Manning, el chico solitario y conflictivo que no toleró la guerra

John Broder
Ginger Thompson
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1 de agosto de 2013  

NUEVA YORK.- A principios de 2010, el soldado raso de 22 años Bradley Manning estaba en Irak. Sintiéndose solo y marginado, buscó consuelo en Internet, con la intención de compartir con el mundo lo que él consideraba como injustificables horrores de guerra, y esa decisión, según sus actuales fiscales militares, se convirtió en una de las mayores traiciones a la patria de la historia de Estados Unidos.

En el lapso de unos meses, fue arrestado por hacer público a través de WikiLeaks el mayor alijo de información gubernamental sensible desde los Papeles del Pentágono. El gobierno de su país lo llamó traidor, fue confinado 23 horas diarias a una diminuta celda, hasta que finalmente enfrentó la corte marcial en Maryland.

Mientras que los fiscales acusaron a Manning de ser un "anarquista" que se promociona a sí mismo y que no tiene nada del torturado hombre de principios que describen sus abogados, los defensores de Manning en todo el mundo lo celebran como un mártir de la libertad de expresión.

Pero el encendido lenguaje de ambos bandos tiende a eclipsar la historia humana. La del hijo de un hogar roto, de un adolescente acosado en la escuela por su conflictiva sexualidad y cuyos padres -un conservador soldado retirado y una irlandesa que nunca se adaptó a la vida en Oklahoma- hacían rebotar por todos los lugares a los que se mudaban y en los que nunca logró encajar.

Manning también era un marginado en el ejército, al que se unió con la esperanza de adquirir capacitación técnica y profesional, y que finalmente lo destinó a un puesto remoto en Bagdad, donde tuvo acceso a algunos de los mayores secretos militares y diplomáticos de su país. A principios de 2010, mientras hacía la mímica de las canciones de Lady Gaga con los labios, Manning fue descargando clandestinamente videos tomados por armas con cámaras, informes de batalla y decenas de miles de cables del Departamento de Estado.

Se contactó anónimamente con WikiLeaks para divulgar sus secretos, con la esperanza, como dijo ante el tribunal militar que lo condenó, de "encender una chispa de debate en el país sobre el rol de los militares y de la política exterior".

Manning sabía que estaba violando las leyes y normativas militares. En busca de una oreja afín, le confesó sus acciones y sus múltiples tormentos a Adrian Lamo, un avezado hacker que había conocido en una sala de chat. Lamo lo hizo hablar y luego lo delató a las autoridades.

En sus conversaciones, Manning decía haber visto cosas que lo perturbaban y que se sentía impotente al respecto. En una declaración ante la corte marcial, este año, Manning dijo haberse sentido perturbado por las imágenes tomadas desde un helicóptero Apache del ataque a una calle de Bagdad en julio de 2007, en el que murieron dos periodistas de Reuters y varios hombres más. Dijo que esas imágenes formaban parte de una serie de "videos de guerra cuasi pornográficos" que lo asquearon.

El video fue uno de los materiales que le suministró a WikiLeaks y que la organización divulgó sin identificar la fuente. Mientras el caso sigue suscitando una vorágine de debates e interrogantes sobre el secretismo gubernamental y el rol de los medios en la era de Internet, el proceder de Manning puede tener sus raíces tanto en la atormentada infancia del soldado como en sus ideas políticas.

Manning pasó gran parte de su infancia en soledad, jugando videojuegos o encorvado frente a una computadora, cuando vivía con su madre en Haverfordwest, Gales.

Allí, todo el mundo lo cargaba por sus modales norteamericanos, y empezó a portarse mal en el colegio. Su madre decidió enviarlo de vuelta a Oklahoma, donde, tras acalorados choques con su padre, terminó en la calle, viviendo en su auto.

Un día logró entrar en el ejército. Sus amigos dijeron en entrevistas que mientras estaba destinado en Fort Drum, Nueva York, conoció y se enamoró de un estudiante de la Universidad Brandeis, Tyler Watkins. Algunos de los amigos de Watkins pertenecían a la pujante comunidad de hackers del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Aunque en ese mundo Manning pareció prosperar, su carrera militar se vio manchada por arranques violentos. En Bagdad fue reprendido en dos oportunidades, una de ellas por agredir a un oficial.

Según sus amigos, la rebelión de Manning era silenciosa: usaba un colgante al cuello que decía "humanista" y en su escritorio tenía una varita mágica de cotillón. Y después, de repente, a fines de 2009 o principios de 2010, empezó a descargar decenas de miles de documentos secretos del gobierno.

En una decisión que resultó ser un error definitivo, Manning recurrió luego a Lamo. "No puedo creer lo que te estoy confesando", le escribió, tras haberle contado que había entregado alrededor de 260.000 cables diplomáticos a WikiLeaks. Lamo, luego de decirle que estaba "arrinconado éticamente", lo delató.

Manning aceptó con estoicismo las condiciones de su encarcelamiento -casi todo en celda de aislamiento-, aunque tanto el equipo legal de su defensa como Amnistía Internacional protestaron enérgicamente por el trato que recibe. En uno de sus chats con Lamo, Manning consideró la posibilidad de una vida tras las rejas. "No me importaría tanto ir preso por el resto de mi vida o que me ejecuten, si no fuera porque habrá fotos mías vestido de varón en todos los medios de prensa del mundo", le escribió.

Traducción de Jaime Arrambide

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