frente al monumento de la Difunta Correa, sobre la ruta 34. Ahí es cuando se le pierde el rastro.

Federico Cash, padre de la joven, se convirtió en una especie de investigador privado. Dedica sus días, con la ayuda del resto de la familia, a recibir llamadas y mensajes de gente que dice haber visto a María, procesa la información y la envía a la Gendarmería. Desilusión tras desilusión, dolor tras dolor, los Cash no se dan por vencidos.

¿Hipótesis? Hay muchas y no se descarta ninguna. Que María fue víctima de una red de trata, que su salud mental no estaba bien y se encuentra en algún rincón del país sin recordar quién es ni de dónde viene, que fue víctima de alguna persona que aprovechó su estado, que se la llevaron de la Argentina…

Lo cierto es que ya pasaron dos años y no se supo nada más de ella.

En febrero de 2012, se ofreció una recompensa de 200.000 pesos para quien pudiera dar información que ayudara a encontrarla. En abril de este año, el monto fue duplicado.

Su familia no pierde la esperanza, pero hasta el momento no se ha logrado dar con ninguna pista firme de lo que pudo haberle sucedido a la joven para, tras un comportamiento errático de varios días, desaparecer sin dejar rastro.

Para aportar información que pueda ayudar a dar con el paradero de María Cash, hay que comunicarse al teléfono del Programa Nacional de Coordinación para la Búsqueda de Personas Ordenada por la Justicia al (011) 5300-4020.



Su familia solicita que si ven a una persona que podría ser María, envíen una foto a buscamosamariacash@hotmail.com

Por: Sol Amaya

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