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Francisco ante una multitud en Brasil: "Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo"

Ante más de dos millones de personas, el Papa presidió la vigilia de oración en las últimas horas de la Jornada Mundial de la Juventud en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro
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28 de julio de 2013  • 01:37

RIO DE JANEIRO.- Antes más de dos millones de personas que se concentran anoche en la playa de Copacabana para una vigilia de oración, el papa Francisco habló a los fieles congregados allí.

"Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo. Jueguen en su equipo y no sean cristianos a medio tiempo, almidonados, de fachada, sino auténticos", dijo enfáticamente el Papa ante una multitud que presencia las horas finales de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), en Río de Janeiro, Brasil.

Al presidir una impactante vigilia de oración en la playa de Copacabana ante más de 2 millones de jóvenes, el papa argentino Jorge Bergoglio hizo estas referencias futboleras ya que que -aseguró- "aquí en Brasil, como en otros países, el fútbol es una pasión nacional".

Antes del acto, el padre Lombardi afirmó que "hay dos millones de personas", que acamparán toda la noche sobre la arena, adonde el domingo el papa retornará para la misa de clausura de la JMJ.

Por tercer día consecutivo y despertando una vez más el fervor de la gente, recorrió en el "papamóvil" los cuatro kilómetros de la avenida Atlántica, a lo largo de la playa de Copacabana, donde más de un millón y medio de jóvenes se congrega para participar de la vigilia de oración de esta noche por la Jornada Mundial de la Juventud Río 2013.

Francisco aterrizó en el Fuerte de Copacabana y se trasladó en vehículo por las 40 cuadras que lo separan del enorme escenario montado sobre la playa, desde donde encabezará la vigilia y dará un mensaje a los jóvenes, que pernoctarán sobre la arena, a la espera de la misa de cierre del encuentro, prevista para mañana a las 10.

Mirarse al espejo

Por la mañana, Francisco, en una valoración inusualmente franca sobre la situación de la Iglesia Católica, afirmó que la institución debería mirarse al espejo y preguntarse porqué tantas personas están abandonando la fe de sus padres.

En el penúltimo día de su visita a Brasil, el pontífice argentino dio un largo discurso a los obispos del país con más católicos del mundo, sugiriendo algunos elementos para detener la deserción de fieles. "Quisiera que hoy nos preguntáramos todos: ¿Somos aún una Iglesia capaz de inflamar el corazón?", dijo en un discurso.

Francisco, que viajó esta semana a Río de Janeiro para un festival católico llamado la Jornada Mundial de la Juventud, aludió al "misterio difícil de quien abandona la Iglesia" porque creen que "ya no puede ofrecer algo significativo e importante". El secularismo y la agresiva expansión de los evangélicos han arrebatado muchos seguidores a la Iglesia Católica incluso en América Latina, la reserva espiritual del catoliciscmo con cuatro de cada seis fieles del planeta.

Una reliquia del pasado

El Papa reconoció que mucha gente ve a la Iglesia como "una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones", una institución -dijo- fría, autorreferencial y "prisionera de su propio lenguaje rígido". Francisco dijo que la Iglesia debe mantenerse fiel a su doctrina religiosa, pero debe acercarse más a la gente y sus problemas reales.

"Hoy hace falta una Iglesia capaz de acompañar, de ir más allá del mero escuchar. Una Iglesia que pueda descifrar esa noche que entraña la fuga de Jerusalén de tantos hermanos y hermanas. A veces perdemos a quienes no nos entienden porque hemos olvidado la sencillez, importando de fuera también una racionalidad ajena a nuestra gente", añadió.

En Brasil el número de católicos ha disminuido rápidamente a medida que la población rural se fue trasladando a las ciudades, donde prevalecen la cultura moderna del consumo y los cultos evangélicos. "Se necesita una Iglesia que también hoy pueda devolver la ciudadanía a tantos de sus hijos que caminan como en un éxodo", dijo Francisco a los obispos.

Más temprano, en la catedral de Río de Janeiro, el Papa instó a los religiosos a abandonar la comodidad de sus iglesias y aventurarse en los barrios pobres para estar cerca de quienes los necesitan. "No podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, cuando tantas personas están esperando el Evangelio", dijo.

Agencias Reuters, AFP y AP

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