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Fabio Kacero: "El otro día me senté sobre mis anteojos"

Un espacio experimental en busca de la entrevista soñada:el invitado se interroga y se fotografía
Silvana Moreno
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26 de julio de 2013  

Entre los sorprendentes méritos de Google y los efectos especiales de la realidad, el artista visual Fabio Kacero (y, últimamente, también escritor) se toma su tiempo para autorretratarse, interrogarse y mantener una conversación que nunca tendría con otro ser humano que no fuera él mismo.

-¿Qué fue lo último que buscó en Google?

-Recién estaba leyendo en una revista un artículo que mencionaba el complejo de Eróstrato y no sabía qué era, así que lo busqué. Tal parece, según Wikipedia, que el complejo se refiere al tipo que busca la fama a cualquier precio. Hubo una persona en el siglo IV a.C. llamada Eróstrato que intentó incendiar el templo de Artemisa en Éfeso y después dijo que lo había hecho sólo por la fama y por el placer que le daba oír su nombre.

-¿Lo sorprende?

-Lo que me sorprende no es Eróstrato (al fin y al cabo, con sólo prender la tele ya entramos como en una especie de Erostratósfera), sino el buscador de Google. No comprendo cómo puede buscar unas palabras entre las trillones que debe haber y las encuentre en, digamos, 0,7 segundos. Me imagino que si uno pudiera poner todas las palabras de Internet en una línea (con el tamaño de esta letra) saldría del sistema solar? ¿Habrá que decir entonces que el buscador ha superado la velocidad de la luz?

-Una línea continua de palabras atravesando los espacios siderales?

-Sí, de todas maneras, lo que provoca una herramienta como esa es que, en el cotejo con la realidad, lo real parezca más pobre.

-¿Cómo?

-Por las cosas que ahora vemos que faltan en nuestra vida cotidiana, como por ejemplo el buscador? Hace un tiempo estaba en una librería, abrí un libro en una página cualquiera y leí una frase que hizo que me comprara el libro. Al llegar a casa busqué la frase y creo que tardé más de diez minutos en encontrarla. Iba de acá para allá con mis ojos, volteando las páginas, y me sentí una antigualla.

-Francamente, me simpatizan más su gimnasia ocular y sus diez minutos que los 0,7 segundos.

- Le pongo un caso más grave: el otro día me senté sobre mis anteojos y al verlos ahí, irremediablemente aplastados, entre maldiciones, necesité con urgencia el comando undo de la computadora, que hubiera resuelto la situación al instante. Y no le tengo que aclarar que no había ningún comando disponible. Bueno, a la realidad le faltarán comandos, pero hay que reconocer que, al menos por ahora, tiene mucho mejores efectos especiales. El frío, los olores, la dureza de las cosas?, todo parece tan real.

-¿Y qué? ¿No es real? ¿Es imaginario acaso?

- No sé, pero justamente la frase que me llamó la atención del libro que me compré, y que tuve que localizar con el arcaico método del visteo , creo que tiene algo que ver con esta cuestión. Resultó ser una cita de William Blake; se la digo de memoria: "Lo que hoy es real alguna vez fue imaginario". Me pregunto si el hombre tal vez no se quedó corto.

-¿Corto?

- Podría haber escrito que lo real de hoy alguna vez fue un delirio.

-¿Tiene en mente algo en particular cuando dice eso?

- Podría ser un lugar... A ver si adivina.

-...

- Limita al norte con Bolivia y Paraguay, al este con Uruguay y el Atlántico... ¿Sigo?

-No hace falta, gracias.

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