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Operar desde el interior

El costo del flete no es la única barrera para el comercio exterior desde las provincias, que también sufren depósitos insuficientes y trámites centralizados
Martín Clement
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16 de julio de 2013  

El comercio exterior se vive de manera muy distinta en distintos puntos del país. Quizá lo primero que se piensa cuando se habla del interior es la distancia a los principales puertos marítimos los que dan la posibilidad de acceder a mercados más grandes e interesantes. Estas distancias son ciertamente importantes. Por el lado del Atlántico, el valor de flete terrestre para posicionar un contenedor en una ciudad del oeste argentino y luego de vuelta al puerto de Buenos Aires puede valer hasta el triple del flete oceánico desde este último punto hasta el principal puerto de Brasil. Una vez ingresado en la terminal portuaria, éste podría ser escaneado y si eventualmente diera como resultado una imagen sospechosa, el exportador esperará ansioso -a miles de kilómetros de distancia- hasta tener la confirmación de que sólo se trató de una falsa alarma y que el contenedor será embarcado.

Del otro lado de la cordillera la situación no es muy distinta en cuanto a costos, aunque sí más previsible. Si bien las distancias físicas son más cortas, al transitar el camión por otro país los requisitos aduaneros, sanitarios y de transporte internacional encarecen el flete, sumados al desafío de las inclemencias climáticas.

Otro punto es la deficiente infraestructura de algunos depósitos fiscales, los lugares donde la Aduana posee mayores facultades de control sobre las operaciones de comercio exterior. Según las demandas, los depósitos suelen contar con ciertos servicios que no siempre son suficientes. Por ejemplo, la exportación de carga seca en contenedores usualmente requiere que éstos sean consolidados (acomodación, trincado y aislación de la carga) utilizando elementos y recursos especializados, lo que a veces implica que se realice en las mismas plantas elaboradoras o -en su defecto- en otros lugares que cuenten con la infraestructura requerida.

Por otro lado, en ciertos casos donde son varios los exportadores en un mismo contenedor, es necesario que dicha consolidación sea realizada dentro de los depósitos fiscales que deberían contar, en estos casos, con espacio de galpón suficiente para la cantidad de cargas que van a ser exportadas en la zona.

En 2012 se exportaron poco más de 2 millones de hectolitros de vino fraccionado, lo que equivale a más de 22 millones de cajas de 12 botellas. Un 80% fue para destinos de ultramar, a razón de casi 1400 contenedores de 20 pies por mes, los que en su mayoría se despachan por la aduana de Mendoza, que concentra más de la mitad de las operaciones totales.

Es decir que para dimensionar la capacidad total de galpón en esta aduana, sólo para la exportación de vino en botellas, debería pensarse en un volumen diario no menor a 35 TEU. Una parte de esta carga es la que debería ingresar en el depósito fiscal para ser verificada y luego consolidada.

Por eso es necesario que aquellas ciudades fronterizas que pretendan convertirse en verdaderos polos logísticos hagan un correcto análisis considerando todas las etapas logísticas, holguras, estacionalidades e imprevistos, para dotarlas de los servicios requeridos y dimensionar los espacios previendo las necesidades de la industria local y nacional para el mediano y largo plazo.

En tal sentido, es importante dotar a los depósitos fiscales de un polvorín para la verificación segura de explosivos, cámaras frigoríficas para la inspección de cargas refrigeradas de importación y exportación, tanques para almacenaje de aceites a granel y otras mercaderías líquidas, escáner permanente, etc. Esto sin mencionar aquella infraestructura indispensable para cualquier depósito fiscal, como grúas portacontenedores, autoelevadores, áreas de servicios como estacionamiento para camiones, almacenaje de contenedores, oficinas para despachantes, agentes de transporte aduanero y otros proveedores de servicios, comedor, banco, fotocopiadora, etc.

Centralismo

Por último, un tema que también aqueja a los operadores del interior es la aún persistente centralización en la Capital Federal de ciertos organismos gubernamentales. Entre ellos se encuentra la Secretaría de Comercio (para las DJAI, la seguridad eléctrica o de aceros o la importación temporaria), la Anmat (registro de productos alimenticios) y el Renar (explosivos) que pueden contar con oficinas en el interior, pero que no atienden todos los trámites requeridos por los interesados.

El comercio exterior es demandante y se vive de manera más intensa cuando no se dispone de los recursos y condiciones para encararlo de manera profesional, lo que a veces se agrava a medida que uno se aleja de las principales ciudades de nuestro país.

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