Bárcenas amenaza con revelar más secretos

En su declaración judicial, el ex tesorero del PP dijo que tenía más pruebas para aportar
Martín Rodríguez Yebra
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21 de julio de 2013  

MADRID.- Luis Bárcenas se sentó ante el juez Pablo Ruz rodeado de carpetas de colores, llenas de papeles envejecidos. Sacó del bolsillo un pendrive negro y lo puso sobre la mesa. "¿Ésta es toda la prueba que tiene para aportar?", preguntó el juez. Teatral, el ex tesorero del Partido Popular (PP) jugó al misterio. "Prácticamente todo, hay alguna cosa más."

Quienes presenciaron el lunes las cuatro horas de confesiones del hombre que hace tambalear al gobierno de Mariano Rajoy captaron el mensaje: salieron convencidos de que la venganza será en capítulos.

Lo que mostró hasta ahora llenó de evidencias el expediente judicial sobre uno de los mayores escándalos de corrupción en la España democrática. Las carpetas y el pendrive permiten encajar las piezas de un sistema de financiación ilegal sostenido durante 20 años, que se alimentó de dinero negro aportado por contratistas del Estado y que permitió pagarles sobresueldos a los líderes del partido.

"¿Dónde tenía todo eso?", le preguntó uno de los querellantes. "En mi casa", contestó, con una sonrisa, según el relato de tres participantes de la audiencia. Nadie, en cuatro años de investigación, ordenó allanar sus propiedades. Ni siquiera cuando la publicación en El País de los papeles con su contabilidad paralela abrió -a finales de enero- la crisis política que se agigantó desde que, al caer en prisión, el ex tesorero decidió confesar.

"Da la impresión de que el intento de chantaje continúa -dijo Enrique Santiago, abogado de la querella que forzó la apertura de la causa por la financiación ilegal-. Sospechamos que oculta más de lo que muestra."

Frente al juez, Bárcenas se mostró sereno. Respondió todas las preguntas. Pero seguía un guión: "Huyó de los delitos graves, como el cohecho, cuidó a los empresarios y describió todo como un sistema preexistente que él se encargó de continuar", añadió Antonio Segura, otro de los querellantes.

Contó que, cuando desembarcó en la sede nacional del PP como gerente financiero, su antecesor le dejó un sobre con el saldo de caja en billetes de 10.000 pesetas y le explicó el sistema de financiación.

Entre las reglas figuraba pagarles el sobre mensual al secretario general y a todos los vicesecretarios del partido. El dinero salía de los aportes que llevaban empresarios a su despacho de la sede nacional del PP. En tribunales no repitió lo que había dicho al diario El Mundo: que después el partido compensaba a los donantes con contratos públicos.

"Venían con valijas o bolsos. Yo registraba el aporte y lo guardaba en la caja fuerte. Por cortesía, no lo contaba delante de ellos", declaró. La misma "cortesía" por la cual no hacía firmar recibos a los dirigentes por los sobresueldos. "Hubiera sido de mal gusto", añadió.

"¿Qué hacía cuando le faltaba dinero para pagar?", le preguntó una de las querellas. Y él: "Nunca faltaba".

El material que entregó Bárcenas a la Justicia refleja que el PP manejó 8,5 millones de euros en negro durante su gestión, primero como gerente financiero y luego como tesorero (cargo al que lo ascendió Rajoy en 2008).

Sin embargo, a Bárcenas le descubrieron 48 millones de euros en Suiza y se sospecha que tiene más cuentas en Uruguay, Estados Unidos, Bermudas y Alemania.

"¿Es posible que se haya quedado para él casi seis veces más que lo que recaudó para el partido? ¿Serán de él esas cuentas o se trata de las «reservas» del PP?", indaga Santiago.

A Rajoy, Bárcenas lo implicó en la trama desde varios costados. Confirmó que cobraba sobresueldos desde los 90 y lo involucró con un supuesto aporte irregular de la constructora OHL para la campaña presidencial de 2011. Filtró constancias de pagos exorbitantes en negro al consultor Pedro Arriola, el gurú político del presidente. Y buscó salpicar en una presunta coima a la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal.

En cambio, fue cuidadoso al hablar de los empresarios y se mostró olvidadizo cuando aseguró desconocer quién era la persona que figuraba como "JM" en los cuadernos en los que anotaba los sobresueldos. "¿Es José María Aznar?", le preguntaron. "No lo recuerdo", se excusó.

Un tramo delicado fue cuando denunció presiones de un abogado que había ido a visitarlo a la cárcel en nombre del gobierno para que desistiera de declarar. "Me dijo que si hablaba, me esperaba una larga estancia en prisión a mí y a mi esposa. Si callaba, en septiembre declaraban la nulidad del caso, me daban 500.000 euros y podría retener el 25% del saldo de las cuentas en Suiza", relató.

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