"Tender puentes es un arte poco conocido en la izquierda militante"

La escritora colombiana habla de su novela Hot sur, centrada en la utopía migratoria de los latinoamericanos que sueñan con una vida mejor en Estados Unidos, y analiza las nuevas formas de participación política que atraen a los jóvenes
Natalia Gelós
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26 de julio de 2013  

La colombiana Laura Restrepo, que recientemente visitó Buenos Aires, emana serenidad. Fue docente, periodista, militante, y en su país participó de los procesos de negociación con la guerrilla en la década de 1980. A los 36 años escribió el primero de sus trece libros, entre novelas, cuentos infantiles, relatos y no ficción. Su última novela, Hot sur (Planeta) es un thriller dentro del mundo de los inmigrantes latinos que van hacia Estados Unidos con una esperanza obstinada que, de a poco, comienza a ensuciarse. Como siempre, ahí están los personajes femeninos, esas mujeres bravas, como María Paz. Personajes que hablan fuerte, bien delimitados, y ante los que ella elige apaciguar su propia voz narrativa, porque les da vida y luego los deja actuar.

–¿Cómo nacen los personajes de Hot sur?

–Sobre las tres primeras mujeres, las que arman el triángulo básico de esta novela, Bolivia, que cree que América es el paraíso y logra traer a sus hijas, Violeta y María Paz, hay algo publicado; un relato sobre ellas en un libro de Unicef que se llamaba Los otros niños. Los otros personajes se fueron añadiendo por el camino. Por ejemplo, Ian Rose, que va estructurando la novela y va recogiendo la información, empezó siendo un escritor, pero eso no funcionaba ¿Qué escritor se iba a meter a recorrer Estados Unidos con una muchacha latina en estas circunstancias? Y era un problema, porque el personaje que cohesionaba todo no me funcionaba. Hasta que opté por juntar dos personajes y crear al padre de un muchacho asesinado, que quiere recuperar la memoria de su hijo muerto. Ese personaje sí estaba obsesionado y podía juntarse con María Paz.

–¿Cómo resolvió esos problemas?

–Tomó meses. Por poco se muere la novela por ese Ian Rose que no funcionaba. Me implicó reescribir un montón. Había que darle un vuelco enorme. Me fui de vacaciones y volví con nuevos bríos para hacer ese cambio por uno que sí funcionaba, que tenía una resonancia, que iba tras algo suficientemente serio para montar esta aventura.

–Sus mujeres son complejas. No las juzga ni las victimiza ¿Se plantea construirlas desde una perspectiva de género?

–En la medida en que quieres hacer una tesis la parte literaria se resiente. No puedes demostrar nada. Es mucho más importante que los personajes tengan autonomía para ir diciéndote por dónde van ellos. Si María Paz fuera un personaje de tesis que claramente rechaza la violencia contra la mujer, sacaría a patadas al novio "tinieblo" y se quedaría con el novio que es buena persona y no es machista, pero no, no puede, porque María Paz tiene sus dudas.

¿Hot sur habla de la rotura de los sueños, de esa América ideal, que en realidad es un espejismo. ¿Usted vivió algún momento en el que cayeron sus certezas?

–Sigo creyendo en todos los ideales en que creía de joven, pero esa forma de decirlo desde una militancia de hueso colorado sí se derrumbó. Sigo creyendo que la izquierda es un camino a nuevas modalidades de convivencia que no sean el capitalismo. Pero había ciertas cosas muy de cartilla que en determinado momento dices: "Uy, Dios mío, qué paliza".

–¿En qué momento se dijo eso?

–Los hijos ayudan mucho, porque cuestionan lo que hicieron sus padres. Cuando de adolescentes te preguntan: "¿Qué es lo que hizo la generación de ustedes? ¿Ese cuento heroico de la clandestinidad para dónde fue?". Mi hijo es de izquierda también, pero me pedía que le mostrara la historia de carne y hueso. Creo que la juventud hoy se ha inventado unas formas de movilización mucho más ágiles, menos jerárquicas, más abiertas al debate. Supongo que en algún momento tendrán que buscar formas más ejecutivas también para que no se quede todo en el aire. Pero por lo menos hay procedimientos que son de libertad. Es absurdo estar convencido de que la libertad es un objetivo y tener una forma de comportamiento constreñida por una jerarquía y por una doctrina.

–No les tiene miedo a los grises. ¿Eso le generó soledades?

–El sectarismo genera soledades. Pienso que hay que tener principios. Uno no puede ser flexible con sus principios. Pero hay que tender puentes hacia todos lados. Para mí fue importante todo el proceso de negociación de paz en Colombia. Era la primera vez que se planteaba en América Latina. Y la idea de que se negocia con el adversario no es fácil. Tienes que darles una vuelta a todas las estructuras mentales de lado y lado. Por ejemplo, ricos colombianos que era difícil que pudieran negociar con la guerrilla, y también para la gente de izquierda, hablando con un empresario, con un militar, inclusive con un paramilitar. Porque la negociación fue ésa: tender lazos y llegar a ciertos acuerdos, obviamente sin ceder a tus principios. Tender puentes es un arte poco conocido en la izquierda militante de nuestros tiempos. Hoy en día, se polariza la gente en torno a figuras más que a programas de gobierno.

–¿Está de acuerdo con participar de mesas de escritoras?

–Por un lado, es horrible, ya lo sientes en el discurso, inclusive con gente que quiere tratarte bien pero dice: "Esta persona que se destaca en la literatura latinoamericana (primera subcategoría), entre las mujeres (segunda subcategoría)…". Eso obedece a prejuicios viejos. A eso contribuye un fenómeno de literatura para mujeres escrito por mujeres que es muy mala literatura. Eso también pasa y pesa, pero bueno, la hay masculina en montones de basura que circula por el mundo y sin embargo eso no pesa sobre la literatura de hombres. Pero, por otro lado, sí creo que hay una visión femenina que es muy interesante: la exploración de lo que es su naturaleza, su papel en el pasado, en el presente y el futuro. Una mesa de escritoras mujeres es tan lícita como una de biólogos. Discutir entre mujeres escritoras es delicioso.

–¿De qué manera se hace poderosa esa mirada?

–Es una mirada desde el cuerpo femenino. ¿Por qué es tan importante la figura de Frida Kahlo? Porque por primera vez el cuerpo femenino se abre en términos artísticos. Marcó una época: saca el dolor, la maternidad, la sexualidad. Es un territorio desconocido que se está abriendo. Incluso en la moral. Fíjate en las Cincuenta sombras de Grey. No la he leído, pero ¿qué tecla toca ahí? Quizá la pornografía light resulta de interés para algunas mujeres que nunca tuvieron la oportunidad de acercarse. Se necesitan transiciones. Esos millones de lectoras y lectores que antes no leían no es que dejaron de lado al Marqués de Sade y ahora están con las Cincuenta sombras de Grey.

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